“…La ciega ira ante el desenlace de la tragedia…”

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La retirada de las caravanas era constante. Un centinela descendía por el empinado pico y la tormenta de nieve levitaba sobre él. A poco sus veloces pasos se convirtieron en un ágil arrastre sobre la blanca superficie.

En la distancia, logró divisar una tienda. De aquél lugar provenía el grito interminable de una joven. Las lonas levitaban y poco a poco la perspectiva del hogar se agrandaba, frente a su mirada.

– ¡Ayuda! ¡Ayúdenme por favor! –

Ella gemía sin descanso. Sin mesura, el centinela saltó a pocos metros de la caída. La idea de la sombría figura a su espalda lo sumía en la adrenalina.
Temía que el Nórdico, por mas fuerza que confiriera, no resistiría un ataque de esa criatura. Y con el paso de los segundos le alertaría por detrás.

Al finalizar el declive se revolcó numerosas veces sobre la nieve y, al detenerse finalmente, alertó la sombra abalanzarse sobre la colina nevada.

– No hay suficiente tiempo… –

Sus dedos aprisionaron el arco e irguiéndose se dirigió hacia la tienda.

– ¡Oye! ¿Te encuentras bien? –
– ¡Ayúdame! –
– ¿Qué ha sucedido? –
– N.. No puedo moverme –

La tienda se desmoronaba y los escombros estaban sobre ella. Una joven de cabello café y ojos tan azules como el cielo se encontraba sobre la superficie. Su pierna estaba atrapada con un amoblado de madera y diversos objetos tendidos.

– Resiste.. –

Tras soltar el arco, Semnurd se esforzó por liberarla y, con desconfianza hacia sus ropajes de cuero, ella no le perdía de vista.

– E.. Eres un.. –
– ¿Nórdico? –

Asintió ella y sus labios temblequeaban. Desconociéndose si se trataría debido al frío, o al miedo.

– No. Me llamo Semnurd, soy un viajero de Ingub –
– Vaya.. Eso suena, de veras, mucho mejor –
– ¿Cómo te llamas tú? –
– E… Ellis –
– Que bonito nombre. Bien Ellis debes contener tu respiración y, en cuanto alce esto, tendrás que girarte a un lado –

Él no tuvo que verle a los ojos para confirmar su asentimiento, ella intentaba liberarse a costas del vigor del muchacho. Quizás ya llevaría horas haciéndolo y aunque él manoteara el mueble con la manos, sus pies resbalaban por la nieve.

– GNN… ¡Cede, cede por favor! –
– No tiene caso, estoy perdida –

Replicó ella y las lágrimas se embarcaban por las curvas de su afligido rostro.
Al ver tal tristeza, Sem recordó a su hermana y rechinó los dientes, para luego esforzarse con mayor ímpetu.

– Be.. Bera –
– ¿Qué? ¿Quién es ella? –
– M.. Mi hermana –

– ¡UGHHH!! –

Un grito sonó de pronto a pocos metros, sumado al impacto de un pesado cuerpo sobre la nieve.

Sem liberó sus esfuerzos y tomando el arco agitó una de las lonas. Al sobresalir advirtió al Nórdico que estampillaba la superficie blanca de espalda. Había sido tal la colisión que logró un hundimiento con la carga.

– ¿E.. Estas con vida? –

Dos mazazos resonaron mas tarde y se ensartaron a los lados de su cuerpo. Se trataban de las hachas.

– Debiste haber ido por Bera –

El muchacho advirtió que, una vez más, la penumbra avanzaba sobre él y los sobrevivientes corrían atormentados gritando de forma desaforada.
Sus manos no lograban sostener el arma con firmeza, y a punto de oír las súplicas de Ellis, regresó a la tienda y posó su manos en los labios de esta.

– S… Silencio –

Ella, perpleja, avizoró como la luz se desvanecía en los alrededores.

– Me quedaré contigo, así muera por ella. Confía en mi –

La prisionera asintió y Sem notó como el cuerpo del Nórdico se levantaba a través del trasluz que se formalizaba en la transparencia del lienzo.
Ilusionado, creyó que el hombre enfrentaba a la abominación. Pero de repente descubrió que Zarek se alzaba demasiado alto.

Una inevitable colisión se produjo desbaratando la tienda, a tal punto que liberó a la dama. Ante la intemperie Sem permaneció inmóvil, deseando que aquella criatura no le hubiera atisbado jamás. Los escombros, en ese momento, aplastaban al Nórdico.

Ante el grito de la muchedumbre, un nuevo rugido se oyó mas cercano. El mismo produjo una extraña vibración en el aire y, la monstruosidad, se retiró finalmente hacia el Oeste.

– ¿Te encuentras bien? –
– S.. Si, gracias. ¿Qué ha sido eso? –

Sem le asistió aunque aquella última incógnita le confundía. Al voltearse percibió los desechos. No se notaba siquiera un detalle de la presencia de Zarek y la amenaza parecía haberse desvanecido en el horizonte. Luego, tomó su arco y se dirigió a su primer objetivo. En ese momento ella comentó:

– ¿Quién es él? ¿Le conoces? –

Una mano sobresalió de entre el tumulto y cerrando los dedos intentó liberarse.

– ¡Debemos ayudarle! –

El muchacho tomó una flecha de su carcaj y apuntó el arco al frente. Ignoraba súbitamente que ella estuviese detrás, y su cambio de personalidad era notable.
Los escombros se separaron segundo a segundo. La gélida brisa acentuaba, de forma audible, el paisaje helado.

– El… –

Murmuró Sem.

Ellis pasó a su lado y se dispuso a quitar los objetos con sus manos, tratando de ayudar al hombre.

– El es un Nórdico –

Proseguía el muchacho confundido, y la dama repentinamente retrocedió. El temor se apropió de ella nuevamente.

– B.. Bera –

Tras soltarse suficientes objetos, Sem advirtió a Zarek ileso, al frente, y le apuntó un proyectil.

– Espera –

Exclamó ella, y resistiendo el miedo se interpuso entre ambos.

– Quítate de en medio, Ellis –
– Sé lo que él es.. Pero –
– ¡Que te quites! –
– ¡Él me salvó la vida! –
– Ni siquiera se ha enterado. ¡Muévete! –

Ella asintió dejando la vía libre, y el hombre de melena rojiza se puso de pie gruñendo. Leves rasguños marcaban su cuerpo, y su pantalón de cuero yacía rasgado, dejando entrever su muslo desnudo.

– ¿Por qué lo haces Semnurd? –

Murmuró la joven entre nervios.

– No falles hermano de Bera –
– ¡No metas a mi hermana en esto! –

Sem cargó el proyectil con mayor resolución y el guerrero del Norte siquiera pestañeaba frente a sus ojos.

¿Qué decisión tomará finalmente el muchacho?