La Guardiana de Anrefar – Capitulo I

por | Mar 31, 2016 | La guardiana de Asgrad, Relatos

Despertar frente a la incógnita del alma

El cielo amanecía hermoso, cuando al separar sus lisos párpados y abrir sus ojos, Aniel, una delgada joven comprendía que había despertado de un sueño eterno. Quien sabe que le habría sucedido, de donde provenía… Sin más rodeos se alza sobre las bellas hierbas de Pleta… Tan suaves y perfumadas, un lecho perfecto de paz y descanso.
La joven de clara tez y cabello relativamente corto dirige su mirada hacia un hombre que todo el tiempo cantaba al aire un nombre… Elías. Llena de aliento se acerca a hablar con él, mientras se despeina por una leve brisa.

-¿Quizás sería ese su nombre real?-

– Elías: Nuestras vidas ya no son tan libres como antes. Ahora nuestro destino depende de criaturas que conviven en nuestro mundo. Destruyen fríamente la belleza que nos contiene y no queda más que tristeza a nuestro alrededor.

Confundida la joven de flojos ropajes observa entre la naturaleza… Los árboles apenas podían mantenerse erguidos, llevaban heridas en su piel. Las granjas parecían ser saqueadas por misteriosos animales, mientras los pocos aldeanos que aún convivían luchaban tenazmente por quitarlos de su alimento diario.

– Aniel: ¿De donde vienen esas criaturas? ¿Que ha sucedido en tan bello lugar?

– Elías: Todo es culpa de los Demonios de plumas negras.
– Aniel: ¿Demonios? ¿Quienes son ellos? ¿Por qué harían esto?
– Elias: El tiempo apremia jovencita… Quizás tú puedas ayudar a los guardias de la luz y sanar las heridas que en nuestra naturaleza subyacen.
– Aniel: Pero… ¿por qué yo?.
– Elías: Llevas el emblema de una de las legiones mas respetadas en nuestra raza… ¿Lo ves?

El hombre atónito señala un emblema en su hombrera derecha. Quizás la habría tenido de antes? Sin recordar quien fuese en el pasado ni como llegara allí, la joven decide seguir el último rastro que los dedos del hombre señalaron, luego de apuntar a su emblema. El norte, un camino sin rumbo por un pasadizo entre arboledas de gran estatura y encantados matorrales a su alrededor.
El hombre, por su parte, prosigue cantando su respectivo nombre con énfasis entre el silencio de la naturaleza.

A medida Aniel daba un paso al intrigante destino, parecía desvelarse entre los misterios del bosque. Como si su mente hubiera sido borrada por completo, retornaban visiones de recuerdos tan vividas que incluso podía respirarlas. Pero la incógnita seguía presente: ¿qué había sucedido?… ¿Quién era?

¿Tendría razón ese hombre?.. ¿Sería todo culpa de los… fortuitos Demonios?… O la inestabilidad natural de sus acciones habría provocado el avance de alguna clase de peste. Las criaturas no parecían ser más que, animales de rojizo pelaje que compartían territorio con nosotros.
El sendero poco a poco se tornaba angosto y entre sus dudas paulatinas la joven encuentra a un guardia protegiendo un inmenso portón de hierro. Los únicos caminos ajenos a este llevaban a la naturaleza. A simple vista parecía una antigua fortaleza, donde lo más atrayente era el resplandor de los rayos solares iluminando completamente todo el bastión. Un fresco aliento a paz se hacía sentir detrás de los murales. Caminos eternos con una nítida corriente de agua que se chamuscaba entre las rocas de una montaña. Parecía ser un torreón de inmensa plenitud alzándose al cielo.

A poco la confusión era latente sobre la joven quien pensaba que, quizás, al ingresar allí todos sus recuerdos regresarían al día y entendería quien era, que hacía en ese lugar, cuales eran sus objetivos… No alcanzó a posar sus dedos sobre el gran umbral que detuviera el estrecho camino, que el guardia detuvo su paso llevando su enguantada mano sobre el emblema, que tiempo atrás ella conociese en su propio cuerpo. De alguna manera el guardia produjo en una extraña conexión que inexplicablemente le atraía a recuerdos más vagos pero de absoluta vivencia.

– Guardia: ¿Jovencita?.

Los recuerdos aparecían y desaparecían… la voz del guardia se tornaba asfixiante y el sentimiento de confusión la privaba prácticamente de respiro. Como si estuviese sonámbula, sentía poder caminar en sus propios recuerdos. No veía más que un trazo fino, un sendero oscuro completamente lleno de plumas blancas.

– Aniel: Plumas?…

Las plumas le guiaban a un horizonte totalmente oscuro, cuando sin querer al posar sus pies sobre una zona donde no albergaba ninguna de ellas se veía caer desde lo alto hacia un precipitado abismo.

Atormentada despertó de pronto, se sentía herida y sus labios se entre abrían suspirando agotados. Como si hubiera recorrido un gran desierto y los minutos hubieran durado una eternidad. Toda la agonía de su cuerpo se reconstituía en segundos. Parecía sentir un peso invasivo en sus hombros, un cansancio inexplicable.

El Guardia aún permanecía allí, y preocupado por la salud de la aventurada señorita se quitó su casco dejando entrever su larga melena rubia. Un cabello tan claro que con los destellos del día parecían iluminar cualquier ocaso. Allí mismo Aniel conoce su propio cabello de color variado, un rubio oscurecido o más bien un castaño claro.

– Guardia: ¿Te encuentras bien?.
– Aniel: No sé que es lo que sucede…
– Guardia: Cuando la naturaleza de nuestro mundo es herida, el dolor recae sobre nosotros que también formamos parte de ella. Es un tiempo de cambio en el que es menester desentrañar la paz interior y dejar las guerras que azotan al mundo.

Con un denso suspiro el hombre deja entrever profundos cortes en su armadura y rápidamente lo oculta con una blanquecina capa.

– Guardia: Es una pena que dichas palabras sean intolerables a la realidad. Las diferencias sociales prosiguen y el futuro se torna lastimoso a cada segundo.

La joven alza su rostro confundida hacia el guardia.

– Aniel: ¿Que?
– Guardia: En fin… Me alegra mucho saber que sigues con vida Aniel.

El soldado parecía conocerla incluso más que ella misma. ¿Que sucedía en esta simbólica intriga?

– Guardia: Solo pasa a nuestra Capital, Ciudad de la Luz… Cuando encuentres a tu líder, él te explicará todo.
– Aniel: ¿Un Líder?… ¿Ciudad de la Luz?

El guardia abre el gigantesco portón de repente, haciendo un sonido estruendoso entre la naturaleza, y el ambiente cambia instantáneamente a los ojos de la aventurera. Como si estuviera en otro mundo. Un sendero alfombrado de piedras, delgados umbrales a los lados del paso, numerosas tabernas. Guardias por todas partes, vestidos con sus resplandecientes armaduras de plata. Y el inconfundible sonido del agua limpiando desde las profundidades los malos humores del día.

¿A caso ella habría formado parte de estos guardias o habría cumplido otro rol en dicha Capital?

Al ver un soldado blandiendo una espada y un escudo en el interior, Aniel nota de pronto un escalofrío en todo su cuerpo, como si se sintiese identificada con él.

No parecía tener nada en claro, pero aun así se adentraría en la luminosa ciudad. En busca de un líder del que desconocía su nombre, de la verdad y su destino en este mundo.

…Quien era…

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