ACTO XVI

El Sábado arrancó soleado. A penas Ren recordaba haberse llevado todo desde el instituto, la noche anterior.
Las bromas de Nuria, respecto sobre sustraer una prenda femenina del armario revoloteaban por su cabeza.

Tarde recordó que en ese día hallarían la Mansión cerrada, y por consiguiente de igual manera la biblioteca. Pero la previsora Tina había tomado suficientes fotocopias para finalizar el trabajo práctico.

Ren despertaba mas tarde de lo normal y se disponía a preparar un café con leche. Aún siquiera se había vestido y los rayos solares ya iluminaban su torso desnudo.
Mientras el agua hervía en la caldera eléctrica, tomó el filtro para depositar las semillas molidas. El aroma por la mañana era sumamente tentador.
Oyó a su espalda el vibrador del celular, y al tiempo que depositaba una taza sobre la mesada fue a por éste.

Le invitaban a un nuevo grupo creado por Nuria.

«Has sido invitado al grupo de la mas bella. ¿Deseas confirmar?»

El aceptó y aunque ya todos programaban verse, el envió un mensaje.

¡Hola a todos! ¿Bella? ja ja. Creo que la mujer de mi jefe lleva ese nombre
¿Tienes alguna duda que yo no lo sea?

Respondió Nuria al instante.

Si quieren pueden venir a mi casa Retomaba Tiago la vieja conversación.

Ren fue por el café y lo sirvió en la taza, mientras el celular pasó a alojarse sobre la mesada de la cocina.

Hola Ren Escribió Alexa.

Azucaraba la bebida y al mismo tiempo revolvía con una cucharada, cuando de pronto su mirada se detuvo en aquél saludo. La azúcar se deslizó por la superficie y la conversación textual proseguía. Ren se quedó perplejo.

Era de imaginarse que Alexa estaría. ¿Qué es lo que a Ren habría producido?

Bebió un largo sorbo de su bebida, tras alojar la cuchara en el lava platos. Luego dejó el celular y fue a darse una ducha, mientras el vibrador resonaba de forma compulsiva.

Volveré a verte –

Murmuró bajo la cálida lluvia.

Los minutos pasaron y aunque cerrara las llaves podía oír la vibración del celular. Sabía que ellos seguían en plena comunicación.
Rápidamente se secó con la toalla y apresuró sus pasos para chequear los mensajes. El sonido de la humedad en sus pies al paso de los mosaicos graníticos era escandaloso.

Algún vecino se sorprendería en las paredes tan finas del departamento.

La conversación organizaba el horario de encuentro en un parque dentro de pocos minutos. El muchacho respondió y se dispuso a prepararse para ir.

– Hola Alexa ¿Cómo estás? –

Aprovechó lo que quedaba de tiempo para limpiar cubiertos y platos, luego de vestir una camisa celeste. Su madre solía decirle que aquél color conjugaba con el de sus ojos, y él sentía que era el momento propicio para hacerlo.
Pasaría la tarde con sus compañeros y quizás mas allá de eso. Calzó un jean en sus piernas, liberándose de la toalla y optó por unos calcetines finos además de los zapatos de cuerina.
Si bien podía refrescar mas tarde, pretendía ir lo suficiente cómodo sin ignorar el hecho de estar arreglado. Ya que no pensaba regresar, hasta pasada las horas de dormir.
Así ella no fuera, rechazaba ausentarse a la primer salida nocturna con sus compañeros.

Preparó su bolso, que ya poseía los utensilios, y le aventó el saco de algodón de Alexa sobre éste. El perfume débilmente revoloteaba por su habitación.
Tras exhalar la última bocanada de oxígeno, inspiró intentando calmar aquella ansiedad que le caracterizaba. Arremangó su camisa, tomó una chaqueta de su dormitorio que solo utilizaba en salidas nocturnas.

¿Cuándo existía la posibilidad de una salida verdad?

Y finalmente emprendió camino hacia el parque, que no se encontraba a demasiada distancia de él. Igualmente pretendía pasar por una panadería antes de dirigirse hacia allí.

Su celular había vibrado en simultaneas ocasiones y decidió revisarlo al encontrarse en la calle. El cielo destellaba alegría y luz; a penas la brisa resoplaba y las sombras helaban. Habían elegido un día ameno de reunión, como si el destino les guiara con optimismo al reencuentro.

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