“…Ante el silencio cruento, sus pasos se hicieron oír y su aliento era ausente…”

El Violento Stev

Ante la misteriosa odisea de la tarde, el árido terreno yacía constantemente iluminado por el resplandor solar. El borrego cazado aguardaba en algún lugar, recostado, con un ojo abierto. Parecía contemplar lo que se avecinaba.
Galopes replicaban en consonancia, jinetes se aproximaban y sus gemidos se hacían oír con libertad.
Entre los tantos, uno que conservaba el aliento, silbaba como si acompañara la salvaje campaña.
Corceles relinchaban con soltura, ningún hombre hablaba. Sus fijas miradas atendían hacia el frente, buscaban algún rastro negro en el horizonte que les guiase hacia el culpable del secuestro de Helen DeathTrick.

En la distancia, el Fantasma de Runfenir apresuraba la marcha de su caballo al tiempo que la niña, culpable de todo el conflicto, observaba en silencio al joven vaquero. Este mantenía la vista hacia el paisaje superado.

– ¿Cuál es la prisa? –

Preguntó, de pronto, y la niña se sorprendió al volver a oír su voz tras el diálogo pasado.

– ¿Aún no les oyes? –
– ¿Oír qué? –

Contestó la niña, sorprendida.

– El ambiente augura una batalla. Sus oídos no están acostumbrados, pero un corcel, siempre, lo presiente –

Tal como sus palabras, el caballo relinchaba y sus orejas, en alerta, constataban un mal posterior.

Ignoran do la presencia de DeathTrick, Andy miraba detenidamente al animal. Antes de regresar la vista a su espalda, oyó los gritos de los bandidos, distantes y forzados.

– ¡Arre, Arre! –

Helen, atraída por el griterío, alzó la mirada por sobre el hombro del joven vaquero y avizoró a los rudos demonios de Drill que se acercaban a gran velocidad. Desde el centro y frente de la manada, lideraba Wes’Har, con el rostro oculto debido a su sombrero. Pero sin dudas, la niña preveía su macabra mirada de asesino.

– Ya les veo –

Gritó el muchacho.

Y suspirando, Erabo detuvo la marcha bajo una leve colina.

– ¿Qué es lo que haces? –
– Corran y al atravesar esa colina verán el Rigor Lejano –
– Pero… Tú… –
– Yo no me perderé este duelo, ni tú participarás en el –
– ¡pero! –
– ¡Aprisa chico! –

Rápidamente Helen desmontó y, tomando de la mano a Andy le obligó a seguirle, sin embargo el joven aprendiz no planeaba perder de vista al jinete negro.

– Espera Erabo. ¡Déjame ir contigo! –

El Fantasma de Runfenir acomodó su sombrero, sin siquiera ver al muchacho, y tras patear su corcel avanzaba mientras sus dedos rozaban las colt.

– Estas loco si crees que puedes enfrentarlo solo –

Exclamó, de repente, DeathTrick.

Así se retiraba el forajido del panorama, y a la distancia los demonios de Drill alertaron la llegada del siniestro pistolero vestido de negro.

– Allí está él –

Sentenció uno, de entre los lunáticos, y Wes, apenas, alzó su sombrero y murmuró:

– Cabrón… –

Los silbidos de Naher aún resonaban ante el prolongado galope y luego se oyeron los revólveres y escopetas ser cargados para el tiroteo que se avecinaba.

– Pobre desgraciado enfrentarnos él y solo –
– Acribíllenlo. Es mira certera –

Bandidos cubiertos de paños bajo la nariz asentían, mientras sus miradas se fijaban al frente y la escena parecía prepararse ante la atención lejana de Andy.

– Crucemos la colina –

Insistió la dama, ante la atención encarnizada de Andy BlackHawk. El muchacho negaba y DeathTrick le zamarreaba del brazo.

– Si nos quedamos aquí, Wes’Har te asesinará –
– ¿Por qué te importa? –
– No quiero regresar –
– Entonces ¿Eres su prisionera? –
– Soy su legado –
– Viene de familia la crueldad… –
– ¡Él no es mi padre! –

Y con mayor fuerza, la niña tironeaba para arrastrar las botas del pequeño. Sin embargo acabó tropezándose y lamentando haberle insistido.

– Lo sé… Lo sé… No eres tan fuerte, después de todo –
– Si quieres morir, solo hazlo –
– No sucederá –

Siquiera le oyó responder, que DeathTrick superó la colina y advirtió el oculto horizonte, al tiempo que Andy contemplaba la llegada del jinete negro hacia los Demonios de Drill.

Mientras tanto en Colmena de Drill, una serie de hombres fabricaban la dinamita mezclando la pólvora y depositándola en el interior de envases de cartón. Asimismo, cerraban la boca del mismo estirando una mecha fulminante. Las que habían sido terminadas, aguardaban en la orilla de una mesada de roble, distantes de los hombres y de la presencia solar.
Allí, el anciano que distribuía las municiones observaba la producción con una sonrisa en sus labios.
Al ingreso de la tienda, las cortinas se movilizaron de pronto, y un furioso Jor’Mont hacia su entrada. A poco los fabricantes alzaron el ceño, ante su llegada altanera.

– ¿Cómo va todo, Demonios? Debemos partir pronto hacia el Comadrón –
– Pero… ¿A qué se debe la prisa? Debería usted esperar noticias sobre su hija… –

Respondió el hombre que aconsejara dinamitar el pasaje, camino al pozo de agua en Comadrón. A su lado, aguardaba su inquieto hijo, por quién el Líder fuese advertido sobre el secuestro de DeathTrick. Parecía más nervioso por temor que por su notable inquietud para arrojar piedrecillas.

– No tienes de que preocuparte Dean, si Helen no está aquí para el momento en que regresemos tendremos la excusa suficiente para preparar la invasión hacia el Rigor Lejano. Después de todo, también, debemos controlar el pozo de Agua hacia el Este –
– Si es que sobrevivimos a los asesinos del Comadrón –

Respondió, con ironía, un bandido, ante la mirada despectiva del Lider. Una sombra se avistaba por detrás de la lona, de enorme tamaño corporal.

– Las dinamitas serán suficientes –

Exclamó Dean, a medida palmeaba la espalda de su hijo para que observara hacia otra parte. El sudor se abría paso por su frente, ante la siniestra mirada del Líder de los Demonios de Drill.

– Dicen que los asesinos de Comadrón poseen ojos tan negros como la noche, y protegen el pozo de agua con sus vidas. Es como si para ellos se tratara de una religión ancestral –

Proseguía el hombre, a medida amasaba la pólvora.

Faltaba más, Jor’Mont bajó la mirada y murmuró:

– Has estudiado mucho sobre ellos –
– Son asesinos legendarios, señor. No tendríamos oportunidad alguna contra ellos –

El Líder rechinaba los dientes, al tiempo que su sombrero le ocultaba la mirada y el resto de los hombres dejaban de trabajar para observar estupefactos al compañero. Sonriente, éste vacilaba:

– Siquiera podemos derrotar al Rigor Lejano, e imaginan vencer a esos hombres que han nacido portando cuchillas en sus manos durante generaciones desconocidas… –

El padre del muchacho, Dean, que observaba la cantidad de dinamita alojada en la sombra de la mesa, murmuró de pronto:

– Si Wes estuviese aquí… –

Una risa se escapó del bandido conversador y suscitó:

– Ese solo es un niño rebelde. Si lo que su hijo dijo es verdad, entonces enfrentarán a otra leyenda. El Fantasma de Runfenir no se trata de un simple hombre contra un simple pistolero. Solo  un creyente de espíritus, y que no les tema, podría enfrentarlo. Hasta los asesinos del Comadrón temen a los espectros… –

– No son más que rumores, que fabricas para entorpecer la moral de mis hombres –

Respondió Jor’Mont y, tras voltear la mirada a las lonas que apenas eran empujadas por la brisa, se oyeron los zapatos del temible y corpulento mercenario.

El hombre sospechaba que algo andaba mal, puesto que el ambiente se tornaba silencioso. Apenas si podía oír la correntada permanente del viento y un viejo molino replicar en el fondo audible.
Tras dejar la pólvora sobre la mesa, observó de lado y advirtió que el resto de los hombres siquiera estaban sobre la mesada, trabajando. Por otra parte, el anciano que repartía las municiones se hallaba en la punta de la mesa, con una sonrisa amplia y resplandecientes ojos. Tal alegría parecía contagiada por el disfrute de las decisiones trágicas.

Ya era tarde, sin embargo el hombre, presintiendo un desenlace abrumador, se volteó anunciando:

– Señor… y… yo… –

Y antes de percatarse, un cuchillo de hoja ancha atravesó su cuello. Tanta fue la agresividad de la acción que el hombre fue empujado contra la mesa y sobre la pólvora.

Ante  la sorpresa de todos, el corpulento hombre desenfundó una colt y la apuntó a la frente del desdichado. Éste, asimismo, balbuceaba entre gimoteos y su cuerpo temblequeaba sin detenimiento. La sangre chorreaba por doquier, e incluso se mezclaba sobre la mesa de trabajo.

Dean, el traidor del Rigor Lejano, observaba la carnicería sin palabras y, con ella, la armónica mirada de aquél sádico forajido que poseía una cicatriz a lo largo de su ojo derecho, hasta la comisura de su labio.

– Olvidaste una leyenda –

Exclamaba Jor’Mont, al tiempo que el hombre observaba al asesino y asentía. Más bien no se sabía si reconocía su error o deseaba que el forajido acabe con el dolor de su víctima. Sin embargo, el mercenario se volteó de espaldas y enfundó su revólver. Sonreía ante las aterradas miradas del resto. El gimoteo permaneció constante unos minutos, hasta que murió con los ojos bien abiertos. Se hallaba contemplando la espalda de aquél carnicero.

– El Violento Stev

Coronaba en palabras, Jor’Mont. Y tan pronto pronunció su nombre, el asesino regresó, desenterró el cuchillo de entre la carne del cadáver, rozó el filo por sobre el cabello del mismo, envainó y se marchó hacia fuera de la tienda.

– S… Siquiera ha dicho palabra alguna… –

Murmuró uno de los trabajadores que se encontraba tan asustado como si hubiese descubierto una extraña aparición en la noche.

Siquiera, incluso, se oía respiración alguna ante los pasos de Stev, mientras el viento soplaba incesante y el lejano molino replicaba.

– No hay peor cosa que un cobarde, que incluso alienta al enemigo con palabras denigrantes contra nuestra campaña –
– Y en un momento tan trágico como éste… –

Respondió Dean, al Líder ante la palidez de los trabajadores.

– No existe mejor momento. Incluso si la hija de los demonios es invitada al Rigor Lejano, el triunfo se avecina –

Refutaba, Joir’Mont acomodando su sombrero para observar intimidante al viejo Sherif.

Sus palabras no eran equívocas, tras superar la colina Helen, con su vestido blanco, se encaminaba hacia el paisaje más tentador de Runfenir. Allí, donde las aves revoloteaban sobre un pueblo amurallado y el mar resonaba a espaldas del mismo. Sobre una torre de control, un hombre avizoraba a la solitaria niña y, ante el percance del resto de los oficiales, gritó:

– Una inocente niña se acerca desde el oeste –
– ¿Está sola? –

Respondió uno de los Sherif ante la innumerable gente que paseaba por los senderos de la Aldea.

El hombre asentía y, antes de tomar el asunto con mayor seriedad, el público se arrodillaba ante la llegada de un gordinflón vaquero.

– Una dulce jovencita, lejos del paraíso creciente del Rigor Lejano. Abandonada por el salvaje terreno de Runfenir… ¡Abran las puertas! ¡Salvemos a la pequeña de su desdicha! –

– Podría ser una trampa, Don Canet –

Exclamaba uno de los oficiales, entre los aldeanos.

– Una niña no podría ser el yugo de la maldad. ¡Abran sus ojos y denle una calurosa bienvenida! –

Y tan pronto las puertas se entornaron, los aldeanos se irguieron y corretearon de un lado a otro, como hermanos esperando la llegada de una huérfana.

Sin embargo, ante el atardecer, la niña de vestido blanco sonreía. No exactamente por el cariño de los desconocidos…

¿Qué intenciones ostentaría DeathTrick? ¿Cómo finalizará el combate abierto entre Wes’Har y el Fantasma de Runfenir?