Capítulo 4 – La Codiciable Helen Deathtrick

por | Ago 3, 2019 | Quinta Crónica: El Mercenario de las Tierras Perdidas de Runfenir (After)

“…Entre festejos y violentas miradas el placer suscitaba ante el deseo de los reos…”

La Codiciable Helen Deathtrick

El destino de los jóvenes vaqueros acababa de comenzar. Jarriet Dean estaba dispuesto a recuperar el fortín, que hubieran perdido hace años, para reabastecer el orden y la estabilidad en el Rigor Lejano. Mientras que Helen Deathtrick optaba por regresar a la aldea donde hubiera nacido, sin compañía alguna. Aunque ello significase, enfrentar la propia ideología de Andy Blackhawk. Asimismo, el nuevo Fantasma de Runfenir, ahora mercenario contratado por los Viriathros, debió abandonarla y retirarse hacia el Este.

Numerosas incógnitas interferían entre sus opciones.

En tanto… La Colmena de Drill se hallaba cubierta de placer y festejos por parte de los malhechores. Bandidos se marchaban a todas partes de Runfenir, para alertar el comienzo de la Liga de los Valientes. De camino a la salida, se cruzaban a la jinete Helen Deathrick. Singulares silbidos y gritos anunciaban su regreso. Y allí, también, se hallaba Naher. Quién refrescaba un corcel con un trapo húmedo. El leve galope del caballo de la damisela atraía su atención.

– ¡Oh! –

Clamó la jinete y, de pronto, disponiéndose a ingresar a los establos, hizo caso omiso al bandido presente.

La llegada de una vaquera a campamento hostil, tarde o temprano, alimentaría las turbias ideas de los hombres. Por ello, la dama descendía del potro, sosteniendo una pesada cadena con eslabones de metal, a medida que otra la mano rozaba la funda de su revólver. 

El atardecer estaba próximo, las antorchas se encendían y la silueta sombría de la mujer se constataba ante el relincho de los diversos corceles.

Naher pesaba los dedos sobre su sombrero y silbaba con inocencia a medida que, por fuera del establo, se reunían numerosos bandidos. Deseosos, estaban planeando atrapar a la impostora.

– Vaya obsequio se ha colado en la colmena –

Exclamó uno. Y los rumores se extendían hacia el mercado negro.

La mujer avanzaba, decidida, entre miradas oscilantes de comerciantes, salteadores, ladrones y alguna mujer del Comadrón que se cernía sobre su figura.

Aleatorios disparos resonaban hacia el cielo, incentivando el festival. Montañas de carne ahumada, de los borregos, se servían en fuentes de bronce. Hasem y Kalim chocaban copas rellenas de hidromiel y entre la multitud brindaban, al tiempo que el mendigo de Alfarón se alejaba de los agasajos.

– ¿A dónde crees que te marchas, cabrón? –

Sentado sobre un tronco, Wes’Har, apuntaba su colt al hombre que escapaba a hurtadillas. Los concurrentes ofrecían gestos de sorpresa, entre risas. Asimismo, el mendigo se detenía y, a duras penas, advertía la figura de una vaquera que avanzaba bajo la presencia de las llamas. Siluetas contemplaban a la doncella, quién avanzaba arrastrando la cadena de hierro, a medida incursionaba las plagadas y hostiles tierras de Colmena de Drill.

– No me considero un guerrero –

Respondía el mendigo aquél, quién aún resguardaba la atención en la nueva llegada, cuya figura de dóciles curvas poco a poco se podían constatar. 

Silbidos resonaban en cada esquina, pero ninguno se atrevía a tomarla. Quizás les diese respeto aquellos eslabones de hierro que tironeaba sobre la arena.

– Tú eres el premio en la Liga de Valientes, pendejo –

– Q… ¿Qué insinúas? –

A medida que el mendigo se volteaba para contemplar al público la carcajada del anciano, que solía suministrar las municiones, le aterrorizó por completo.

Hasem y Kalim observaban de reojo a Wes, quién, sin dar inicio a los combates, ya proponía premios al victorioso.

– Quien venza último tendrá la libertad de dejar o quitar la vida a este huevón –

– Por un premio así, poco vale combatir –

Exclamó el caballero, soltando la copa sobre el suelo.

– Ese solo es uno de los premios, desagradecido –

Refutó Wes, abrazado por dos doncellas de característicos ropajes de seda, paños que ocultaban sus labios, e iris tan negruzcos como los de Hasem.

– Colmena tiene mucho que ofrecer para los vencedores. Solo debes arriesgar tu vida, y sobrevivir en los combates –

– Entonces, tus mujeres serán mi premio –

Exclamó Kalim, quién ignoraba la colt y sus ojos se mantenían fijos en las damas. Aquellas cuyas curvas en la noche, asemejaban a serpientes.

– ¡École! –

Respondió Wes.

Hasem, por su parte, se proponía largarse. No obstante, el Líder de los Demonios de Drill buscó aplastar su honor como asesino del Comadrón.

– ¡A poco el salvaje legendario del Lejano Oeste nos teme? –

El hombre siquiera se volteaba para dialogar, que respondía:

– Yo no le temo a nada. Pero no hallo propósito para esto –

– ¡Solo es por diversión, cabrón! –

– ¡Muy bien! Entonces me entregaras a Deathtrick –

Gritos burlones de humillación tronaban entre los bandidos presentes.

Tras escupir la espiga hacia las brasas, el sádico Wes’Har se erguía, alejando a las mozas, y con los dedos presionaba su vieja colt.

– Ella no se encuentra aquí –

Exclamó, de repente, un bandido.

– La entregarán o el Comadrón se abrirá de esta alianza –

Replicó el hombre de negruzca y trenzada melena.

Y a la espera de una respuesta o un disparo, por parte de Wes’Har, apenas se oía la brisa resoplando y el sonido de las brasas.

– ¿Qué tienes para ofrecer, además de tu vida, si pierdes? –

Refutó otro hombre, que ocultaba un winchester de doble caño detrás de numerosos hombres.

Raudamente, el Comadrón se volteó hacia el festival y observó al sádico Wes’Har, que se hallaba en completo silencio. Luego, murmuró:

– Cueros, agua, hierro y pólvora… Yo he traído algo mayor y único –

Kalim alzó el ceño. E incluso el mendigo olvidó la figura de la doncella que se aproximaba, para advertir que tenía el hombre para ofrecer.

Tan pronto se avecinaban comadrones que portaban una enorme jaula con pesadas varas de hierro y la acomodaban delante de la mirada de los espectadores. Metros y metros de cuero enlazado recubrían su contenido.

Wes’Har enfundó su colt y se abalanzó dónde se hallaba el héroe comadrón.

– ¿De qué se trata esto? –

Y, a su lado, curioso, se acercaba Kalim.

Bastando una seña, los súbditos de Hasem removieron el cuero y el Líder de los Demonios de Drill advirtió en el interior a dos prisioneros.

– Fiiuu… –

Clamaba Naher, a la distancia. Y el espectáculo era, incluso, alertado por Helen Deathtrick.

– ¿Cómo es que los legendarios asesinos del Lejano Oeste mantuvieron con vida a semejantes hombres? –

Interrogaba el silbador, desde la distancia y, ante la incertidumbre de los bandidos, Wes respondió:

– El Sheriff traidor y el Violento Stev… ¡Vaya! –

– Son tuyos, a cambio de Deathtrick –

– Pero… –

Ante una señal con sus manos, Hasem dio una orden a sus comadrones y la jaula fue recubierta con el cuero. Un gruñido resonaba por parte del violento Stev.

– No estás interesado… ¿Entonces? –

Luego de tomar una espiga de entre la hierba, Wes se disponía a posarla entre los labios, ante la atención del resto y así respondió:

– Si participas de la Liga, estaré de acuerdo –

El Comadrón asentía y un bandido interfería entre ambos.

– Pero Helen… Ella no está aquí –

Y tan pronto la espiga saltó de un lado a otro, Wes disparó su colt de lado, sin siquiera, observar y el hombre se desmoronó tomando la herida ocasionaba en su cuello.

Naher acomodaba su sombrero.

– Gnn… –

Tras girar su revólver, Wes’Har lo enfundó y murmuró:

– Estoy de acuerdo –

Así, Kalim observaba con recelo las manos del sádico Wes’Har.

Y, ante el silencio se oían los gemidos de dolor del bandido aquél. El mendigo de Alfarón se preocupaba por su destino y, rápidamente, retomó la mirada a aquella doncella que habría alertado momentos antes. Para sorpresa del hombre, ella se encontraba ya a su lado y, antes que diese un alarido, le presión el dedo índice en los labios.

– Si sobrevives, matarás al traidor para asegurar la alianza –

Clamó el Líder de los Demonios de Drill y Hasem , de mala gana, asentía. Tan pronto culminaban el negocio, Wes gritó:

– ¡Que siga el festejo cabrones! –

No obstante, el silencio y las miradas ajenas se cernían sobre la figura de la dama que aguardaba detrás de la fogata.

Maravillado, Kalim, ante el porte de la vaquera, olvidó rápidamente a aquellas mozas del Comadrón.

– Quién diablos… –

Velozmente, el sádico Wes’Har manoteaba su colt para descargar las municiones ante la imprevista impostora. Pero un latigazo de eslabones de hierro le obligó a soltar su arma de fuego. Y antes que los bandidos contra atacasen, la dama apuntaba una magnum platinada al hombre que solía ser la mano derecha de su padre.

El mendigo alucinaba ante la reacción de la vaquera. Mientras que Hasem y sus comadrones esperaban en guardia, a punto de arrojar sus puñales al frente.

– ¡Naher! ¡Cabrón! –

Gritó Wes’Har y el bandido silbador apareció junto a la doncella apuntando su rifle sobre su pálido pómulo izquierdo.

– Sería una pena agujerear semejante semblante, Helen –

Tras observar de reojo, ella advertía la sonrisa de Naher. Y ya, sin modo de simular el asalto, la doncella contestó.

– ¡Yo no soy objeto de cambio! –

– Helen… –

Refutaba Wes y todos la observaban con sumo recelo.

Temían que el terrible Wes’Har se arriesgara a recuperar su colt y descargara horizontalmente a la barricada humana de bandidos. Incluida, entre ellos, a Deathtrick y a Naher, comerciantes, y demás. Por su parte, Helen, no se daba por vencida. El cañón del Magnum aún aguardaba apuntando al frente.

– No me obligues, cariño –

Murmuraba Naher, irguiendo el ceño.

Y tan pronto los eslabones de hierro se deslizaban sobre terreno, ante el esfuerzo de la dama, el anciano que solía entregar las municiones, interrumpió todo probable desenlace tras golpear a la joven con el armazón de un winchester detrás de su cráneo. Al instante Helen Deathtrick se desmoronaba y el mendigo de Alfarón retornaba al angustiante temor.

Ante las miradas desconcertadas de todos, Wes’Har tomó su colt y la enfundó. La mayoría de los bandidos pretendía atrapar a la mujer, con la excusa de manosearla. Sin embargo, el Líder de Colmena de Drill les espantó de tales y turbias intenciones.

– ¡Márchense todos cabrones! ¡Alerten sobre la liga de valientes! –

Luego de doblegar las rodillas, Wes contemplaba a la vaquera de cerca y la espiga bailaba de entre sus labios.

Detrás se avecinaba Hasem.

– ¿Y bien?  ¿Estás de acuerdo? –

Kalim desenfundó, de repente su largo espadón y gritó:

– También deseo este premio! –

Los ojos de Wes’Har resplandecían, mientras Kalim y Hasem, luego del brindis y los lazos de amistad encontrados se batían por un mismo interés.

– Parece que tendremos muchísima competencia en estos días –

Murmuró el anciano, sonriendo.

Y antes que todos se retiraras de escena, Wes tuvo un último pedido.

– Necesitaré otra de esas jaulas… –

– Será un placer –

Clamó Hasem y, tras un silbido, cinco de los comadrones se marcharon fuera de la Colmena de Drill.

– Naher. Llévala con cuidado a la tienda, con sus pertenencias y átala –

En cuanto el silbador enfundaba su rifle, la tomó por los hombros y la arrastró.

– ¿A qué hemos llegado… Jor’Mont Deathtrick…? –

Y a medida el atardecer se avecinaba en la oscuridad de las llanuras, Andy BlackHawk encendía una fogata para luego recostarse sobre la hierba y contemplar las estrellas que poco a poco destellaban en el cielo. El corcel relinchaba y parecía dirigir la mirada hacia Colmena de Drill.

– Lo sé… Lo sé… Ella ya está en problemas… –