ACTO VIII

 

Era una tarde inusual donde el día variaba sin siquiera predecirse lo venidero. Los operadores del clima tendrían algunas explicaciones que ofrecer al término del día. El frío colmaba ahora cada sitio y quienes imaginaban una tarde calurosa, se arrepentirían de no haber llevado algún abrigo más.
Normalmente en aquél pueblo el tiempo tomaba giros extraordinarios. La característica de templado lo presentaba como un balance de estaciones.

El segundo día había comenzado cuando la docente relataba un texto que producía alegría en los rostros de los estudiantes. A poco la triste perspectiva de la ventana se escondía ante los momentos vividos.

O mas bien la intención de esmerarse hacia lo positivo les provocaba ignorar la melancólica realidad.

En tal oportuno momento las incógnitas en Ren volvieron a escapar desde la intemperie.
Ella había llegado… Con su cabello recogido y aquél dulce perfume que pocos estarían dispuestos a rechazar. Pero por sobre todas las cosas ese vestido que la contenía…

Ren daba por sentado que se trataba de un delirio propio. Un espejismo basado en su ansiedad, puesto que ella se había desvanecido de la faz del planeta tras asistirle en aquella plaza concurrida por jóvenes fotógrafos. Pero ciertamente él olvidó ver a los lados. Era tal la prisa que supuso llegar después de la joven a clases.

Se equivocó, ella no solo apareció mas tarde sino que una campera de cuero abrigaba sus finos hombros. Y de pronto la vio tan cerca y con la mirada tan distante.

La clase proseguía, pero Ren se había estancado en aquél momento crucial del alma.

Hola Exclamó ella, desdibujando una sonrisa aunque su mirada estuviera perdida.

Apoyó sus útiles en la mesa, pero nunca se desligó de su celular. Aquellos dedos abrazaban sin respiro al mismo. Mas luego tomó asiento y Tina replicó a su saludo con ánimo.
Tardíamente Ren regresó de la estratosfera y sonriendo murmuró:

Hola Alexa. Gracias por ayudarme
Ah?

Sus ojos le observaron fijamente y los compañeros, desde los alrededores, advirtieron la profunda y confusa aura que emanaba de ambos. El muchacho creyó caer preso de su imaginación.

¿Era una coincidencia después de todo?

Él dirigió sus manos a uno de sus cuadernos y ella deslizó el dedo índice al frente.

Ah… Eso. Es que como hablaste así, sin más

¿Lo pensabas tanto Ren? ¿Vivías en un espiral de reencuentros?

Alexa no demoró en atender la clase, y como si de un Tic se tratase, llevó sus dedos a los labios esquivando el diálogo.
Él adhirió al suceso y al atender a la docente alertó su inesperada mirada.

Terminaste ya?

Todos le observaban de repente, tal espectáculo teatral. Ren palideció y viendo a un lado notó que su compañera chequeaba el celular.
Era inevitable no captar tanto encanto en su postura. Mientras investigaba el celular, uno de sus dedos se posó en sus labios. Tan inocente como natural, como si su propio cuerpo le invitara al silencio por medio de un acto reflejo.

Ren asintió tímidamente y la clase retomó su envolvente. Pero la extraña simbiosis al escuchar tal lectura se había perdido ya. Algunos compañeros optaron por el celular, otros por atisbar el silencioso atardecer y alguno más por dibujar. La docente incluso había perdido la fluidez de lo que leía.

Hasta las comas se tragaba, tal panecillo casero en hambruna insondable.

La joven dejó su celular sobre la mesa y el muchacho sintió tal efecto que desvió la mirada.
Una vez más, sus ojos se fusionaron. Como si se conocieran de toda la vida y estuviesen a punto de descubrirlo.

– Gracias –

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