En el año 2220 la vida se ha tornado una miseria al igual que todos los elementos conocidos. Las personas vagan en el mundo sin objetivos claros. El silencio es lo mas habitual hasta que los cíclopes se presentan y convierten la sedentaria paz en un aterrador tormento.

Despierto sentado en una rústica silla que apenas estable mantiene mi peso. Llevo un saco bordó abierto con una remera negra sin mangas debajo.  No recuerdo quien soy, ni donde estoy, ni de donde provengo.  El aire se siente espeso y apenas algún rayo solar trasluce en mis ojos pero no al punto de encandilarme.

Oigo un leve murmullo entre personas presentes y mientras froto mis dedos sobre mis párpados. Me volteo sorprendido hacia el lugar.

Parece ser una precaria juguetería. Los estantes están practicamente completos de armas de plástico que simulan tener gran calibre. Las personas parecen caminar y llevarse por delante los objetos sin paciencia suficiente para volver a alzarlos.

Me pongo de pie e intento seguir a una de las personas que rumbo horizontal a mi, desaparece.

-Hola?-

Sigo a la persona, confundido, pero al terminar de caminar alrededor de un estante no encuentro a nadie. El misterioso ser vuelve a lanzar otro juguete al suelo atropellándose con un estante.

-Quién anda ahí?-

Las puertas del local permanecen abiertas y logro ver casas abandonadas y en ruinas. Un incesante polvillo de rocas flota con ligereza en el aire, marcando una soledad implacable. El cielo parece estar nublado, formando un paisaje estremecedor.

De pronto siento algo pesándose sobre mi hombro. Ignorando el sublime paisaje, me volteo nervioso ante mi incertidumbre.

El impacto de su imagen me deja momentaneamente sin palabras. Se presenta una joven mujer con sus hombros caidos y su barriga sobresaliente. Su cabello maltratado se asemeja a un montón de paja seca acumulada. Sus tristes ojos chorrean sangre en su áspera piel, a simple vista. Sus manos parecieran abrirse y cerrarse como si fueran tenazas oxidadas. Sus labios se mantienen boqui abiertos careciendo de algunos dientes en su boca.

-Qu.. Quién es usted?-

Sin comprender el suceso tartamudeo, naturalmente, por la sorpresa. Mantengo una mezcla inexplicable de miedo y tristeza.

La mujer no parece contestarme razonablemente y emite unos sonidos que aturden al mismísimo silencio del lugar.

Al instante comienzo a sentir otros similares sobre mi cabeza. Preocupado observo a todas partes hasta ver una delicada escalera, alejada de las estanterías, que sube a un piso superior. La misteriosa mujer me señala hacia allí y con un agobiante sudor frío en mi frente me dirijo hacia lo alto. Al ascender mis pies sobre cada escalón el sonido de los seres se convierte en una armonía de gritos que se mezclan con la caida escalofriante de objetos contra el suelo.

Al llegar al nuevo ambiente, encuentro un paisaje mas oscuro que de donde provenía anteriormente. Los seres presentes se voltearon a mi observándome con sus rostros atormentados. Mis piernas poco a poco se sintieron tensas y en mi cuerpo se generaba un sentimiento de terror incontrolable. Intentando negar la realidad voltee mi cuerpo hacia los pasos superados, deseando huir de la inmundicia hostigante en la que me encontraba. Pero veía una tristeza latente en el rostro de la primer mujer, que había encontrado inicialmente, que me inspiraba a seguir adelante y descubrir que sucedía.

Algo descontento inicié mi marcha entre las nuevas estanterías visibles y me encontré con numerosas mujeres y niños que caminaban de lado a lado chocándose todo obstáculo que encontraban en su camino, como si sus vidas no parecieran tener sentido alguno.

Incursionando dentro logré divisar a un joven hombre que con prendas de militar y buenos zapatos de cuero, ingresaba por una puerta que se mantenía oculta entre la frialdad del panorama.

Su piel parecía normal, y se veía mas humano que los demás. Al cerrar el ingreso al lugar pude ver, en la puerta, la ilustración plasmada de un casco azul con un círculo rojo en el centro. El mismo asimilaba a un único ojo.

La tristeza y el tormento no tardaron en ocultarse ante un silencio incesante y el ingreso al lugar de un nuevo misterioso ser se aproximo. Este parecía caminar con mejor estímulo y a paso veloz se acercó a la puerta que se ocultaba entre las sombrias personas. Junto a ella, aloja un extraño artefacto que se asimilaba a un cofre y resguardando su rostro con una larga capa se marcha apresurado de camino a las escaleras. Los melancólicos gritos de las mujeres regresaron a protagonizar la escena y mi inquietud me propiciaron fuerzas para avanzar hacia el ingreso desconocido del militar. De esta manera buscaría comprender el sentido del artefacto en ese lugar.

Curioso avancé y al llegar a mi destino tomé con mis manos el cofre mientras lo investigaba visualmente. No tarde en darme cuenta que era una bomba seguido de un molestoso Tic Tac que aturdía mi mente. El mismo provenía del objeto y producía un temblor en mi piel.

Los nervios volvieron a hundirme en pánico e inicié un escape veloz hacia el subsuelo, mientras observaba alarmado los lamentosos rostros de las mujeres sin consuelo.

Al salir de la tienda comprendí que todos mis alrededores eran iguales y que al fondo, sobre una montaña en el horizonte, se encontraba una torre que llegaba hasta las nubes. En lo alto la imagen horrorizante desaparecía de mi cámara visual.

No tardé en recordar lo que había encontrado en el interior de la tienda y sin escrúpulos me alejé sin camino por una calle abandonada. El asfalto parecía haberse deteriorado. El aire se mezclaba entre el misterioso polvillo de rocas, tornándose incluso molesto al respirar.

De un momento a otro la tienda estalló y se oían los trágicos gritos de las personas en su interior. Se inició el ruido devastador de una sirenas que no podía deducir de donde provinieran. Y en cuestión de minutos  la marcha de unos seres desconocidos que se acercaban a la distancia, acechó mis oidos entre la llama que incineraba la precaria juguetería. Como hormigas ante un viento inesperado, comenzaron a salir numerosas personas de los alrededores. Todas me recordaban a la imagen de la primer joven mujer que presencié.

Asustado corrí entre los suburbios, mientras las personas atormentadas huían de algo inevitable.

Los hombres comenzaron a disparar a todo ser que se cruzara en sus caminos. Al verlos mas cerca permanecí atónito unos instantes. Llevaban pesadas armaduras y el mismo casco que había encontrado en una ilustración tiempo antes. Su imagen terrible me recordaba a antiguos emisarios del mal en las mitologías. Parecían cíclopes.

Sin ser culpable de nada corrí sin mas resguardo de mi consciencia, hasta que mi respiro se tornó exhausto y la marcha incesante de los hombres sombríos aceleraba mi pulso.

Agotado intenté equilibrarme y sin sentido caí de rodillas en el asfalto. Las criaturas que se asimilaban a personas eran alcanzado por disparos que aturdían mi inconsciente. Los cuerpos de los alcanzados tras el ataque se marchitaban bajo gritos de agonía.

Tiempo a tiempo, la marcha se oía mas presente y aterrado seguí mi huida hacia el horizonte.

De pronto una resplandeciente luz detuvo mi aliento. Mis ojos recayeron en una pequeña niña de cabello blanco y piel tan clara como la luna. La misma llevaba un largo vestido color crema que ocultaba sus rodillas. Desconsolada, la pequeña, lloraba asustada.

Mi lamento no se contuvo y por instinto posé mis dedos en su fino cabello. La tristeza de la nueva huesped de mis ojos se desvaneció y poniéndose de pie me abrazó. Tan fuerte fué su acto, que sentía no estar solo en ese desolado lugar.

Ahora no solo sentía ansiedad por salvarme, sino por proteger a la niña que me recordaba a una princesa iluminada.

Los hombres detrás parecían devastar todo a su alrededor y al ponerme de pie, alcé a la pequeña en mis hombros. Ella posó su rostro en el mío produciéndome una extraña sensación de regocijo interior. A lo lejos el horizonte se desveló, abriéndome paso a una resplandeciente luz que atraía mis sentimientos de vivir. Sentí mi cuerpo mas vivaz y la confianza de superar cualquier clase de miedo. Su alegría me cautivó unos instantes, suficientes hasta trasladarme mi cuerpo y el suyo lejos del panorama presente.

La marcha de los asesinos poco a poco desapareció y me encontré en un pasadizo de ruinas que me llevaba hacia la vislumbrante luz.

Al voltearme comprendí que en cuestión de segundos había alcanzado una distancia inimaginable. Mi compañera sonreía de tal manera que parecía una ángel pero careciendo de alas.

Mis ojos focalizaron el brillo lejano que suponía un calor cautivante en mi cuerpo y mi esperanza. Sin mas caminé hacia allí junto a la pequeña y encontré la paz.