“…Disparos azotaban la calma natural y sus misteriosas miradas se cruzaron…”

La llegada del Corcel Negro

Al Sur de Runfenir se hallaba una peligrosa Aldea, conocida como Colmena de Drill. Allí, convivían todo tipo de bandidos, pistoleros y forajidos, liderados por Jor’Mont.
Las tiendas ofrecían almacenes de traficantes, ladrones y mercenarios a sueldo.
Los peores hombres, que disfrutaban de cada escaramuza, se encontraban en aquél lugar.

Un territorio, al próximo Este, bajo el fulgor candente del Sol llevaba hacia un pozo de agua de camino hacia el Rigor Lejano. Feroces tiroteos se producían allí y diversos cadáveres solían amontonarse en los alrededores.

La lucha incesante era entre los Sheriff, liderados por Don Canet y los Demonios de Drill, cuyo cabecilla era el propio Jor’Mont.
Los primeros poseían ciertas normas de control que impedían la libre voluntad de los villanos, y aunque eran numerosos solían despedir traidores que acababan en las filas de los delincuentes.
Por otra parte, los hombres de Jor’Mont contribuían a la libertad de botines y sus trabajos solo se referían a la mejora del armamento.
Una, única, niña se hallaba entre los peligrosos hombres. Tratándose de la hija del Líder, concebía el mayor de los respetos y, asimismo, criada por los malhechores poseía atributos excepcionales, que la convertían en la promesa futura de Drill. Se hacía llamar Helen DeathTrick.

Los tiroteos contra la Ley del Rigor Lejano eran algo típico e imposible de evitar. Desde hacía numerosos años, ninguno de los bandos lograba asentarse en el pozo de agua por más de un día. Tiempo suficiente para distribuir el recurso más importante de Runfenir, entre los sedientos pobladores.

La Colmena de Drill estaba mayoritariamente abastecida por la explotación del hierro, plomo, cobre y la producción de pólvora.

Ante la constante elaboración de municiones, un anciano recorría los senderos y hacía entrega de los cartuchos con balas de plomo a cada delincuente de la Aldea.

– Muy pronto capitalizaremos el agua… ¡E incluso Rigor Lejano deberá arrodillarse ante nosotros para saciar su sed! –

Exclamaba con gloria Jor’Mont en una reunión de vaqueros.
Fuera de la pradera, Wes’Har apoyaba la espalda contra una tranquera y masticaba una nueva espiga de hierba, mientras protegía a Helen Deathtrick de las miradas indiscretas.
Ella, con su largo vestido blanco practicaba puntería con dardos contra un espantapájaros que vestía prendas de sheriff y estaba lleno de huecos.

El sombrero de Wes ocultaba su mirada, sin embargo palmeaba las culatas de sus colts peacemaker colgadas sobre el cinturón. Algunos nuevos llegados, desertores, silbaban a la alegre niña de melena negra y labios maquillados de bermellón.
Uno de los hombres silbó al verla, y otro guiñó el ojo, pero, tan pronto, sintieron un revólver del guardián aceleraron el paso.

– Síguele pasando, cabrón –

Murmuró el joven y la pequeña doncella detuvo el lanzamiento de dardos para observar al vaquero.

– ¿Qué? –
– Puedo defenderme sola –
– ¿Ah sí? ¿Y cómo lo harás, jefa? –

De repente terminó su frase el muchacho y un dardo se ensartó en la tranquera, a pocos centímetros de su brazo.

– Tienes suerte, que solo sean dardos –

El muchacho sonrió y exclamó:

– Ya veo a quien saliste, pequeña demonio –
– Él dice ser un demonio impío en Drill, pero mi inocencia no es más que la portada de su corazón negro –

Y en cuanto los expectantes que se trasladaban, oyeron tal comentario, silbaron sin mesura alguna.

– Espero estar vivo mañana, para conocer la sabrosa mujerzuela en la que se convertirá –

Gritó uno y, tan pronto se hallaba en la línea de visión de Wes’Har, se desparramó ante una estridente descarga de su arma de fuego.

Aún, con vida, el hombre se lamentaba ante los impactos recibidos. El resto detuvieron sus dedos junto a armas y el joven, vaquero, se liberó de la tranquera. Luego se encaminó lentamente hacia el malherido, mientras masticaba la espiga.

– ¡AGHHH!!! ¡Desgraciado niño! –

La reunión se vio interrumpida al oírse los disparos y Jor’Mont sobresalía entre numerosos bandidos.

– Wes no… –

El pistolero pisoteaba, de pronto, el rostro del grosero hombre contra la arena, a medida que giraba su colt a un lado. Los tres que acompañaban al bastardo, aguardaban a los lados.

– ¿Quién es la mujerzuela ahora, pendejo? –
– GNNN –

El anciano, que entregaba las municiones, justo se encaminaba hacia el sitio y, tras entregar algunas balas al joven vaquero, prosiguió la marcha con la pesada bolsa tras su espalda. Los rayos solares se mecían detrás de sus rebeldes poses y la brisa resoplaba con descanso.

– ¡WES! –

Gritó el Líder, en la distancia.

Los hombres que acompañaban al caído, le observaban desafiantes. Uno estaba a punto de tomar su rifle Springfield, mientras los otros rozaban los dedos por sobre sus pistolas.

A pesar de la angustia del malherido y la amenaza de sus compañeros, Wes le silenció con un disparo sobre la nuca y ante el reflejo del sol, el anciano que entregaba las balas se alejaba sonriendo.

– No puedes fusilar a todos. Los necesitamos –

Exclamaba el Líder, demasiado tarde.

El joven, vaquero, escupió la espiga y, de mala gana, regresó a su puesto.
De pronto, entre el silencio, alertó como los otros tres camaradas del cadáver tomaban sus armas y, ágil, se volteó para descargar sus colts contra ellos.

– Puros cobardes –

Murmuró hasta quedarse sin balas.

Los hombres yacían moribundos y Wes regresó, sin más rodeos.

– Es duro –

Exclamó uno, entre los bandidos.

– De los mejores –

Respondió Jor.

– Es un engreído –

Refutó la pequeña damisela, ante el silencio del resto, y todos echaron a reír mientras ella se alejaba del área.

– No te alejes demasiado, Helen –

Gritó el Líder.

– Déjame en paz, no soy tu muñeca –

Contestó ella.

Y las carcajadas se unificaban. Tan fuertes, que ni se podían oír los lamentos de los caídos.
Wes’Har, por su parte, hacia caso omiso y recargaba.

Tras superar numerosas tiendas, Helen se encontró con un niño que arrojaba piedrecillas contra un balde. Cada impacto aturdía al silencio más utópico en la región.

– ¿Quién eres tú? –

Exclamó ella sorprendida, al notar sus vestimentas de Sheriff. Similares a las que se utilizaban en el Rigor lejano, pero de menor talla.

– Espero a mi padre –
– No eres de aquí, ¿o sí? –

El niño de cabello negro, al igual que ella, negó al instante.

– Venimos del Rigor Lejano –
– Ah… Desertores –
– Algo así… –
– O eres, o no lo eres –
– Yo no tengo nada que ver con esto –

Una tras otras, las rocas se estrellaban contra el balde y de pronto la niña le sustrajo una de entre las manos para participar. Luego de su lanzamiento rio y ambos se miraron por un largo momento.

– Tienes las manos frías –

Clamó él, de repente.

Asintiendo, ella, prosiguió con los lanzamientos que producían estruendos contra el balde.

– Mi nombre es Helen ¿Cómo te llamas tú? –
Jarriet

No muy lejos de allí, se avecinaba un corcel negro.
Helen señaló al mismo, y su nuevo compañero alzó el ceño.

– ¿Crees que venga hacia aquí? –
– Deberíamos regresar –
– ¿Por qué? –
– Quizás sea un bandido. Es peligroso –
– ¿Y qué crees que somos los Demonios de Drill? –

Sin más rodeos, la niña corrió en dirección al pasaje y el muchacho le seguía con la mirada.

– ¡Espera! Podría ser… –
– Nadie se atrevería a tocarme, siquiera –
– Pero… Yo lo he hecho –
– Porque, te lo he permitido –

En la distancia, se podía contemplar el trayecto de polvareda que producía el galope y un animal que transportaban a rastras contra la superficie.

– Has usado más munición de la cuenta, pequeño –
– ¡Pero, lo logré! –

Gritaba victorioso Andy y, llegando al cruce de caminos, donde, a modo de cartel se hallaba un cráneo de cordero sobre un árbol muerto.

Tras palmear su mano enguantada sobre la pierna del joven, Erabo pellizcó el martillo del único revólver que le quedaba, y mantuvo la mirada al frente.

– ¿Qué sucede? –

Exclamó el niño, quien no perdía de vista el lazo que había atado debajo de la montura para tironear al enorme borrego.

– Silencio –

Murmuró, y en cuanto bajo la mirada, su sombrero parecía esconderle la vista.

– ¡Detente! Nos matarán –

Clamó el lanzador de rocas, proveniente del Rigor Lejano.

– No te preocupes por mí –

Respondió Helen DeathTrick, al tiempo que estiraba su mano en dirección al corcel. Al ver Erabo, que se trataba de una niña detuvo la marcha.

¿Qué sucederá tras este encuentro? ¿Será la hija de Jor’Mont un problema para los aventureros?