ACTO II

 

El primer día de clases llegaba. Por las mañanas Ren dedicaba 5 horas a su trabajo como empleado Administrativo en un Estudio Contable. Sitio en el que recién a las tres horas algún ser se dignaba a pasar y buscaba alguna labor para los contadores. Una pareja demasiado ocupada para atender los recados.
Cada día una joven, de pocas palabras, atendía a Ren desde el inicio. Luego se encerraba en el interior de una habitación y las puertas que guiaban a los profesionales de igual modo se encontraban sin paso.
Tras cumplido el horario, el muchacho debía escribir una nota donde colocara la siguiente frase.

“Ya es hora”.

Y después de pasar la misma por debajo de alguna de las puertas se retiraba. A saber que cantidad de notas habría en tal sitio.
La oficina era amplia, estaba bien distribuida y poseía todo tipo de servicios en su estructura. Disponía también de una máquina expendedora de café.

Cumplida la faceta laboral, el muchacho se retiró a su hogar. Un departamento en una zona central del pueblo. Al frente poseía vista a una delicada plaza con arboledas y juegos para niños, mientras la ventana que diera a su habitación ofrecía una fuente. Por las noches su vista era iluminada y espléndida.

Ren se incorporó en su comedor, tras tomar un envase con agua fresca de su refrigerador. Luego incorporarse en un sofá individual tomó su celular y escribió un mensaje a Ger.

 Hoy empezamos! 

Su ansiedad era bastante clara. Si bien las cargas horarias de la carrera eran por la tarde, Ren poseía un tiempo para almorzar y distenderse.

Un rugido resonó, horas mas tarde, desde su estómago. El muchacho se había dormido y por el hambre había despertado. Se dirigía hacia la heladera cuando se le ocurrió chequear su celular y comprendió que llegaba demasiado tarde a la clase. Olvidó alimentarse y se largo hacia el instituto pretendiendo comprar algo en el camino.

Vivir solo para el muchacho, significaba esperar horas para cada responsabilidad. A veces ignoraba el sentido del tiempo.

El instituto no se encontraba tan distante de la casa. Sin embargo, con su llegada, era probable que su salón estuviera totalmente ocupado.
La idea de ser el centro de atención en el primer día de clases, no le despertaba demasiado interés.

A poco quería huir, pero la idea que Ger o su pareja estuvieran allí presente le otorgaban algo de optimismo.
Finalmente alcanzó la meta. Ya había olvidado su apetito y la mansión donde se dictaban tantísimas carreras se hallaba delante de sus ojos.

Aún nos preguntaríamos de que carrera se trataba.

Una concurrida calle de automóviles lo separaba de ingresar a las puertas principales. Se oía tantas voces desde fuera, que se asemejaba a un colegio secundario.

Pero la presencia de personas y docentes allí era normal, era tanta la  variedad de carreras en un edificio que excedía la altura de la cuadra de hogares.
Era antiguo y de largos pasillos. Su tejado tan alto producía eco de sonidos. E incluso el pasaje cercano de un camión, resonaba en su interior con vibraciones.
Tras ingresar al despacho se podía alertar un enorme jardín al centro, que por la cantidad de flores y plantas se asimilaba a una selva.
Ren caminó por uno de los pasillos y procuró detenerse ante uno de los pasadizos que llevaba al patio. La alegría se denotaba con el canto de las aves y desde el panorama creyó haber visto a una joven que admiraba el paisaje.

Era como un cuento de hadas, elaborado en el centro de la mansión.

Las enredaderas sobre las paredes se alzaban hasta por encima del tejado. Incluso, al mirar hacia lo alto, Ren advirtió que no había techo en el patio. Una pequeña laguna en el fondo develaba un pequeño mundo natural, que generaba aire y paz…

Ren había olvidado todo ya, su apetito, el horario y hasta los miedos que le privaban asistir a la primera de sus clases.
De pronto oyó una de las puertas que daban al jardín golpearse y avanzó hacia allí. Se trataba de una persona forzando el ingreso desde el jardín.
Aunque comúnmente pensara que podría haber ingresado desde otro lugar, asistió a esa especie de llamado y manoteo el picaporte. El mismo no cedía y al forzarlo hacia afuera, sumado al empuje del desconocido lograron abrirla.

Él se quedó perplejo, creyó haber visto esa figura tiempo atrás entre la naturaleza.
Una joven agradecía con una gran sonrisa. Consigo llevaba unos utensilios que resguardaba con sus finas manos. Objetos que le recordarían al muchacho otro despiste.

 Hola! Gracias por ayudarme. 

Solo pudo asentir con respeto ante su presencia que parecía de otro universo; o bien la perspectiva solar la hacía ver muy apuesta; o de por si lo era y él desconocía las jóvenes de su alrededor.
Su cabello castaño, que parecía confundirse con uno un tanto rojizo, se deformaba sutilmente por las brisas. Su pálida piel contaba con diminutas pecas, mientras que sus ojos…

Sus ojos parecían ser indescriptibles.

Ren quedó sin palabras.

 Mi nombre es Alexa, como te llamas tu? 

“…Hasta su nombre era bello…”

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