Vacía yace añorando en la esperanza,
suave y calma, aguarda la ilusión austera.
Quien conmueva su corazón desvalido,
y tranquilice la angustia estrecha.
Porque el frío lo ha congelado,
pero, desde el fondo, con caricias alucina.

Y cuando las flores crezcan bajo el cielo de la mañana,
cuando el perfume nos deleite con la dulzura.
Te veré llegar desde lejos, en el confín del universo,
con esos ojitos de princesa y el fino albo en la túnica.

Podría justo morir en ese momento,
me hundiría en el lamento de la estrellas.
Porque sé que te veré con el fulgor del sol,
en su terrenal y consecuente conquista.

Me dejarás preso del ensueño,
puesto al final, te he conocido.
Y cuando el mundo resplandezca,
cuando el amanecer me despierte en su cauce.
Volveré a verte, tan bella como el día anterior,
y como los que resten por vivir.

Ante el eterno pálpito,
tus suspiros me golpearan por dentro.
Y mis labios anhelaran tu encuentro,
Con la fuerza que el mar alienta.
con la que el viento respira.
Y con la que el fuego te ilumina.

Bella e incandescente doncella,
cuando todo lo que viene, a poco se retira.
Pero no mi certeza, ni la cualidad de adorarte,
de tenerte en mis brazos y fundirme en tu esencia.
Ser el esclavo de tus puras miradas,
y el dueño de tus íntimos secretos.