“… Hasta las mas inocentes doncellas de Oriente, pueden ser letales …”

El Valor de la Casta Princesa de Brind

Tras salir victorioso en su enfrentamiento con el Regorl, Shal’kas, se disponía a seguir el trayecto de un desconocido barco que se dirigía hacia el Este. Pero en horas de caza es rodeado por Gitanos Desalmados que habían derrotado a sus compañeros del Cráneo Negro.

– Así que tu eres el reconocido hostigador. Apuesto que los espadachines dorados nos concederían la libertad por entregar tu apestosa vida. La que en el pasado se escapó de sus manos –

– Hablas como si hubieses podido capturarme –

Replicó el muchacho con una pícara sonrisa.

– Ni siquiera necesitamos eso. Con conseguir ese cinturón de oro ya ganaremos un par de libres –

– No se tú, pero yo soy libre aquí y pretendo irme algún día, cuando me plazca. Con o sin consentimiento –

– Tu no conoces el mundo exterior. No eres diferente a esas criaturas –

– Y por tal motivo, no me alcanzarás –

Rápidamente el muchacho arrojó sus puñales al frente y derribó a dos gitanos mientras reía, como si solo se tratase de un juego. Mas tarde desenvainó nuevos cuchillos detrás de su cinto y escapaba hacia el Este.
Por su parte, el contrincante animó a sus compañeros para emprender la persecución.

– ¡A por él muchachos! Traedle vivo y todos conseguiremos la libertad. Pero si osan matadlo, nuestro clan será: ¡El Terror de las Penurias Sangrientas!

– ¡Si! –
– ¡A la carga! –

En una salvaje carrera hacia el mar abierto, Shal’Kas avizora la presencia de bestias sobrevivientes y, aprovechando tal oportunidad, les atrae la atención arrojando un puñal a pasos de una de ellas. Luego prosigue la marcha hacia la misma dirección, a orillas del mar.

Desprevenidos los gitanos, son arrollados por una feroz estampida de criaturas y el número de rastreadores disminuye notablemente. Sin embargo, el alimento que fuese dividido para tres facciones pasa a ser enteramente de los Gitanos Desalmados. Claramente se transformaba en una derrota sin precedentes para el Cráneo Negro.

Ante el descenso hacia las orillas, las botas del muchacho se hundieron en la húmeda arena, y en las profundidades del agua se alertaban extremidades tratando de alcanzarle y manotear sus piernas.

Al filo de la muerte, Shal’Kas se detuvo, decidido a combatir contra los que quedaran. Pero aún eran suficientes como para acabar abatido o arrojarse hacia el Mar Fantasmal. Con sonrisas macabras se acercaban en su búsqueda.
Pero el guía precursor del objetivo, al avizorar el ritmo de las olas y conociendo los rumores sobre los espectros que atraían hacia la muerte, optó por detenerse.
El resto descendió a la playa, el triunfo y la libertad estaban demasiado cerca como para abstenerse a un pequeño.

– El muchacho os atrajo a las mareas –
– ¿Y qué? Es simplemente un niño –
– ¡Gitanos! No avanceis –
– Ignoren a ese cobarde. Los mas valientes nos llevaremos la recompensa –

De tal manera, Shal’Kas, lograba dispersarlos. Cuando en realidad el guía no se equivocaba. El aroma nauseabundo comenzaba a manar de las costas, y tan pronto como los hombres avanzaban el muchacho saltó a un lado. Los que venían detrás de él se avecinaron frente a los gitanos.

Sorprendidos, con muecas de terror, los guerreros notaron el acercamiento de las figuras húmedas, como si el mar les hubiese tragado toda la pulpa de sus vidas. A rastras se deslizaban con los pies, entre pálidos y negros.
El temblequeo de sus mandíbulas era incesante, pero solo eran dos. Por lo que, los gitanos no temieron enfrentarlos.

El pesado hierro de sus espadas, trituraría a esos esqueletos caminantes con suma facilidad. 

Pero al azotar al primero de ellos, sintieron un mareo provocado por el propio oleaje. Las aguas se abrieron paso y, tardíamente, notaron que la profundidad del océano les empujaba.

Uno de tantos, alzaba la calavera del muerto viviente al que había vencido y, tras voltearse, advirtió al guía en la distancia.

– ¿Q.. Qué? –

Las aguas de pronto se erguían al punto de hundir su cintura. En cuestión de segundos, había perdido el espacio y se hallaba lejos de la orilla. A poco el agua le absorbía y, cuando planeaba regresar, sintió el peso en sus piernas.

– ¡GAAAAAAAAAHHHH!!! –

El guía y dos gitanos mas contemplaban tal perdición. Sus reclutas se alejaban de la playa, como si la propia arena bajo sus pies les hubiera escurrido hacia el fondo del mar.

Los hombres, atemorizados, sentían como los dedos invasores, desde las profundidades, les forzaban a hundirse. Y aunque el primer rebelde luchara por quitarlas, e incluso buscara contrariar su destino, en cuanto sumergió el rostro para ver que acontecía alertó el terror:

Fue como si un espejo, que diferenciaba el espacio vivo del muerto, se trasparentara delante de su mirada…

Al abrir los ojos y notar montones de cadáveres a punto de emerger, sintió como le tomaban de las orejas, los hombros y las rodillas. Hasta que, finalmente, a la vista del guía fuese un individuo dando el nervioso y asustadizo nado consecuente. Pero a los pocos segundos, como si se hubiera entregado al fatídico rumbo, se hundió de manera repentina.

El guía rechinaba los dientes, mientras el muchacho sonreía.

– Es el destino que nos toca al vivir aquí. No debes escapar, sino aceptarlo. Después de todo, es nuestro hogar –

– Maldito demonio –

Entre risas el muchacho siguió su carrera y, detrás de él, los gitanos desalmados sobrevivientes le persiguieron sin descanso alguno.

Entretanto el buque perteneciente a Lind encallaba en la costa Este de las Penurias Sangrientas. Y aunque se habían detenido, y habían soltado el ancla, aún sentía extraños roces y ruidos provenientes de las profundidades.

– A saber como regresemos al mar ahora –

Exclamó temeroso el Rey, viendo con recelo hacia el agua.

– Solo debemos hallar quién nos ayude –

Replicó Azul, cómoda, desde su aposento.

– Haz silencio y aguarda allí –
– ¿P… Por qué? –
– Las mujeres están prohibidas en este sitio. Si alertamos a los seres que aquí conviven, no sobrevivimos para contarlo –
– Pero Padre… ¡Tu eres el Rey de Brind! –
– Si supiesen que lo soy, me cocinarían vivo hasta devorar mi nobleza. Y tú serías el postre –
– ¿Por qué lo dices de esa manera? Es como si fuesen animales –
– Porque eso es lo que son –

Sin más la dama se escondió en su habitación renegando, pero la curiosidad ganaba espacio y ocultando su rostro con el velo, liberó sus ojos para contemplar a través de la ventana. Su padre descendía a la playa, cuando repentinamente una figura se formalizaba en el horizonte.

En cuestión de minutos se aproximaba y Azul lograba reconstruir la imagen del muchacho a cada momento que pasaba.

Para sorpresa de Romir tres nuevas figuras le seguían detrás, pero por la distancia no lograba aclarar si estaban o no con él.

Sus viejos ojos no lograron desviar la mirada a ese cinto reluciente, y al fin, al cabo de pocos metros alertó la presencia del muchacho.

Azul suspiró ante su emblemático ropaje, que se asimilaba a un pirata. Tan rudimentario, como originario del archipiélago de las Penurias Sangrientas.

– No des un paso más –

Exclamó Romir desconfiado.

Y aunque el muchacho se detuvo, no dudó en contemplar la imagen. El imponente barco, cuyas velas se enrollaban y liberaban ante las despiadadas brisas.
Entre las dimensiones incalculables divisó unos ojos negros, cubiertos de seda en torno a ellos, mirándole fijamente.
La mirada era dulce e inocente.
A poco, cautivado por lo que veía, sus pasos prosiguieron la marcha. Buscando alcanzar a aquella doncella.

De pronto el Rey, pasando desapercibido con sus gastadas prendas, palmeó su hombro y le instó a regresar.

– Es asombroso –

Murmuró el muchacho estando, a punto, de caer rendido ante la esperanza. Pero de repente sintió las botas arrastrarse sobre la arena.
A su espalda habían llegado…

Los tres Gitanos Desalmados restantes, quiénes al ver aquél navío tornaron sus rostros alegres.

– Muchacho… Nos has enseñado la salvación –

– U… Ustedes… ¿Están juntos? –

Replicó el padre de Azul llevando sus manos al sable en su cinturón.

Shal’Kas negó con la cabeza y, aún de espaldas, contempló su esperanza una ultima vez, mientras una sonrisa se dibujaba en su faz. Para su sorpresa, la mirada que había notado en las inmediaciones a la alcoba se había desvanecido ante el levitar de las cortinas.

– Aparta viejo –

Exclamó uno de los hombres y, ante un sutil crujido, desenvainó su sable.

Antes de comprender, siquiera, se dirigían hacia el joven con suma libertad. El anciano intentó blandir su espada, pero demasiado tarde el jefe del rastreo le bloqueó el paso y, tras golpearle con su hombro, lo derribó. Al instante pisoteó el filo y le enseño los dientes destrozados de su macabra sonrisa.

– ¡Ahora no hay espectros que te asistan Hostigador! –
– Veo que aún no aprenden –

Respondió el muchacho tomando dos puñales, detrás de su cinturón.

Al girarse, arrojó una de las cuchillas hacia delante y la ensartó en la frente de un malhechor. Pero. para su sorpresa, el restante gitano era de gran estatura y cuerpo fornido.

Antes de poder lanzar su otro puñal el guerrero le alcanzó, golpeó el mango de su espada en el pecho del joven, y mas tarde deslizó su pie sobre la arena y pateó por debajo al muchacho.
Sin prever tal acción Shal’Kas caía de espaldas, cuando el monstruoso hombre se abalanzó sobre su delgado cuerpo y le apuntó el sable al cuello. A tiempo, Shal’kas, sobre la húmeda arena, alzó sus rodillas buscando contener el avance del contrincante, pero era tal el peso que comenzó a angustiarse ante el dolor.

– Destrózalo. Ya no le necesitamos y al igual a este… –

Tras desenvainar su sable, el guía observó al anciano a sus pies, quién forzaba la espada por debajo de la bota del enemigo.

Ante el suspirar del viento se oyó un filo recortando el propio aire. El gitano que se disponía a asesinar a Shal’Kas recibió un inesperado corte en su pómulo y, al alertar la sangre manar, sumado a su grito, el joven recostó la cabeza en la arena y admiró a la doncella erguirse al frente con su cheongsam color cielo. 

– ¡DGAAHHHH!! –

Un repentino grito tomó por sorpresa a Shal’Kas. No solo el joven alzó la vista, sino su oponente. Un arpón atravesaba el abdomen del guía. 

¿Qué sucederá ante el temible encuentro? ¡Justo cuando la inocente Princesa de Brind demuestra su gran habilidad! ¿Podrán ella y Shal’Kas contra el monstruoso Gitano Desalmado?