Años de esperanza eterna,
se retiraban, raudos, como el viento.
Ante la estrecha añoranza,
de impregnarme con tu aliento.

En las noches de un verano,
las memorias del encuentro.
Indiscretas cavilaban,
la indecencia de semejantes.

Ay! Que fuese de mi por horas,
sinceros impulsos en ceguera adyacente.
Y finos los pétalos se soltaban,
la margarita perdía sus dientes.

Contemplaba el amor sin cuerdas,
el sentido virulento del afecto.
Y ahondaban los chismes en creces,
pues se jactaban, de conocernos.

Así las miradas se perdieron,
y las ráfagas de pasión enmudecieron.
Un inmenso vacío me invadía,
y tu recuerdo ya, no me pertenecía.

Años se revolvían solitarios,
ni me arropaba la frágil melancolía.
Agitados, duros y desiertos,
en ciclos, los lapsos perecían.

Y en los sueños te descubría,
con la floreciente calma de tu ser.
Siempre transparente y única,
de sonrisas y dulces lágrimas.

Pero eran solo ilusiones,
indolentes recuerdos del subconsciente.
Eran trucos para engañar,
al dócil y ávido corazón.

Rememoraba en asiduas ocasiones,
contemplaba su esbelta figura.
Aquella, que ahora era una doncella.
y quién al verme, se esfumaba.

Pero en alba su rumbo había cambiado,
no eran sueños contagiando promesas.
En la distancia me observaba,
y finalmente podría platicarle.

Acaso, incluso, besarle…