Lejos de placeres mundanos,
en senderos rectos estivales.
Las aves libres revolotean,
mientras el amanecer inicia.
 
Años han perdurado sin prisa,
cariños esfumados en corrientes.
Tus manos delicadas y finas,
las que se retiraban en el ocaso.
 
Y en el inconcluso sabor del beso,
me pierdo antes la ausencia.
Culmino el suspiro ermitaño,
rindo cuentas al destino.
 
Tras trayectos dispares me detengo,
librando emotivo el dolor pasado.
Y ficticias mareas me rodean,
para perderme, y al frente, encontrarme.
 
Saltando verdes terrenos, llanos fértiles,
me compongo y resurgo completo.
Añoro latidos constantes y fuertes,
vivo, solo y despierto.