“…Todo lo que entregues y lo que oses conservar acabará en propiedad de Jasnoth, incluida tu alma…”

La Guerra Venidera ante el Intercambio de Romir

Las noticias no demoraban en llegar al arruinado Cráneo Negro. Se trataba de un área cubierta de huesos y murallas de rocas. Allí el Líder aguardaba el regreso de sus Cazadores Furtivos por el camino sinuoso de fósiles. Un enorme cráneo yacía al ingreso de la fortaleza, y era tan oscuro que inspiraba miedo a los visitantes ajenos.

Ante la llegada de un explorador, los cazadores alzaron el ceño. El clan mas adiestrado de las Penurias Sangrientas no traía alimentos, ni reclutas, ni sobreviviente alguno.

Tan similar a la ancestral guerra contra los Dorados.

– Lord Ralonte –

Acomodándose en su trono de seda, cuero y huesos, el señor del Cráneo Negro dirigió la mirada a sus alrededores. Buscaba con intensidad la presencia de alguien, a su lado.

– La orden de los cazadores ha caído. Han sido asesinados todos, y cada uno de ellos –

Ante tales palabras los guerreros mas fornidos, presentes, se alzaron en guardia. Temían el avance hacia la fortaleza y el inicio de una guerra.

El Líder estiró su mano buscando calmar a sus seguidores, y murmuró:

– ¿Shal’Kas? –

Sin necesidad de responder, el explorador arqueó la mirada al suelo. Ralonte rechinó los dientes súbitamente y levantándose de su trono gritó a los vientos:

– ¡¿Quién se lo ha dicho?! –

Los guerreros permanecieron en silencio, al tiempo que el temible líder se encaminaba hacia el frente, cubierto por cueros de criaturas, alejándose del trono.

– Mi Lord, esto se asimila a una alianza con usted –

Exclamó un anciano consejero, conocido como Erión, cuya piel estaba colmada de cicatrices.

– ¡El Cráneo Negro se alzará! Y juntos les recordaremos quiénes somos –
– ¡Siii!!! –
– ¡A la guerra! –

Los gritos de furia se abrían paso desde la Ciudadela de Huesos.

Desde la frontera, sobre una colina de murales, dos ejércitos de hombres se encontraban ante el reluciente paisaje. El caudal de agua era tan celestial que se asemejaba al paraíso, mientras que la torre de medidas incalculables parecía ser el sendero hacia el mas allá.

Los líderes de ambas tropas, unificaban sus puños en muestra de lealtad.

– El plan ha sido un éxito Jiont de los Villanos Deshonestos
– Siempre es un placer Rebok. Ahora, Gitanos y Villanos podremos desintegrar ese anticuado y maltrecho clan –

Ante el aliento de sus hordas, un explorador llega a prisa.

– Las legiones del Cráneo Negro han mordido el anzuelo. Se dirigen hacia el puerto –

– ¡Muy bien! ¡Gitanos y Villanos!. Ralonte está solo y el Hostigador de Doncellas ha desaparecido durante la gran caza de esta mañana. Unidos, todos, haremos sucumbir a nuestros invasores y nadie podrá detenernos –

Replicó Rebok alzando su puño cerrado y, unidos cada uno de los guerreros, desenvainaron sus espadas para encontrar a sus oponentes en el camino sinuoso sobre las altas cumbres.

Hacia décadas que no se organizaba una guerra tal, y en el propio ¡camino sinuoso!

El peligro era inminente, puesto que como los rumores contaban…

Si un solo hombre caía a las cercanas aguas dulces del archipiélago el temblor iniciaría al despertar el guardián.
Leyendas que se diversificaban entre las voces mas antiguas y prestigiosas de las Penurias Sangrientas.

Al Este, Shal’Kas desconocía tales acontecimientos y, ante una batalla a muerte contra tres gitanos desalmados, la princesa de Brind aparece y reduce las rivalidades. Pero el sobreviviente era tan fuerte que podía cargarse a todos con suma facilidad.
Sin embargo la doncella, de rasgos inocentes, cuyo rostro yacía oculto por un fino velo, parecía estar preparada para extender el combate.

– ¡Hija no! –

Gritó Romir desde el suelo, mientras se esforzaba por tomar cartas en el asunto.

El gitano, furioso, avanzó hacia ella. Mientras Shal’kas contemplaba sorprendido los sucesos.

– ¡Pagarás por esto! –

Tras alzar una rodilla, en guardia, estiró las palmas de sus manos a los lados. Su vestido acentúo el escote al desplegar una rodilla por sobre otra.

Con toda la furia posible el gitano lanzó un corte hacia delante y la dama saltó para esquivarlo. El pesado hombre le superó y, tras el descenso de ella, recibió certeros golpes por la espalda. Grávido porfiado se volteó, pero una patada de la joven le tomó desprevenido y le derribó.

– Sorprendente –

Exclamó Shal’Kas.

La princesa observó de reojo, al tiempo que su larga melena se soltaba y escondía su perfil.
El muchacho, no lo dudo más, y al ponerse de pie se encamino hacia ella.

Al ver tal acontecimiento, Romir blandió su espada, mientras su restante palma arrancó el arpón, que reposaba entre las vísceras del guía.
Entornando la mirada hacia el frente, tardíamente advirtió que el muchacho ya estaba próximo a alcanzar a su hija.

– ¿Cómo te llamas? –

Cubriéndose con el velo, sus ojos le miraron fijamente sin anunciar respuesta alguna. El muchacho sonrió con mayor interés.

– ¡Detente! –

Gritó el Rey, en la distancia.

Ante el resoplar de la brisa, el gitano, quién aún no se daba por vencido se erguía por detrás de la bella doncella y Shal’Kas le arrojó su puñal restante.
Con sumo reflejo, ella, evadió el ataque punzante que asestó en el brazo armado del enemigo. Tras suspirar, la dama propició un codazo al muchacho del Cráneo Negro, quien al bloquearlo consiguió verla desde mas cerca.

Ante las miradas incesantes, el anciano arrojó el arpón y derrotó al resistente guerrero. Luego marchó de regreso hacia el barco.

Shal’Kas alzó sus dedos y logró descubrir el rostro de la dama, tras quitarle el velo de encima. Pero ella, rápidamente, se agacho y le empujó tras propiciarle un puñetazo al torso, mientras la oscura cabellera cubría su delicada piel facial.

Sin pretender desistir, el muchacho se preparaba a retomar el aliento cuando, de pronto, el filo del sable portado por el anciano se detuvo delante de su cuello.

– ¿Q… Quién eres? –
– Retírate muchacho –

Replicó Romir.

Ante el acontecer, el gitano fue capturado por unas funestas extremidades que sobresalían de entre el barco y el mar.

– ¿Qué ha sido eso? –

Exclamó ella repentinamente y, en cuestión de segundos, el malherido gitano se sumergía bajo la quilla.

Espectros

Murmuró el muchacho.

– No es posible –

Añadió el anciano atemorizado.

Aunque el filo estuviera a punto de rebanar su cuello, el muchacho murmuró sonriendo.

– No pasará demasiado hasta que aquellos brazos hundan ese barco, lo he visto antes –

– Debemos irnos, padre –

El Rey Romir bajo la mirada y soltó al bandido.

– No podemos –

La dama le observó con desdén, al tiempo que con sus finos dedos separaba su cabellera, asimilándose a una extensa cortina.

– Por ello, los espadachines dorados liberan sus residuos y se retiran velozmente. Lo que desconocen es qué con cada muerte el Mar Fantasmal se está ampliando –

Procedió Shal’Kas y el anciano asintió con pesimismo.

– ¿Espadachines Dorados? –

Azul miraba perpleja a ambos y su padre no demoró en acercarse a su hija para regresar a la embarcación.

– Si, son caballeros con espadas de oro –
– Pero padre, tu eres –
– ¡Silencio! –

Romir posó sus dedos en los labios de la dama, quién acentuaba la duda al respecto.

– ¿Qué quieres por ese barco? –

Gritó Shal’Kas desde la distancia.

Y la caminata de los Nobles de Brind se detuvo de forma instantánea.

Romir soltó a su hija y se giró de espalda.

– Tu no podrías navegar este galeón por ti solo, sino yo ya me habría marchado lejos de aquí –
– Lo se. Y cuanto mas demores Jasnoth sabrá que estás a su merced –

– ¿Jasnoth? –

Preguntó ella.

– Bien… –

Suspiró Romir y finalizó:

– Lo entregaré cuando sean al menos poseas doce voluntarios, bajo una condición irrevocable –
– ¿Condición? ¿No pedirás ninguna de mis riquezas? ¡Soy el Ladrón mas reconocido de las Penurias Sangrientas! –

El hombre negó de modo impulsivo y refutó:

– Nos llevarás a nosotros hacia las Sierras de Feror.
– ¡De acuerdo! Iré por mis camaradas –

El joven sonrió lleno de gloria y se retiró en busca de sus puñales, para mas tarde dirigirse hacia el Cráneo Negro.
Su sueño estaba a punto de concretarse gracias al Rey Romir,

“… Navegaría los mares sin destino,  
conocería el mundo exterior.
Recibiría el buque que lo haría Capitán.
Un Pirata sin más conocimientos previos,
Un Pirata de las Penurias Sangrientas …”

Pero antes de lograr su cometido conocería el juicio en sus tierras, por la guerra que estaba a punto de gestarse en los caminos sinuosos de las altas cumbres. El lugar menos propicio para una matanza al borde de las hermosas aguas cristalinas. 

¿Logrará Shal’Kas tal meta? o ¿Acabará Jasnoth atendiendo la presencia de la barca antes que él?