ACTO VI

 

Las horas pasaron como un aluvión. Si bien al principio el muchacho registró sus utensilios para arrancar el segundo día mas ordenado, la ansiedad le procuró una leve siesta.
No se trataba de la primera vez que acabara dormido a las horas del almuerzo.

¿Quizás en presencia de su familia no conciliaría tan pronto el sueño? ¿Era ello en respuesta a la aburrida soledad en su departamento?

Como si sobraran pretextos para preverlo, la tarde tocó la puerta y con ella un devastador rugido resonó desde el melancólico sofá. Ren despertó al instante, y tras desperezarse se alzó para retomar su marcha.

¿A caso te preguntarías de que forma desaforada se dirigió a su refrigerador el día anterior verdad?

No había tenido tiempo suficiente para modificar su atuendo, así que optó por presenciar la clase un poco mas formal que en su primera oportunidad.
Tras tomar los utensilios, resguardó en su antebrazo el saco de pana y alcanzó a tomar un sabroso panecillo junto a la heladera. Cuando finalizó, tiempo atrás, el horario laboral su hermana le había recibido con alimentos caseros.

Ni llegó siquiera a respirar que el bolo horneado ya había ingresado entre sus mandíbulas. De pronto su celular vibró y rápidamente descendió las escaleras, como si una urgencia se apoderara de su resolución. El público no tardo en denotar su llegada, pues la pesada puerta de ingreso se cerró por si sola. Ante la atención del público el muchacho advirtió el despejado panorama, la calurosa estrella se plasmaba desde las alturas.

Ren emprendió el camino hacia el instituto mientras verificaba el celular y, como si por arte de magia se tratara, esquivaba a las personas que le enfrentaban en la caminata.

“Disculpa Ren. Los horarios se me han fijado en el trabajo y se entrometen en la cursada. Pero anímate, lo harás bien. Ger”

El mensaje aminoró su prisa en el centro de una árida plaza. El calor se impregnaba por doquier, asemejándose a un desierto por la repentina soledad.
Una lágrima manó de sus ojos repentinamente.

¿A caso lamentaba la ausencia de su compañero?

Al instante, el joven, lanzó el saco sobre un banco de piedra y una persona, detrás de él, se detuvo tras la vivencia de tal acto.
Sus utensilios se desplomaron en la vereda. Su celular a poco se arrastraba de entre sus dedos.

Irremediablemente tosió, sin más.

¿Se habría ahogado con el panecillo?.

Tras retomar el aliento y quedar pálido de vergüenza se agachó para recoger sus útiles y de repente un dulce perfume refresco su olfato.
Sintió una fría sensación a la altura de su espalda. Tan fina, su camisa, cedía ante el tacto ajeno.
Una sombra se aproximó ante el movimiento. Ren advirtió la forma ocultando sus objetos que yacían dispersos en el suelo.

– Estas bien? –

Los ojos de Ren se congelaron ante la brisa. Se puso de pie lentamente, cuando de pronto el cabello de aquél ser rozó por su pómulo. Sintió el cosquilleo y balbuceo una respuesta:

– S.. Si E.. Estoy bien –
– Llegaremos tarde, a prisa –

Tan inadvertido como sorprendido el joven alzó el rostro, al tiempo que aspiraba tal delicado perfume.

– Eres tu… – Clamó, mientras su aliento se esfumaba.
– Si Ren, ¿qué sucede? –

¿Se trataba de Alexa? ¿Tal era el destino de corromper su alma en un momento tan degradante?
¿Alguien a caso ha notado las migajas del panecillo esparcirse desde sus labios.

– N.. Nada.. –

Ella sonreía de una manera tan natural, que de pronto el escalofrío en Ren se amplió hacia todo su cuerpo. Y se paralizó, semejante a un fósil.
La compañera llevaba un vestido corto, cuyo escote enseñaba su piel tan suave y clara como la de un bebe. Sus rodillas, desnudas, se plegaban ante la mirada expectante. Se hallaba agachada, mientras sus dedos se deslizaban entre los objetos dispares.

Ambos se observaron ante el tiempo infinito. Los segundos desmenuzaban el cielo y desde la distancia se notaba como una especie de retrato.

Personas ajenas no demoraron en admirar tal paisaje.

– Hola Alexa – Clamó él con mayor decisión.

Las brisas resoplaron entre los árboles y montones de hojas secas se aventaron conformando leves torbellinos.

¿Notarían los insectos dicha tempestad?

¡CLIC!

Se oyó el sonido inmediato desde la distancia. Ren se volteó y advirtió a un joven tomándoles una foto.
Y ante el repentino ruido de ligeros pasos, al regresar la mirada al frente se halló solitario. Ella no estaba siquiera en el horizonte.

– Alexa? – Murmuró confundido.

Los adolescentes reían sin descanso. El muchacho tomó sus utensilios, el saco de pana, guardó su celular y prosiguió la marcha.

¿Se trataba realmente de ella?

 

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