ACTO XIII

 

La mañana se había concretado, las calles eran concurridas. Puesto que los horarios laborales se cortaban con el almuerzo. En pocos minutos la ciudad se convertía en un desierto, desconociéndose la cantidad de personas que allí convivían.

Las horas mas monótonas para Ren iniciaban.

Al llegar a su departamento preparó diversos asuntos para no seguir enseñándose tan despistado.
En principio modificó su indumentaria, consiguió un bolso de lazo al hombro del fondo de su placar.

Desconocemos la cantidad de cosas que ocultaba en aquél alto mueble que erguido reposaba junto a la puerta de su habitación.

Procedió a preparar un emparedado de lomo frío, al que untó dos rebanadas de tomate que había cortado tiempo atrás. Bebió un sorbo de agua fresca de una botella que conservaba en el refrigerador y tras guardarlo peinó el alimento con un cuchillo delgado. Poco a poco esparcía mayonesa sobre este.

Al término de guardar y lavar los cubiertos utilizados se alimentó mientras observaba el ventanal que reflejaba a la ciudad desde la altura del tercer piso. Contempló el cielo, un momento, buscando deducir el clima que sucedería por la tarde. Pero ni una nube se presentaba en el panorama y aún faltaba tiempo para retirarse.

Al bolso le añadió un abrigo y dejó espacio suficiente para recuperar sus prendas que mantenía en el armario del instituto. Luego de preparar la alarma en su celular se recostó en el sofá y respondió un mensaje a Alexa.

Trabajo de empleado administrativo en un estudio contable ¿y tú?

Suspiró tras enviar sus palabras y cuando se disponía a almorzar algo atrajo su atención. Por momentos sintió que sudaba y la piel en sus pómulos enrojeció.
En la información de contacto de Alexa yacía una foto de perfil que por poco consterna su aliento.
Se trataba de un rostro con una sonrisa. Sus ojo vivaces parecían atravesar la pantalla con su mirada tan atenta. Ren permaneció viéndola al tiempo que desmenuzaba su emparedado y tras unos minutos se incorporó en la comodidad de su sofá. Se durmió desprendiéndose finalmente de su celular, que resbaló desde sus dedos y se detuvo sobre la pelusa de la alfombra.

En el interín el celular vibró, pero solo se oían leves ronquidos entre el espiral audible. No fue hasta pasadas unas horas, que tras sonar su alarma, Ren despertó con presura y recogió el aparato.
Aun no lo vería, puesto que se lavó los dientes, se perfumó minimamente con una colonia que le regalara su madre y se retiró del departamento.

Una vez, sobre la vereda se encamino hacia el instituto mientras revisaba los mensajes recibidos.

Podríamos decir que era la primera vez que iría preparado a clases.

Al superar la plaza sintió nostalgia por el día anterior. Incluso creyó cruzar una vez mas a su compañera. Era tal su inquietud que dio ligeros pasos hacia el sitio y luego ralentizo la caminata estrechando la remota posibilidad de encontrarla.
Aguardó hasta que los vecinos comenzaron a verle solitario y misterioso. Tras llegar al lugar, optó por proseguir la marcha y se propuso leer la respuesta de Alexa en su celular.

– Soy maestra de Artes Plásticas en un instituto terciario –

A poco imaginó asistir a una de sus clases y palpar un pincel, enchastrar este sobre una paleta arco-iris para luego deslizar los rastros sobre una larga hoja. Ella estaría allí, sonriendo, mientras diminutas manchas podrían arrastrarse en su rostro. Porque la pintura le llenaba de alegría y tal esencia podía ser contagiosa.

De pronto espabiló cruzando una calle y avizoró una plaza con niños, delante de sus ojos. Las risas de pequeños en toboganes de colores y hamacas con figuras impresas. El carrusel girando lentamente ante la paz de los padres. Tanto color, tanta felicidad en un solo lugar, mientras el sol amarillento infundía mas luz y brillos en las angelicales miradas del resto.

Ren sintió el aura manar de ellos y no pudo evitar sonreír. Ese jardín, de algún modo, le recordaba a Alexa y sus enseñanzas.
Con mayor entusiasmo se esmeró para llegar a clase lo antes posible y resguardó su celular.

Estaba tan cerca y su alma solo le inducía a una cosa. Verla una vez mas junto a él.

El tiempo había pasado volando, los metros no fueron mas que centímetros. Puesto que una llama de ansiedad ardía en su interior y Ren había combatido a su propia fatiga para llegar cuanto antes.

Tan veloces pasarían los segundos que querría aprovechar cada situación y oportunidad que la vida le deparara para volver a verla.

Se adentró en la Mansión mientras el sudor se escurría en su sien. Avanzó entre los pasillos ante la atención del público y una fuerza de voluntad mantenía su rostro erguido.

Al pasar por la naturaleza que prosperaba al centro del instituto, le inspiró de tal manera que se entregaba a abrazarla. A penas ascendió entre los escalones y su espíritu optimista conmovió a una serie de alumnos, que entre nervios preparaban algún examen.

Las manos de Ren acariciaron las paredes al hallar el último pasadizo hacia el Salón. Sus latidos eran un motor a plena marcha, tan fuertes que podían oírse ante el silencioso paso.

Tomó el picaporte y lleno de alegría clamó ante la sorpresa de todos.

– ¡Buenas tardes a todos! –

Había tanta energía en él que toda tristeza pasada se había desvanecido.

AtrásPróximo Acto