ACTO XV

 

El anochecer se develaba con la fugaz luna llena a través de las alturas. La docente había programado un ejercicio para finalizar la semana. Y aunque al otro día Ren no trabajara, visitar la biblioteca del instituto en horas de la noche no le agradaba demasiado.
Si bien programaron completar la instancia en grupos, la mayoría había optado por suspenderlo para el día siguiente. Él había estado demasiado tiempo aguardando algo que no sucedería. La llegada de Alexa nunca se hizo visible.

Por otra parte, al momento de agruparse Nuria tomo voz e invitó al desconcertado Ren y la desconfiada Tina. Pero al ser de cuatro personas él nunca se percató de quien mas lo formaría.
Allí estaban en una mesada, cubierta de obras literarias sobre la autora y una hoja de borrador con las consignas remarcadas. Un alto armario de estantes yacía a espaldas de sus compañeras, con cientos de libros.

Tina enviaba mensajes de texto de forma compulsiva, mientras Nuria masticaba el capuchón de su birome y observaba fijamente al compañero. Un mechón de su cabello se desligó de entre su peinado y a poco lo colgaba ocultando uno de sus ojos.

Aprovechen el tiempo que les queda. No es suficiente Exclamó la bibliotecaria de mala gana.

Si ¡claro! Estamos ubicando a una compañera para empezar juntos Contestó Tina, mientras pulsaba los dígitos a prisa en el celular.

A saber como haría para oír, escribir y responder al mismo tiempo.

El resto de los grupos habían optado por retirarse y uno de sus compañeros completaba las preguntas por sí solo.
Ren le llamó de repente:

¡Hey! ¿Qué haces ahí solo? Ven

El muchacho de lentes le observó un momento y al instante siguiente prosiguió su lectura. Nuria no logró disimular la risa.

¡Bueno!, manos a la obra Exclamó Tina, al tiempo que apartaba el celular de su vista.

La simpática compañera se puso de pie y se encaminó hacia el solitario muchacho. No, sin antes guiñar un ojo al ignorado Ren.

Hola, ¿Tu eres Tiago verdad?

Él, que notaba su acercamiento, asintió con cierta timidez. Tina procedió a leer en voz alta las incógnitas, como si buscara que le oyeran desde la distancia. Mientras Ren leía, para sí mismo, los títulos de los libros que se hallaban sobre la mesada.

Hola Contestó Tiago, quien de pronto avanzaba hacia el grupo portando una mochila y un pesado abrigo.

Nuria le empujaba por la espalda con sus manos y sonreía pícara.

Únete y sálvame Murmuró Ren.

Tina alzó el ceño ante tal comentario y de pronto Ren advirtió que Nuria se sentaba junto a él, mientras Tiago se inclinó en frente, haciéndole cruz.

Ella no vendrá, pero completaremos una parte hoy y otra mañana Exclamó Tina.

¿Quién sería ella?

Parecía como si él nos hubiera oído tal consulta y al contemplar las consignas logró divisar el nombre «Alexa» entre los integrantes del grupo. Al final, añadieron a Tiago junto a ella.
Ren se mantuvo pensativo unos instantes, mas tarde, y comenzaron a resolver las preguntas. La bibliotecaria parecía haberse dormido en su escritorio.

Mira que darnos este trabajo cuando podríamos estar haciendo otra cosa Susurro Nuria esbozando una sonrisa.
¿Cómo qué? Pregunto Tina, al tiempo que subrayaba con un lápiz uno de los datos del libro.

Tiago escribía con su pluma y atendía la conversación.

Podríamos haber ido, no se, ¿salir?, ¿a beber algo?
¿Tu eres mayor?

Detenidamente Ren la miró y recordó que era la mas pequeña de sus compañeros.

Bueno no es como si existiese una edad que lo imponga. A parte…

De pronto Nuria tomó a Ren por el brazo y rió ante su incomprensión.

Puedo decir que voy con este viejo y él se haría responsable

Tiago y Tina echaron a reír, al tiempo que el otro amigo se señalaba.

Viejo yo?
Mas que yo… ¡Si! Susurró ella.

Bueno si acabamos con esto, mañana podemos ir a algún sitio Aclaró Tina.
Apuesto que el viejito se duerme, como la bibliotecaria
Ustedes si que se llevan bien Respondió Tiago mas animado.

Ren suspiró y Nuria soltó su brazo, tentada por la situación.

Las horas se hicieron demasiado cortas y los jóvenes prosiguieron sus trabajos, hasta optar por despedirse.
Habían planeado reencontrarse a la tarde siguiente para concertar la meta.
Allí quizás se sumaría Alexa y luego organizarían alguna salida nocturna

La noche yacía estrellada desde su ventana. Ren se encontraba, ya, recostado en su habitación. La luna se palpaba más hermosa que nunca.
De pronto, antes de cerrar sus ojos, encendió el celular.

Sus prendas y las de ella aguardaban en el sofá. El perfume aún permanecía latente en aquél nocturno lugar.

– Ren, disculpa por la hora. ¿Tu tienes mi abrigo? No lo hallé en el instituto. –

– Si, Alexa –

Respondió él hipnotizado por la loción, y al cerrar los ojos se durmió…

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