“… La travesía de Daghol, sería el preludio de la existencia del hijo de Cent’Kas …”

El Pirata de las Penurias Sangrientas

 

La guerra entre los clanes había comenzado, y cercanos a erigir la maldición por la cual…

Cadáver que cayera en las aguas cristalinas conllevaría al castigo total, de todos los presentes.

Ralonte, el Líder de los Cazadores Furtivos del Cráneo Negro hizo caso omiso a los consejos de Erión, quién había conocido al último sobreviviente y testigo de la maldición gestada en el pasado.
Mofándose de tales habladurías nunca desistió de afrontar el destino y arrebañar a cuantos enemigos pudiese. Pero con la intervención de Jiont, líder de los Villanos Deshonestos, se vio próximo a ser empujado hacia el caudal de agua dulce.

Ante la expectativa de todos, niños, jóvenes y adultos, un Ser descendía de la torre bajo el fulgor del sol. A poco el cielo se ennegrecía contenido por las nubes, pero tal oscuridad no era suficiente con su presencia.

Erión se alarmó al vivenciar tal acontecimiento en la distancia, mientras Shal’Kas se quedó confundido contemplando como cada joven desistía de su labor para observar con asombro hacia la torre.

– ¿Qué es lo que sucede? –

Exclamó el muchacho sin mesura.

– Debemos irnos. ¡A prisa! –
– Pero… ¿Por qué los jóvenes permanecen inmóviles? –
– El Castigador ha despertado, puesto que finalmente han quebrantado la Ley Fundamental de las Penurias Sangrientas –
– ¿Y qué pasará ahora? –
– Te aseguro que no querrás participar en esto –

El anciano tironeaba los ropajes del muchacho, pero éste permanecía firme, sin dejar de ver los acontecimientos.

– ¿Y tú que pretendes? –
– Haz dicho que tenías un barco. ¡Debemos abordarlo! –
– Te he dicho que era un intercambio –
– ¿Intercambio de qué? –

Erión se quedó, de pronto, estupefacto. A poco creía comprender la razón por la que el muchacho recolectaba las piezas de valor, las que él le instara a abandonar puesto que eran solo objetos materiales.

Sin más el hombre sucumbió de rodillas y se tomaba la cabeza con pánico.

– ¡Estamos perdidos! –
– Un intercambio para ser Capitán

Prosiguió el joven con alegría. Tal regocijo que ilusionaba al consejero del Cráneo Negro con la posibilidad de solucionarlo.

– ¿Qué clase de intercambio? –

Interrogó olvidando aquellos botines abandonados.

– Necesitamos al menos unos doce cazadores furtivos para controlar el navío –
– ¿Qué? –

El joven asintió y Erión giró su cabeza lentamente hacia las colinas, donde se hallaba el camino sinuoso sobre las altas cumbres.

– R… Ralonte –

Murmuró por lo bajo.

Si bien se trataba de una leyenda, el anciano se la había creído lo suficiente ya. Pero tampoco estaba tan equivocado, desde la distancia se oyó un aleteo profundo e incesante.

Y en torno a la feroz batalla, Rebok, el cabecilla de los Gitanos Desalmados alertó el mal pronóstico, mientras los restantes dos líderes forcejeaban sin importar quién acabase muerto.

– Por los Dioses… ¿Qué diablos es eso? –

Murmuró el guerrero de barba abundante y sus guardias quedaron perplejos ante la aparición que llegaba desde el cielo.

– ¡Cargárselos a todos! –

Gritó Jiont pesando su gigantesca masa contra la gravedad del tenaz bloqueo de Ralonte.

– ¡Cargad!! –

Replicó otro villano y, fuera de sí, los guerreros acentuaron la masacre. Sin importar a que facción pertenecieran aplastaban sus pesadas mazas en los cuerpos, tanto de gitanos como cazadores.

Rebok no demoró en alertar la traición de su camarada y se lanzó contra el jefe. Por su parte, Ralonte rechinaba los dientes deseoso de acabar con ambos de una vez por todas.

Repentinamente un tenebroso alarido se oyó en cercanía a los tres guerreros indomables. Al voltearse para verle, quedaron todos tan sorprendidos, como mudos. Siquiera prosiguieron la disputa que se paralizaron ante el anfitrión de la torre.

– Un nuevo régimen deberá establecerse por incumplir la Ley Fundamental

Entre el silencio de los hombres, la guerra había cesado con la intervención de aquél Ser. Todos le miraban atemorizados, incapaces de responder siquiera. Pero el arrogante Ralonte, quién poseía un orgullo tal, incluso como para incordiar a una divinidad propia replicó:

– ¿De qué hablas? ¡Si nadie ha tocado las aguas aún! Todos yacen aquí muertos, sobre las altas cumbres –

El silencio se desvaneció de repente y todos, unidos, gritaban ante tal injusticia, mientras alertaban a los caídos lejos del abismo. Pero tardíamente notaron que el Ser señalaba las laderas de las cumbres, donde la sangre se derramaba a punto de alcanzar el caudal.

– Les concederé lo que han buscado desde su llegada al archipiélago. A todos, por igual. –

Jiont, Ralonte y Rebok se detuvieron contemplando al guardián de la torre y de pronto sus rostros comenzaron a iluminarse gradualmente.

No suficientemente lejos, el buque, perteneciente a Lind, tambaleaba lentamente mientras las extremidades lo arañaban sin cesar.

La princesa y su padre lamentaban los sucesos sin saber qué hacer. Ella pretendía atacar a esos seres con el arpón, pero el Rey la detuvo y sin liberarla la abrazó hasta que suplicara por aliento.

– Déjame ir, Padre –
– No, Azul. Debemos aguardar al muchacho. No podemos acercarnos a las costas de esta manera –
– El no vendrá y todo será en vano. Quedaremos aquí, abandonados, por siempre –
– Lo hará. Persevera. Cualquiera, con esperanza de sobrevivir a este lugar, se iría. ¡Confía en mí! –
– Para cuando decida regresar, nuestro barco se habrá hundido –
– Si regresa será su barco, recuérdalo hija –

Ella negaba rotundamente, incapaz de resolver el acontecimiento por propia decisión, como solía reprender cualquier problemática.

De camino al cementerio una gran explosión se registraba a las alturas del camino sinuoso. Tal fue el impacto que produjo un inesperado temblor, y tanto Erión como Shal’kas tropezaron. Detrás, las montañas de cadáveres se desarmaban con el movimiento del suelo.

– Estamos perdidos –

Exclamó, ya sin aliento, el temeroso Erión.

– Solo necesitamos algunos acompañantes y podremos irnos –

– Las tropas de Ralonte habrán sucumbido ya, tras ese impacto –

– ¿Impacto? ¿De qué hablas abuelo? –

– Lucharon en las colinas sinuosas una guerra de la que no podían triunfar, cercanos a infringir la Ley Fundamental de las Penurias Sangrientas.

– ¿El más fuerte reinará? –

Replicó confundido el muchacho ante el dolor de cabeza del anciano, a medida que una potente brisa resoplaba desde las inmediaciones a la explosión. Los jóvenes, incrédulos, se acercaban a oír la conversación sin ceder a la impresionante perspectiva frente a sus rostros.

La Ley Fundamental dictamina que ningún Ser Humano, bajo ningún motivo, asesinará a otro cerca de las aguas caudales que nos propician el consumo, en paz, a todos por igual. Sin importar nuestras políticas, roles previos, edades o razas.
Sin escape de este archipiélago, todos podemos subir a la torre cuando creamos conveniente y prepararnos para el juicio final.

– Pero señor, yo he visto bestias morir en esas aguas –

Reclamó un jovencito de entre los presentes, y otro no demoró en responderle fríamente.

– Ha dicho Seres Humanos. ¿O no has oído? –

Erión asintió inmediatamente y Shal’Kas se hallaba conmovido por la leyenda de su hogar, la que nunca había conocido, inclusive desde su niñez.

– Ese juzgador que usted dice es un dragón –

Añadió un tercero, y el resto casi al unísono exclamaron.

El muchacho dragón

El anciano se quedó pensativo unos instantes, al tiempo que el joven Shal’Kas tironeaba de la túnica de cuerina del viejo.

– Erión… Abuelo –
– ¿Qué sucede muchacho? –
– Lo tengo. Con todos estos jóvenes tendremos mas de doce –
– Pero… –
– ¿Doce para qué? –

Respondió uno sin permitir insistir en la conversación de los presentes.

– Serán mis seguidores en la travesía de Daghol
– ¿Travesía? –
– Eso suena bien –

Erión palmeó su frente consecutivamente. Comprendía que los jóvenes, e incluso Shal’Kas, no tomaban en serio sus palabras. Y el tiempo se desvanecía con la llegada de la noche. Una noche que refusilaba con relámpagos amarillentos, ante la nubosidad cercana.

– No importa la decisión que tomen. Debemos irnos cuanto antes –

Gritó el anciano y múltiples explosiones comenzaron a producirse en las lejanías, mientras los temblores en la superficie eran constantes.

– Esa era el la Colina del Dolor, donde convivían los Villanos Deshonestos –

Respondió uno de los mayores muchachos.

– Y así proseguirá hasta que no quede ninguno con vida –

Agregó el anciano.

– ¿incluso nosotros? –
Incluso, nosotros

– ¡Está decidido entonces! Te seguiremos Shal’Kas –

El muchacho sintió su nombre con tanta firmeza que le llenó de gloria. Incluso Erión, uno de los consejeros más sabios del Cráneo Negro, estaba a su merced.

Y aunque no necesitaba desviar la mirada para comprender que algo andaba mal en su tierra natal, había cumplido su propósito. Tan solo debía llegar al barco en la costa del Este y su sueño finalmente arrancaría a gestarse.

Todos, y cada uno, solían tener algo que dialogar sobre sus expediciones en las leyendas de Daghol y desde aquél momento se fomentaba su sueño. Tras concretar esta meta, sería el Capitán del navío y buscaría cualquier cosa que alargara su alegría, robaría lo que fuese sin depender de nadie.

Sería el Pirata de las Penurias Sangrientas.