ACTO I

 

Todo comenzó diez meses atrás. En un cumpleaños donde aguardaban Ren y otros invitados la llegada del anfitrión de la fiesta. Quien traía consigo todo su arsenal musical, era primo de Ren. Ambos compartían intereses musicales de muy niños. Mientras uno componía, el otro oía. Se turnaban para sentir mejor la expresión.
Si bien formaron una banda de Punk, de jóvenes, y solían enseñar sus canciones en las calles. A la llegada de los 30 años sus antiguas ambiciones no serían mas que parte de su entretenimiento.

Ren era mas solitario. En el presente raramente festejaba un cumpleaños con tantos invitados… Su pasado era tema de otra historia. Como toda esa gente, que con el paso del tiempo se convierten en la contra parte de ellos mismos.

La espera había sido entrañable, pero el primo de Ren aparecería tarde o temprano con una dosis musical que les reconfortaría a todos. Mientras tanto otro de los invitados ambientaba el momento.
En el ínterin una conversación entre viejos amigos encontró su cauce.
Él se mantuvo expectante y de vez en cuando esbozaba tímidas sonrisas. A esta altura sin una semana, siquiera, de barba. La prolijidad era su segundo nombre. Mientras el perfume, un as bajo su manga.

El resto de sus amistades había optado por una imagen informal. En Febrero la idea de estar bien vestido podía ser letal durante el verano.
Pero Ren no pensaba en molestias, mas bien cada salida podía aportar un encuentro a una aventura.

– Hacia mucho no salias Ren, verdad? – Rompió el hielo uno de sus amigos, cuya calvicie juvenil lo caracterizaba.

– No recuerdo bien la última vez –

¿Era de esperarse que Ren no saliera demasiado?

 Imagino que aún lleva un peine consigo! 

Respondió al instante un joven apuesto, que por sus sonrisas amenas no cabía duda que… Ren interrumpía una cita. Al instante sus risas cautivaron el espectro audible.
Justo cuando él comenzaba a soltarse al compás del ritmo, la música se detuvo y se oyó unas bocinas. El primo hacia su entrada con todo el batallón de Dj.

 Nunca hay que perder la oportunidad de salir de la cueva. Quizás el destino nos devele una dulce aventura Clamó Ren ante el silencio.

Sus poéticas palabras produjeron una primaveral éxtasis a los ojos de los presentes. Y sin auspiciar nuevos rodeos, ambos humoristas dieron cerrojo al coqueteo con un inesperado beso. El muchacho imagino como venía la mano y procedía a retirarse. Cuando Ger, el calvo, alejó a su apuesto cazador empujándolo con el dedo índice y añadió:

 Tan pronto te vas Ren? O a caso incomodamos? –

Ren negó con la cabeza y su amigo esbozó una sonrisa.

 No pensarás que tu primo saludará a toda esa gente en un minuto no? 

Claramente le había leído la mente. Como todos esos dones con los que el amable amigo homosexual podía contar.

El muchacho regresó al sofá blanco delante de la pareja. Solo a ellos se les podía ocurrir romper las reglas del clasicismo y ordenar los sofá fuera del hogar. Puesto que la casa de campo era de Ger, haría lo que le plazca…

Como ese don de la intuición, imaginarán que el amigo Ger estaba vaticinando que tampoco llovería esa noche.

 Te tengo una propuesta  Rompió el hielo nuevamente.

Ren palideció un momento, mientras el compañero salvaje revelaba muecas de alegría.

 Una carrera nueva va a iniciar en nuestro pueblo. He escuchado los preparativos del proyecto y promete 

 De qué se trata?  Indagó Ren.

Si quisiésemos recordar la historia del intrépido protagonista, es menester revivir la cantidad de carreras por las que optó. Con sus exclusivos peinados y vestimentas. Desde melenas con candado en Gastronomía, obligado a utilizar sombreros hasta rapado con chivas extra large. Él nunca perdía el tiempo, pero jamás lo aprovechaba.

El compañero de Ger se rindió ante una leve siesta.

Al parecer oír las largas informaciones de su compañero, no era lo mas benigno para este.

 Es una carrera nueva y ofrecería mucha salida laboral. Nosotros la comenzaríamos también. Podríamos prepararnos los tres 

Repentinamente el bello durmiente alzó una ceja. Ger no pudo contener la risa. Ren aceptó la oferta sin saber, siquiera, de que carrera se trataba. Pero sonaba interesante para él conocer nueva gente y ocupar sus libres horas en alguna utilidad.

El tiempo pasó y el muchacho ya se había anotado en la carrera. Unos 44 interesados comenzarían junto a el, y entre estos su amigo Ger junto al cazador de besos…

 

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