ACTO VII

Ren se dirigía a su segundo día de clases con energías suficientes, pero una incógnita despistaba su atención.
A paso ligero avanzó sin perder de vista cada rostro que cruzaba en su trayecto.

También dudábamos de aquél acontecer… ¿Se trataría de Alexa, quién le ayudara minuto atrás con sus utensilios? Impredecible.

Por qué te has ido tan furtivamente? Exclamó él en voz alta.

¿Quizás él aún lo concibiera como real? 

Una anciana retenía el periódico del día entre sus manos, cuando oyó al joven y le observó perpleja.
Segundos mas tarde, el muchacho cruzaba la calle y proseguía con su diálogo individual.

Repentinamente sus ojos localizaron la Mansión hacia el horizonte y el silencio regresó a él.
Como si fuese un niño y supiera donde se esconde el tesoro, apresuró su marcha.

A poca distancia avizoró el ingreso de numerosos alumnos. Aunque llegaba tarde, la idea de su agitado corazón suponía que su prisa le había reducido la tardanza.

¿O bien estaba así por las ansias de quitarse la duda?

Como si todo fuese un espejismo no demoró en desvanecerse a pocos metros de su alcance. Y como si quisiera alcanzar esa supuesta realidad se abalanzó rápidamente al frente.
Tras superar la puerta de ingreso, sus ojos se detuvieron ante el jardín central. ágil avanzó hacia allí creyendo volver a verla en el interior. Empujó la puerta y casi con soberbia exclamó:

Alexa!

La atención de docentes y jóvenes no bastó para calmarlo. Sus ojos recorrieron cada surco entre la naturaleza, cada esquina, cada espacio y finalmente suspiró despeinando su cabello con los dedos.

Desvió su mirada a las escaleras, que dirigían a las nuevas carreras y jamas perdió la esperanza. Murmuró su nombre una y otra vez, a medida que ascendía en los escalones.
El pasillo que contenía cuadros respectivos sobre los egresados, no fue mas que un intervalo para aspirar y exhalar en contadas ocasiones. Se encontraba agitado ante tanta prisa sin resultado.

De un momento a otro el picaporte del salón de “Letras” se hallaba contenido por sus dedos.

¿Notaríamos allí la presencia de la compañera? ¿Llevaría aquél vestido de momentos pasados?

Buenas tardes Clamó a viva voz, al tiempo que las miradas asechaban sobre él.

Quizás por su vestimenta, o bien quizás por su atención distante…

La docente advirtió su ingreso desde la pizarra e inmediatamente se cruzó de brazos exclamando en general:

Si llegan tan tarde no alcanzarán la asistencia requerida a fin de año

Entre sus miradas, Ren notó presencias. Si bien se encontraban el día anterior, ahora les prestaba mayor atención.
La mas joven de sus compañeras estaba siempre al corriente de su celular, quizás enviando mensajes de texto. Pero no perdió la oportunidad de erguir su cabeza, desordenar su rubio cabello y reía sutilmente por como él vestía. Cerca de allí se hallaba un muchacho de corte formal, poseía unos lentes y un reloj de pulsera. Además tomaba nota con una pluma y rara vez sonreía. A su lado otro compañero, mayor que éste último, espiaba el salón alterno donde se hallaba mayor cantidad de mujeres.
También advirtió a Tina alegre y agitando su mano, junto a ella se encontraban dos asientos libres.

Buscó sin detenimiento en los alrededores, pero Alexa no se encontraba. Sin dar mas mas rodeos colgó su saco de pana detrás de su espalda, se sentó en la silla y dispuso sobre la mesada los utensilios.
De reojo contempló como el día se había nublado repentinamente. El sol destacaba en un trasfondo de formas grisáceas.

Hola, ¿como estas?

Ren alertó de pronto que la compañera de larga melena oscura le saludaba.

Bien, gracias ¿y tú? Respondió él mientras le dedicaba una falsa sonrisa.

¿Se trataría la ausencia de Alexa de su imaginación en aquella plaza? Incluso el clima se veía muy diferente al que había percibido cuando emprendió camino al instituto.

Aunque la alumna mas cercana a él se disponía a responder, la escucha de la clase era crucial. La académica dedicó los siguientes minutos a la lectura de un libro. Todos guardaron silencio y se vieron envueltos en el mundo auditivo. Sus palabras, la comprensión y su forma de leer el texto lograron cautivar a cada uno. Incluso el hombre que espiaba hacia el otro salón y la señorita con su entretenido celular habían sido complacidos ante la lectura.

Ren se había perdido entre el fantástico mundo de las palabras que oía. A poco la ausencia de la joven se iba borrando de sus preocupaciones.
Pero de pronto la puerta se abrió y la dicción se entorpeció. Todos sonrieron ante los relacionados sentimientos que tal lectura había provocado en ellos, invadidos por la voz de su Maestra.

¿De que texto se trataría?

Lo siento
Clamó una tímida, pero dulce voz.

Ren ladeó su rostro hacia aquél lugar. Alexa ingresaba con un vestido negro, los utensilios sobre su pecho y una campera de cuero.

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