Una dulce ancianita

 

El dinero es mío, dijo la dulce viejecita.

Explíqueme, respondió el Comisario.

Minutos antes un hombre corría hacia una camioneta cerca del puente. ¡Al fin!, dijo el ladrón. Había logrado robarle el dinero a Pepe, el traficante del barrio, y llevaba el paquete con su mano derecha.

Luego chocó con una viejecita, pero la quitó de su paso con un empujón. Un policía, alertado por la actitud sospechosa, lo detuvo.

El compañero no dudó, ingresó en contramano y atropelló al policía con la camioneta. Mientras el ladrón subía como acompañante, un camión de bomberos giró en la esquina, embistiéndolos

El Comisario levantó tres muertos y un paquete semiabierto, que en uno de los lados decía la palabra “Pepe”.

La viejecita miró lagrimeando al Comisario, y dijo:

–         Me lo dejó el difunto, mi esposo, antes de morir. Le llamaban “Pepe”

Y el Comisario conmovido, le respondió:

–         Está bien ¡Lléveselo!