ACTO X

 

El atardecer ya había sido superado. El clima halló su cauce en una densa llovizna torrencial. Desde el tejado del Instituto se oía el goteo permanente. La iluminación parpadeaba y las ventiscas resonaban contra las persianas.
A espaldas de Ren se oían pasar personas, indiferentemente fuesen docentes o alumnos, cuando de pronto la puerta que llevaba al jardín se cerró con fuerza. Tal hecho promovió en Alexa la intención de habilitar nuevamente el acceso desde el salón.

– ¿Qué querías decir? –

Exclamó, al tiempo que capturaba el picaporte con sus dedos.

El muchacho la observó dubitativo y de repente el chisporroteo en un foco conllevó a un corte de luz. El viento se oyó con mayor fiereza, dispuesto a arrasar cualquier bloqueo intencional.
Alexa que lo preveía se dirigía a cerrar la puerta, pero al oír el zumbido del aire en la parte superior se detuvo asustada. Rápidamente él empujó la misma con sus dedos y quedaron ambos, casi enrollados, ante la intrépida oscuridad.

Si querías… que te acompañara

El silencio se fundió de un momento a otro. Tan solo se oía la llovizna constante y unos lejanos truenos. A penas Ren creía oírle respirar.

¿Se sentiría a caso preso de un sueño? 

La joven rió denotando tranquilidad, tanta seguridad en un lugar pequeño donde poco a poco su aliento se sentía preciso.
Sabían que era cuestión de segundos, hasta que todo regresara a la normalidad, sin embargo él temía cometer algún inesperado error.

Ya es un poco tarde, para pensar siquiera en ello Rompió el repentino silencio.

Al instante resonó el vibrador del celular. Alexa lo tomó con ambas manos y al encenderse la luz del mismo aclaró su entero rostro. Ren no tenía mas camino que observarle. Aquellos rasgos angelicales ante la intensa opacidad.

En poco llegará Murmuró por lo bajo.

¿Quién vendría? No solo nosotros lo preguntábamos. En los ojos de Ren la incógnita se desdibujaba de tal manera que asimilaba apuñalar su alma.

Un letal soplo hizo entrada y abrió de par en par las puertas al jardín. Como si se tratase de una propagación la lluvia ingresó por doquier, y producto de la corriente de aire el sostén en Ren cedió al instante. El pasaje al aula se liberó y montones de gotas, que buscaban interferir entre ellos, empaparon su espalda. Ren no lo pensó demasiado, ágil la abrazó para contener la sacudida.
La joven permaneció sin palabras ante el súbito acontecer, mientras el celular se arrastraba entre sus dedos. Su mano había quedado cautiva entre ambos y tras la fricción palpó con claridad el acelerado ritmo cardíaco de su compañero.

Estas bien? Exclamó este, al tiempo que pateaba la puerta para mantenerla rígida.

Si, ¿y tú? Respondió ella mirando hacia donde su tacto se camuflaba.

Ren asintió y retrocedió acostando su espalda sobre la entrada, mientras Alexa permanecía en su sitio para mas tarde volver a contemplar la pantalla en su celular.

El abrazo se desvaneció lentamente y sin darse cuenta, ambos, se tomaban de una mano. Si bien la noche no los enseñaba, ellos lo concebían perfectamente. Ella se encontraba perdida, leyendo el mensaje de texto y él no pudo evitar espiarle.

“La reunión se extendió un poco mas. Aguárdame, de cualquier manera no tienes a donde ir”

Un triste suspiro ahondaba en el vacío. Ren no podía verle de pronto, puesto que ella había apagado su celular.

Tenemos que cerrar. Vayan saliendo, no pueden pasar la noche aquí

Clamaron desde el exterior.

Vamos…
Pero… Respondió insegura ella.

El muchacho presionó con tanta firmeza su mano, que con sumisión se dejó llevar ante el destino.

Tras retirarse del salón se encaminaron por el pasillo. Los relámpagos iluminaban sus cuerpos en movimiento. La ventisca aún golpeaba contra las persianas y las plantas revoloteaban sin contención.

Confía en mi. Te sacaré de aquí

Ella afirmó con leve movimiento de cabeza ante las tinieblas, ocultados por el siniestro pasadizo.

BLAM! 

Golpeó de pronto una puerta desde el fondo y Alexa se adelantó abrazándole tras su espalda. Ren se conmovió, al tiempo que sentía su agitado latido palpitar sobre su húmeda camisa. La mano le había tomado sorpresivamente por la cintura, y los suspiros se oían cada vez mas presentes.

Lo… Lo siento Susurró ella.
¿Temes a la tormenta?

El muchacho no aguardaba respuesta alguna, sabía que sería positiva pues su aliento le recordaba a las borrosas caminatas. Aquellas que le guiaban, junto a su pequeña hermana, en los bosques de un campo mientras anochecía.

No te preocupes. Ya casi llegamos

Al adelantarse hacia las calles notaron que el corte de luz era general. Las puertas se clausuraron tras su avance y se vieron de la mano bajo un temporal sin precedentes.
Los árboles se arraigaban a la tierra, mientras el viento les azotaba duramente. La iluminación provenía de automóviles y la lluvia permanecía constante.

– Gracias Ren –

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