ACTO XII

 

Al llevar un nuevo día, Ren se encaminó hacia su trabajo.
La joven, que allí siempre le abría y desaparecía, le aguardaba en la puerta principal. Tras su llegada, le hizo un gesto de silencio y se encerró en las oficinas alternas.

El muchacho no comprendía que sucedía allí dentro, pero estaba cómodo.

¿De que ibas a quejarte no? Ya quisiéramos saber si al menos te llamarían para abonar tu sueldo.

Luego de superar el ingreso, se dirigió a su escritorio. En la repisa le esperaban numerosas carpetas.
Tras un largo suspiro encendió su Pc y al tiempo que se sentaba apoyó su celular en la mesada. Le observó de reojo y mientras el computador cargaba su pantalla de inicio, decidió tomarlo.

El último mensaje de la noche anterior, provenía de su compañera.

– ¿Ren te encuentras bien? Soy Alexa… –

¿O sea que no le había respondido? A saber que se cruzaría por su cabeza.

Él se tomó de la cabeza y dejó que la pantalla del aparato se oscureciera por si sola. Luego atendió el monitor plano y una publicidad le tomo por sorpresa.

Como si Internet pudiese reconocer sus sentimientos.

«…Cuando la oscuridad te prive de mirar, cuando ella no te haya dicho la verdad, aclárelo. Pruébese a si mismo. Use claridad y que las dudas se marchen, como las manchas ya lo han hecho…»

Claridad Murmuró por lo bajo, mientras arqueaba el ceño.

Internet es inteligente. ¿Cuándo dejarán de negadlo? O mas bien alguien advierte nuestras necesidades y ofrecen soluciones por medio del mercado. 
¿De veras se imaginan a un curioso atendiendo semejante novela, mas que yo?

Repentinamente un llamado suena en la sala. Ren ignora el monitor y atiende.

Bueno días. Estudio Contable
Hola. Yo necesitaría aclarar una duda Doctor

Ren volvió al alzar el ceño, como sí de pronto todo se conectara hacia dicha palabra. Aclarar.

Dígame. No soy el Doctor, pero le pasare el mensaje
No es esta la oficina del Contador Villegas?
Correcto señor, soy el empleado. ¿Qué es lo que necesita?

¡Crock!

El joven quedó estupefacto, cuando la comunicación se había cortado de repente.

¿Hola? ¡¿Hola?!

Aunque supiera que habían colgado, insistir al silencio era una buena forma de esquivar la culpa.
Deletreó la palabra «aclarar» y dejó el teléfono en su sitio, para luego regresar a su escritorio. Una vez allí recogió su celular y respondió a Alexa:

Hola. Disculpa por responder tan tarde. Estoy bien ¿y tú? Gracias por preocuparte

Dichas palabras no transparentaban nada, pero en él produjo una extraña satisfacción por el solo hecho de hacerlo.
Como si tal suceso renovara sus energías, emprendió el orden sobre la repisa y dedicó sus horas a la prolijidad.
Mientras armaba los estantes por orden alfabético, preparaba un café. El aroma perfumaba su aliento en la sala.

Quizás producto de la ansiedad necesitaba sentir su lengua ocupada, como así su olfato.

Al tiempo que se servía de una taza, su celular vibró produciendo un escandaloso ruido sobre el vidrio que portaba la mesada del escritorio.
Rápidamente lo quitó de allí, recordando que la joven le pidió silencio tras la bienvenida.

Que ironía, puesto que un llamado telefónico o un timbre incluso serían aún mas bochornosos que la vibración del celular.

Sin dudarlo más, Ren, bebió un sorbo del café y como si fuese a disfrutar de una película prestó atención al mensaje.
Toda la anticipación no sería mas que una falsa alarma. Debido a que se trataba de una información, sobre los posibles beneficios de contraer un mejor servicio de comunicación.

El muchacho hizo caso omiso y bebió un sorbo mas largo. Al término de saborearlo pensó que realmente ella le confería cierta ansiedad.
De alguna manera sentía la necesidad de hablarle, pero el hecho de haber tardado mas de una noche en contestar le hizo sentir culpable.

¡Hazlo y no lo pienses mas! Mientras mas lo memorices, peor será.

Como si pudiese comprender los pensamientos que ahondaban sobre él, ignoró el celular y tras beber otro sorbo prosiguió con sus labores.

Lo sabía… El nunca me tomaría en cuenta. ¿Podríamos a caso intervenir en su inconsciente, para que tome otra opción?

Sus tareas le ayudaron tras el paso del tiempo y en determinado momento el timbre llamó desde fuera de la sala. Al dirigirse hacia la puerta, inevitablemente su celular vibró.
A poco pretendía ignorar la primer llamada. Como si fuese parte del destino, la persona detrás de la puerta se disculpó sin mediar palabra y desapareció. Ren cerró la misma y antes de haber suspirado, siquiera, ya se hallaba tomando su celular.

¿Tanta ansiedad? ¿Tanta esperanza? ¿Qué respuesta esperaba recibir?

Al chequear su celular contuvo la respiración, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro y la incertidumbre se apoderaba de él.
Al instante de haberlo visto, sus ojos se desviaron excusando tal compromiso previo.

No es como si pudiésemos verte en la oficina Ren. Tranquilo, tus acciones quedarán en nuestra memoria y nadie dirá nada ¿Verdad?

Se trataba de un oportuno mensaje de Ger. Cuando menos sospechaba sobre sus noticias el se presentó.

¿Habría previsto esto Ger? ¿Cuál sería su mensaje?

«¡Hola Ren! ¿Cómo lo llevas? ¿Te ha gustado la carrera nueva? ¿Hallaste allí a tu alma gemela?»

Él arqueó las cejas tras leer las últimas palabras. Sin más optó por desactivar el vibrador y se dedicó a ordenar la repisa.

Pasadas las horas apagó su computador, lavó la taza en el lavamanos del baño. Cuando regresaba tomó una hoja de su agenda y tras arrancarla escribió en ella:

«Ya es hora»

Luego de marcharse hacia la calle notó la brisa soplando leve en su rostro, contrariamente al día anterior. Antes de emprender su retirada hacia el hogar, encendió su celular y halló un nuevo mensaje.

– Gracias por preocuparte también. Estaba trabajando. ¿A qué te dedicas Ren? –

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