“… Ante el silencio repentino, la guerra cesa. Puesto que el Guardián se ha anunciado …”

La Leyenda inconcebible de Erión

Las brisas resoplaban ante la soledad inaudible. Solo los niños, forasteros, transportaban cadáveres, pintaban las ruinas con sus manos utilizando la sangre de los caídos. Y ante el silencio y la atención libre hacia los cielos, a poca distancia, divisaron lo que vaticinaban con sus dibujos. Como si se hubiera formalizado ante la imaginación de los pequeños. Repentinamente sus tareas cotidianas se detenían, mientras la sombría presencia les abrazaba en las alturas.

– ¡Es él! –

Exclamó uno, entre millares.

Se oía el revoloteo constante y calmado contra el viento, con tanta potencia y a la vez con tanta libertad.

– Él nos salvará –

Agregó otro.

Y un anciano, que yacía contemplando a la multitud de niños reunidos para observar, murmuró:

– Él nos juzgará –

Ante el silencio repentino, pasado el suceso, prosiguieron con sus tareas típicas. El misterioso ser se había desvanecido.

Pasando inadvertido, Shal’Kas caminó entre los jóvenes y el anciano río al verle.

– Hostigador eres tú. ¡Ladrón! –

Haciendo los oídos sordos, el muchacho siguió la marcha. Sabía que próximamente se liberaría de todo ese sistema de rumores, así tuviese que abandonar la tierra donde había nacido. Pero desconocía que una guerra se desataba en las altas cumbres.

Ralonte con sus legiones más bastas, procedentes del Cráneo Negro se encontró finalmente frente a los Gitanos Desalmados y a los Villanos Deshonestos liderados por Rebok y Jiont.

 Al principio… cuando se hubieran reunido los primeros hombres en las Penurias Sangrientas. Mucho después de la Sagrada Guerra Ancestral, todos y cada uno de los hombres pertenecían al clan Cráneo Negro. Quiénes lucharon en rebeldía hacia los Espadachines Dorados en la Guerra por la Gestación. En ese entonces los insurgentes eran liderados por Cent’Kas y Ralonte, su amigo leal. Hasta llegar el final de los tiempos, en que Ralonte recibió el mando y el poderoso clan de los Cazadores Furtivos se dividió en 3 facciones. Por un lado Jiont, quién nombró a su ejército como Villanos Deshonestos, y por el otro Rebok con sus Gitanos Desalmados. En palabras de Erión: “…El inolvidable Cent, no es más que la noble similitud con su hijo Shal. Y esa, es una de las razones fundamentales por las que el muchacho, del cinto de dibororrenio, es temible. Puesto que Cent’Kas gestó la revolución contra el sistema de antaño, aún cuando se encontrara en desventaja numérica…”

Uno de los consejeros de los Cazadores Furtivos, un anciano con cicatrices en el rostro, el mismísimo Erión contemplaba el bello paisaje con la majestuosa torre que alcanzaba lo desconocido, hacia las nubes.

– ¡Tanta arrogancia! cuando todos pudimos compartir, tal caudal, en el pasado –
– El Ser Humano siempre será arrogante y buscará obtener más que el resto, Erión –

Replicó el Líder.

– Desde mi niñez no he conocido paz en este archipiélago –
– Ha sido nuestro destino, desde tiempos inciertos. Desde que llegamos a las Penurias Sangrientas –
– Quizás incierto para ti. Pero yo he llegado a conocer al testigo más acérrimo, desde el último juicio –
– ¿De qué vale si no has sido tú, Erión? –
– Porque se lo que sucederá cuando el primer hombre muerto se arrastre por la cumbre, hacia las aguas cristalinas –
– No son más que leyendas. En diversos casos han muerto criaturas allí, y el viejo clan que imploraba la paz ante Cent’Kas subió a la torre como cobardes y arrogantes. Nada ha pasado desde entonces, Erión –
– Bestias… o animales. Pero nada peor que la peste humana. ¿Los pacifistas de antaño? ¿Crees que perecieron en el instante? Quizás, ni Cent estuvo tan seguro de ello –
– ¡Por supuesto Erión! No hay nada en esa torre. Solo muerte y desolación –
– Quizás hoy nos respondamos, respecto de ese debate –
– No temo a las leyendas y mucho menos, a esos desgraciados de Jiont y Rebok –
– Lo sé… Ralonte, lo sé. –
– Como si el propio Cent’Kas estuviera a mi lado, en esta batalla contra los débiles –

El anciano se encamino de regreso.

– ¿Hacia dónde te diriges Erión? –
– Estoy viejo para luchar, respiraré mis últimos alientos en el Cráneo Negro –
– No hay salvación allí, sin sobrevivir aquí –
– Sabes que no lo haremos, querido discípulo. Y ahora conoces, al verdadero arrogante –
– Nunca he negado serlo –

La marcha del viejo Erión y el resonar de los sables, impregnaron al Líder una valentía absoluta. Como si su propia sombra fuese su querido amigo Cent, apoyándole en el destino. Cualquiera fuese su resultado.

– Guerreros. ¡Nuestros ancestros nos acompañan en este día! Prepárense para el combate y que estos perdedores conozcan, ¡de que está hecho el indestructible Cráneo Negro y sus Cazadores Furtivos! –

Los gritos de la batalla se pronunciaron sin desenfreno y con el paso de los minutos se oyeron los primeros filos replegarse, chocar ante la intemperie.

– El final, no es más que el principio –

Murmuró Erión, avizorando el monumento al gran Cráneo Negro. Aquél, que a poco se deshacía con el tiempo y se transformaba en polvo.

Al oír los sonidos de los filos, azotándose unos con otros, en una contienda fulminante, Shal’Kas, quién se dirigía hacia el camino sinuoso optó por tomar un camino alterno. Debía pasar cerca del cementerio, un lugar macabro, dónde comúnmente se temía contraer alguna enfermedad. Puesto que las muertes eran algo típico en el archipiélago y una gran extensión de terreno era utilizada para acumular allí los cuerpos sin vida.
Al superar el trecho y correr cerca de las montañas de fallecidos, contempló con cierto lamento las labores perpetuadas por los jóvenes. Tras arrojar a cada ser en ese extenso basurero, repleto de buitres, el espacio se les iba acortando. Y, aunque tuviesen que caminar menos en cada trayecto, el Mar Fantasmal se iba apropiando de la tierra muerta.
Seres de rostros indescifrables, en la lejanía, arrastraban pilas de cadáveres hacia las costas, dónde las olas se iban desvaneciendo y un incesante burbujeo colmaba las playas.

Jasnoth había de ostentar innumerables hordas. ¿Tendrían algún pacto con los Espadachines Dorados?

Tras advertir los rostros pálidos e infecciosos de algunos niños, que siquiera descansaban ante la lúgubre rutina, agradeció ser un guerrero y prosiguió la marcha.

Al rodear las montañas y barricadas con espinas, se encontró con que la entrada trasera al Cráneo Negro no disponía de ningún Cazador Furtivo. Sin embargo, cuando creía que estaba solo y planeaba sustraer algún botín de caza, Erión le sobresaltó.

El anciano yacía de rodillas, mirando hacia la lejana torre.
A su espalda, el muchacho avanzaba con cautela, buscando pasar desapercibido, y con sumo cuidado tomó una espada corta, en su vaina. y otros elementos.

– Siempre se te ha dado bien hurtar, hijo de Cent –

Sorprendido, el joven se detuvo, y perplejo le miró pensando una respuesta. Tras suspirar, gimió:

– Así, me gano la vida desde pequeño –
– Ya lo creo. Lo triste es que los objetos materiales ya no tengan ningún valor, al menos en este sitio –
– Solo hay que saber conservarlos, puesto que pueden ser eficaces para un intercambio futuro –

Erión se giró y escudriñándolo con los ojos dijo:

– ¿Como qué? ¿Qué podrías intercambiar, que pudiera modificar tu estado actual? –
– Y… Veamos… –
– Cuando el tiempo acabe, nada, ni tu propia vida tendrá valor alguno –
– Poseo un barco. Y con el podría largarme ahora mismo –

Respondió Shal’Kas, sin mesura, frotando su frente con la palma de su mano.

Erión, había quedado sin palabras.

– Es solo que nada de esto tiene valor para el intercambio. Necesito al menos doce acompañantes, capaces de seguirme como a su Capitán –

Prosiguió el muchacho y Erión, hecho a reír.

– ¿A caso has estado aspirando alguna hierba, hijo de Cent? Los únicos barcos que llegan hasta aquí, completos, perteneces a los Espadachines dorados –
– Lo juro, abuelo Erión –
– Parece que no solo eres un ladrón y timador, sino un mentiroso –
– Mire hacia el Este, hacia el mar, desviando la bahía de los gitanos y allí lo descubrirá con sus propios ojos –

Erión rió aún con más fuerza, pero la extraña idea no le detuvo a inspeccionar.

Hacia las verdes colinas, abundantes en cultivos, contempló las ruinas donde convivían aquellos lacayos. Y más allá, hacia el fondo, dirigiendo la mirada hacia el propio mar, divisó las extensas velas de un buque. El muchacho no mentía, Romir y Azul aún yacían allí esperándole. A saber por cuanto más….

El anciano quedó boquiabierto. Al tiempo que el muchacho, con frenesí replicaba:

– ¿Lo ve? Yo nunca miento. Bueno, al menos no, cuando se trata de algo tan importante –

Entumecido, Erión no podía levantarse prácticamente y empujó al joven.

– Vamos, Vamos hijo. No hay tiempo que perder –
– Pero… –
– Nada de esto te servirá para ser Capitán, salvo las armas y las agallas que has heredado de tu padre –

Siquiera logró ser escuchado, que el anciano le llevó a rastras y las lágrimas del muchacho se soltaron de sus ojos con soltura. Tantos trofeos, y  tantos botines eran abandonados en cuestión de segundos.

El anciano tenía una fuerza motriz sorprendente, como si hubiera descansado durante décadas para ese día. Poseía energía suficiente como para correr, incluso si tuviera que arrastrar sobre sus hombros al muchacho.

– Espere. ¿Cuál es la prisa? –
– Muy pronto, ni ese barco soportará la ira del Castigador –
– ¿Castigador? ¿De qué habla abuelo? –
– Es importante llegar a ese navío, antes que sea demasiado tarde –
– Aguarde Erión. ¡Usted no comprende! –

No muy lejos de allí, en las colinas que formaban el camino sinuoso se oía la colisión de los filos, mientras los líderes aguardaban a la expectativa, con dos guardias por cada uno. En cambio, Ralonte de los Cazadores Furtivos, había decidido participar en la avanzadilla.
Jiont del clan de los Villanos Deshonestos intervino con su gigantesca masa, un arma tan pesada que podía triturar un cráneo con ambas manos. Pero de cuerpo fornido y grande era demasiado lento contra adversarios como Ralonte, quién prefería los ropajes delgados de cuero y espadas cortas. En tercer lugar, aguardando el turno propicio para intervenir se hallaba Rebok, quien portaba un hacha norteña, probablemente procedente de Jacor. Dónde convivieron guerreros tales, como Zarek el Señor de la Montaña.

Aunque los filos desgarraban la piel, los cadáveres se desmoronaban en el camino y esto les liberaba de la maldición del Juzgador. Pero se hallaban demasiado cerca y, para sorpresa de todos, se pudo oír un alarido procedente de la torre.

– Ralonte, la leyenda… ¡Es verdad! –

Exclamó un cazador.

– ¡Silencio canalla!. Aún no ha caído ningún cuerpo en la fuente. ¡Sigan luchando! –

– ¡Ralonte!! –

Despedazando todo guerrero por igual, el Líder Jiont se abalanzó hacia el frente con su enorme maza. Su oponente, el Líder de los Cazadores Furtivos, cruzó las espadas para retener tan temible presión. Pero era tal, la fuerza, que sus pies se arrastraron por la tierra marcada. Segundos más tarde, se hallaba a pocos centímetros de caer hacia el abismo acuático.

Un nuevo alarido, desproporciono la brisa, desde la torre, y la lucha se detuvo. Solo los líderes mantenían el sagaz forcejeo.

En el cementerio, los jóvenes  cercanos a ser adultos depusieron sus labores para observar, frenéticamente, hacia el caudal. Mientras, Erión y Shal’kas, se disponían a superar el sendero de los muertos.

¿Qué vendrá desde la torre, que ha logrado congelar el odio de las legiones?

¿Quién llevará tal título de Leyenda en el archipiélago?