ACTO XIV

 

La clase estaba a punto de iniciar, pero la docente aún no había llegado. Todos los compañeros aguardaban en sus respectivos sitios, cuando la puerta cedió ante la aparición de Ren.

¡Buenas tardes a todos! Exclamó con una sonrisa.

Notó la presencia de todos, allí dentro, mientras algunos sostenían la cabeza con la mano.
Sin perder la esperanza volteó la mirada hacia el fondo, al tiempo que su celular vibró generando un ruido ante el repentino silencio.

Como días anteriores, su lugar y el de Alexa permanecían vacíos. Un escalofrío le recorrió tras la espalda al oír su nombre.

¿Me permite pasar Ren?

S… Si…

El muchacho se hizo a un lado y la académica ganó espacio, para avanzar hacia la pizarra. Luego él se encaminó entre sus compañeros hacia donde solía sentarse y allí saludó nuevamente a Tina.

Hola Ren ¿cómo estas?
Hola Tina. Bien gracias ¿y tú?

El sol destellaba con presencia en el ventanal y, como si por arte de magia se tratara, todos se veían mas animados.

Pero el aún observaba de reojo hacia la puerta.
La clase iniciaba, finalmente, tras una novedad diaria de la docente.
Todos sonreían, excepto él que se hallaba perdido y ansioso.

Los minutos eran eternos…

Ren contempló su celular un leve momento, mientras oía de fondo una anécdota sobre la profesora.

“Eran las 7 de la mañana recién y mi hijo aguardaba a que despertara con una bandeja, con el desayuno servido”.

Pero ¿Qué edad tiene? Preguntó alguien de repente.
6 años Respondió ella.

De pronto el salón se completó con muestras de cariño. Como las jóvenes, cuando se cautivan ante una dulce escena de una novela.

¿Ya de pequeño trabaja tanto? Cuestionó el mayor de los compañeros. Aquél que solía espiar a las jóvenes del aula alterna.

Lo habrá preparado el padre Añadió una de las compañeras.
Si, es un amor Sostuvo la docente.

Ren no reaccionó, siquiera, ante las conversaciones y Tina le observaba tratando de comprender las razones de tal seriedad. En determinado momento tomó la iniciativa y le consultó:

¿Te encuentras bien?

Él asintió sin atender su mirada.

Está esperando a alguien Exclamó la mas joven de sus compañeras, mientras tapaba sus labios con las manos y se podía oír su risa entre suspiros.

Su largo cabello rubio superaba sus hombros. Ren arqueó el ceño, al tiempo que le avistaba a un lado. Le reconocía de días anteriores, se trataba de la solicitada chica del celular.

Parecía como si aquél aparato pudiese comunicar mas, de lo que expresara por si misma. ¿O quizás no?
Este día debía ser especial, puesto que la joven rompía el silencio con su simpatía.

Hola, pueden llamarme Nuria
¿Cómo estas Nuria? Contestó al instante Tina.

No bastó demasiado tiempo para imaginarlo.

La pequeña reía mientras notaba la atención de Ren hacia la puerta, Tina ni siquiera lo sospechaba.

El muchacho suspiró de pronto y se dispuso a escribir su cuaderno. Si bien parecía un dibujo, no demoró en detenerse tras diagramar las diagonales de una pirámide.

Nuria calmó un momento las carcajadas y curiosa se acercó junto a él. Detrás de ambos la otra compañera parecía molesta, puesto que su estatura le impedía ver a la docente.
La simpática joven arrastró sus dóciles dedos por sobre el borrador del muchacho y le susurró:

Me llamo Nuria. No Anuria

Ren reaccionó de pronto y, al verla tan cerca de él, por poco cae de espalda. La sonrisa de la compañera le intimidaba.

¿Qué es lo que haces? Exclamó Ren al tiempo que se acomodaba en el respaldo.
¿Tu qué crees?

El muchacho le observó confundido y ella simplemente le guiñó un ojo y regresó a su lugar. No demoró en tomar su celular y contestar a algún admirador.
Ren se vio de pronto, sudando, ante la atención directa de la docente. Nuria reía por lo bajo, y por otra parte el rostro de Tina denotaba incomodidad.

Imposible la falta del clásico gesto “ups”, asimilado por ella.

¿Has terminado Ren?

Él asintió, entretanto su birome remarcaba un punto junto a la letra “A” en su cuaderno.

Inevitablemente, algunos compañeros voltearon a verlo. Y el picaporte aún no cedía ante su expectativa. El silencio de aquella puerta le embarcaba en un túnel sin precedentes.
La ansiedad carcomía sus labios, al punto de resecarlos. Por poco pensó que el resto sospecharía y frotó su mano por la hoja, escondiendo así la letra que ilustraba.

El compañero de lentes notó su movimiento y le miró detenidamente, desde la otra esquina.
Ren sabía que no era mas que producto de la angustia, pero igualmente temía ser descubierto ante el extraño sentimiento.

Aunque llevaba buen tiempo sin sentir tales reacciones, puesto que pasaron montones de años hasta que el apetito al romance retornara se apoderara de él. Igualmente estaba confundido y la ausencia no hacia mas que desarmarlo..

¿Tanto te habrían magnetizado aquellos ojos? ¿Esa indescriptible mirada?

La atención y el silencio se deslizaron ante el atardecer. Nuevamente la docente tomaba la palabra y aunque Ren la oyera, su mirada no se despegaba de la puerta.

Ya el sol se despedía. Quizás ella no aparecería esta vez.

En toda esta semana hemos dialogado suficiente sobre la autora, sus obras e incluso parte de su vida. Quisiera que utilizando todos estos recursos preparemos el primer trabajo práctico

Los rostros de los compañeros se paralizaron unos instantes y no era efectivamente por el inicio de la noche. La académica procedió con su diálogo:

– Será evaluatorio, para que vayan haciéndose una idea a que se dirigirá el examen. Pueden acercarse a la biblioteca del instituto para investigar y tienen el fin de semana por delante –

Me arruinó el fin de semana señora Clamó el mayor de los compañeros y todos rieron de forma masiva.

Ren estaba admirando la aparición de la luna llena en el cielo y aunque oía perfectamente al resto, parecía como que la ausencia de ella le había desconectado.

– Qué sucedió hoy Alexa? –

 

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