ACTO IX

 

El atardecer comenzaba con la nubosidad latente y repentinamente el frío se había esfumado, atrayendo una abrupta humedad. La clase se había tornado eterna ante un silencio incómodo. Y desde la última mirada entre Alexa y Ren, no habían vuelto a verse tras su agradecimiento.

Nos preguntaríamos igualmente si le agradeció por cargar con la culpa al desatender la clase o si habíamos perdido algún evento provisorio.

De pronto un trueno resonó desde fuera. La docente se retiró del salón ante una llamada telefónica y alguien con atención exclamó:

Que tiempo de locos

Ren tocó su saco de pena con cierta tristeza y, casi al mismo tiempo, Alexa presionaba los dedos en su campera de cuero.
Era menester que tales abrigos no aplicaban perfectamente para el temporal que iniciaba.
Ante las miradas de descontento la académica regresó, y como si fuese coincidencia todos los presentes poseían algo que podría estropearse con la lluvia.

Los directivos nos ofrecen un sitio seguro en uno de los estantes de la Secretaría, para alojar pertenencias y asegurarles que sobrevivan a este desprevenido suceso

Todos y cada uno se alegraron ante tal noticia y, tras la despedida de la profesora, procedieron a dirigirse a dicha aula. Poco a poco se retiraban del salón de clases y Alexa expuso sus hombros libres, mientras se quitaba la campera de cuero.

Parece que ahora correremos bajo lluvia Exclamó Tina.

Ren y Alexa se vieron y no pudieron contener la risa ante tal acontecer.

Y yo que pensaba no venir hoy Replicó la joven del vestido.
Hasta mañana chicos – 

Se oyó desde la puerta del salón, mientras Tina se largaba apresuradamente.

Vivís cerca?
Algo, ¿y tú? Respondió Ren.

Alexa bajó la cabeza sonriendo.

Esperaré, alguien vendrá por mi
Bien, cuídate

El muchacho se retiró del salón creyendo que podría haber hecho algo más. Sin embargo ella le observaba desde el interior y sin aclarar suficientemente sus deseos.

¿Que hubiera querido ella? 

El muchacho descendió las escaleras, al tiempo que el temporal se originaba. Las puertas que llevaban al jardín se golpeaban incesantes y los vientos soplaban con tanta fiereza que producían zumbidos entre la vegetación.

Al llegar al sitio acordado por los docentes, Ren alojó su saco en un mueble. Casi pensó que era el último, pero recordó que Alexa venía detrás de él.

Los pasillos se encontraban desiertos, pero un denso murmullo se oía entre los profesores de la sala alterna.
Ren procedía a dejar el aula, cuando se encontró a la compañera frente a sus ojos.

Tan fino era su vestido que le costaba desprenderse de su abrigo.

– ¿Crees que se detenga pronto?
¿El temporal? Clamó él.

Ella asintió viendo al suelo. Sus ojos eran tan bellos, incluso cuando su mirada denotaba tristeza.

¿No hay esperanza? – Añadió Ren.

Alexa mordió sus labios y avanzó hacia los estantes. Su perfume se abrió paso ante una repentina brisa que llegó desde el patio.

Poca Replicó ella.
Quieres que te acomp…

La voz del muchacho enmudeció de pronto, como si hubiera nombrado una frase prohibida.

¿A caso tienes vergüenza por decir tan simple oración?

¿Cómo dices?

Ren se negó a repetir tales palabras y tras acomodar su abrigo, ella le miró fijamente. De pronto a espaldas de él todo el espacio se iluminó, tras un relámpago y se torno oscuro al segundo siguiente. El silencio se tornó contagioso y el viento entreabrió las puertas que se dirigían al jardín.
Alexa cruzó los brazos al instante, buscando protegerse de alguna manera ante el golpe de frío. El muchacho ocupó, con su cuerpo, el ingreso al pasadizo. Como si así lograra bloquear tal acceso invernal.

¿A qué esperas por abrazarla?

¿Me repites lo que ibas a decirme?

El muchacho fijó su mirada hacia una ventana que daba a la calle. Ella no conseguía mantenerse cálida con sus finas manos y el soplo del viento incluso realzaba su vestido.

Que si quieres… Retomó el diálogo finalmente.
Aguarda

La joven avanzó y cerró la puerta que llevaba al pasillo, rozando su hombro con el de él. Luego activó el interruptor de luz y se giró en torno a sí.

– Lo siento, ¿decías? –

A poco se vieron tan cerca y calladamente en tiempos de locura. La tormenta eléctrica probablemente provocara un corte de luz general próximamente. Ren se encontraba como en un sueño, delante de ella en tan pequeño lugar. Oía sus suspiros, sentía sus latidos y lo cautivaba su presencia.

Solo era cuestión de tiempo…

AtrásPróximo Acto