“…Y aunque se jactaran de ser tantos, el espanto merodeaba por algún lugar…”

Duelo Sangriento en la Noche

Tras el atraco en el Pasaje Silencioso, el reconocido Fantasma de Runfenir se dio a la fuga llevando consigo al último sobreviviente del sangriento tiroteo.
El viaje fue tan extenso, que al llegar al humilde pueblo de Alfarón, el forajido, de nombre Erabo, procedió a buscar agua para saciar la sed de su corcel y la del niño.

En un momento determinado, cuando el atardecer se aproximaba a su cenit y la noche se ampliaba en el horizonte, un grupo de hostiles se cruzaron en su paso.

La oscuridad y la suave brisa parecieron concederles un ambiente preferente para el combate.
Si bien Erabo era tan ágil como certero, los oponentes no eran simples bandidos. Incluso los Demonios de Drill solían temerles.
Aunque el protector alertara la procedencia de los oponentes, Andy no reconocía a ninguno pero podía intuir que no se hallaban solos en la vasta penumbra.

Los misteriosos vagabundos, en un abrir y cerrar de ojos, rodeaban todo horizonte visible en el campo abierto.

– Regresa si deseas conservar tu aliento –

Murmuró una mujer, frente al forajido, a distancias incalculables.

– Primero saciará su sed el niño detrás de mí, y por supuesto mi caballo. Luego me marcharé y podrán conservar sus vidas, si es que acaso las valoran –

Respondió sin mesura. Andy, quién no podía comprender cuantos enemigos les rodeaban, se quedó pálido unos breves momentos.

– ¿Quién te has creído, infeliz? –

Exclamó uno, de entre el montón.

– Te lo repito, será tu última oportunidad –

Añadía la mujer. Sin embargo, Erabo, interrumpió:

– No osen meter al niño en esto, o no quedará ninguno con vida para proteger el pozo –

– Iluso… –

Respondió uno y, perdiendo la ira, sus pasos se oyeron replicar contra la superficie.

Unos a otros, los zumbidos sonaban desde los lados del hombre y, encorvando su cuerpo, desenfundó ambos revólveres.
Más tarde saltó y la capa asimilaba rodear su cuerpo en medio del impulso tal.
Ante los ojos del niño, se trataba de un lienzo con diminutos brillos que se esparcían delante de la noche latente.

Con una destreza formidable, esquivó las cuchillas y apuntó.

Más luego, los destellos de sus disparos relucieron. Ofrecían una connotación mayor a la mirada de Andy y procedió a dejar las vasijas sobre el territorio.

Dos rivales fueron interceptados y se tropezaron sobre el terreno, para luego dar tumbos mientras gritaban de dolor.
Al instante, la mujer gritó y todos cargaron contra él.

– ¡A por él! –

Algunos arrojaban sus puñales al frente, mientras otros avanzaban con pasos veloces.

Una brisa resopló a espaldas de Andy, y temiendo lo peor se recostó. Fue justo cuando sus ojos alertaban que, el cañón de una de las colt de Erabo apuntaban hacia él.

– ¡GAAAHHH!! –

El intruso se desmoronaba a metros del niño y, sin más, éste procedió a ponerse de pie. Sus manos se posaron en su cinturón. De pronto, y al oír un nuevo golpe de viento avecinarse, saltó de espaldas. A tiempo le sucedía un corte de lado y lo enfrentó con su cuchillo, sin embargo, al ostentar mayor fuerza el enemigo, su agarre perdió la osadía.

Erabo regresaba al suelo y, volteando su cuerpo a los lados efectuó numerosos disparos. Cada uno derrotaba a cada invasor hasta que, quedándose sin balas, enfundó sus armas de fuego y desenvainó un puñal.
Entre los disparos logró salvar el pellejo de Andy y el peligroso cuchillero yacía de rodillas con un balazo en la frente.

La adrenalina y la incertidumbre sobre lo que le rodeaba, instó al niño a revisar la víctima y sustraerle sus cuchillos.

– Lo sé… Lo sé… Pero ellos desconocen de lo que soy capaz –

Murmuraba, sin saber a ciencia cierta si buscaba calmarse o si hablaba con sano juicio.

– ¡Es un niño! ¡Captúrenlo! –

Gritó uno, y los ligeros pasos replicaban sobre terreno mientras zumbidos resonaban ante la intemperie.

Apenas lograba alertar los rasgos faciales de uno, junto al otro, que sin dudarlo más el niño retrocedía y arrojaba los puñales.

– ¡AAGGHH! ¡Mi ojo!! –
– ¡Detengan al bastardo! –

Un nuevo pícaro se desplomaba con una feroz apuñalada en el cuello.

Y sosteniendo el último cuchillo, Andy retrocedía sintiendo las pesadas zancadas sobre la tierra. Tras desplomarse de espaldas, alzaba las piernas para esquivar, pero uno le tomó el calzado y a tiempo le ofreció una patada en el puñal.

– Eso es pequeño, lucha –

Por otra parte el choque de filos resonaba entre Erabo y los criminales que llegaban a alcanzarle. Y temiendo por la seguridad del niño, el hombre alzó una rodilla de un salto. Tras aplicar el ataque en el rostro de un adversario, produjo un corte de lado y venció al prójimo. Luego se tumbó sobre el suelo y desenfundando un revólver, apuñaló a un enemigo a su espalda. De forma burlona retrocedía los pasos mientras recargaba.

Tres zumbidos resonaban desde el frente, y girándose en torno a sí, su capa logró desviar los lanzamientos.

– No es posible –
– Cuidado Maia

Antes de darse por aludida, Erabo descargó su revólver hacia el frente. Ocho hombres se desarramaban de dolor, y el último había logrado protegerla.

Lentamente, el forajido enfundó su colt y arrancó el puñal que había asestado en uno de los tantos caídos.

– Es… c… como un Esp.. Espectro –

Murmuró el último, ante los brazos de Maia.

– ¡Esperen! –

Gritó ella a los hombres que se abalanzaban, indecisos, sobre quien asesinar al niño.

– Te lo advertí… –

Contestó Erabo con frialdad.

– T… Tu… no eres un Ser normal –

– Te advertí que no se metieran con el niño –

Los ágiles pasos sonaban, de pronto, a espaldas del forajido y, liberado, Andy gritó:

– ¡Erabo! Van por ti –

El despiadado hombre saltó en las tinieblas y superó a la dama, confundiéndose con la negrura. Más tarde la tomó por la espalda y aproximó su puñal delante de su cuello.

– ¡Esperen! Deténganse –
– Maldito… –
– Señorita Maia –

Cada paso que el hombre retrocedía llevaba consigo a la dama y los lacayos le seguían en guardia.

– Desarmen –
– Primero él, señorita Maia –
– ¡Háganlo! –
– No lo hagan compañeros –
– ¡HOMBRES! –

El forajido no pudo evitar reír ante el dilema y, de pronto llamó al niño.

– ¡Blackhawk! –
– ¿Black… Hawk? –

Pregunto ella, ante la lucha de decisiones del resto.

-S… Si –

Contestó él en la distancia, sorprendido incluso por cómo le habían llamado.

– Acércate muchacho –
– ¿Señorita Maia? –
– Déjenle pasar –

Tras tomar las vasijas de barro, la carrera del niño se hizo oír y, tan pronto, como llegó al sitio, esquivando los cadáveres, advirtió los rostros de los enemigos. Sus rasgos eran más claros que el de su salvador, y por poco se sintió como si él fuera más despiadado que los otros.

– Dime Erabo –
– Llenalos –
Sonriente Andy corrió al frente, aunque sus ojos no notaran el suelo propio podía oír el agua a poca distancia.

Tan pronto como llegó al sitio bebió con abundancia y cargó las vasijas. Más tarde, regresó y al pasar junto a él dejó una vasija y exclamó:

– Listo, Fantasma de Runfenir –
– ¿T… Tu eres el Fantasma de Runfenir? –

Preguntó, sorprendida, Maia.

– ¿Ves que sencillo era? –

Contestó él y la dama asentía como podía.

– ¿Vamos? –

Murmuró Andy, pasos delante, mientras sostenía la pesada vasija con ambas manos.

– Solo se han salvado por el –

Anunció Erabo y, tras soltar a la dama, envainó el puñal y tomó la restante vasija sin siquiera esforzarse.

Maia cayó de rodillas y el resto de los hombres pretendía atacarlo una vez diese la espalda. Sin embargo ella les permitió el paso libre.

Y al alcanzar el forajido a Andy le observó y murmuró:

– ¿Te encuentras bien BlackHawk? –
– No podrías haberlo logrado sin mí –
– Ya lo creo, muchacho –

Ante la estrellada noche, ambos llegaron a Alfaron. La muchedumbre que se encontrara en la tarde, había dejado sus pertenencias al alcance de la vista y se había encerrado en el interior de sus tiendas.

– Déjalo allí .

Llegando a los establos, Andy liberó el fatigoso recipiente en el centro de la Aldea, y cuando llegaron al corcel ambos saciaron su sed. Luego dejaron el resto de agua para el animal.

Tras dejar el envase en su sitio, montaron y se retiraron de Alfarón, de regreso hacia el Este.

El sonido del galope despertó a los sedientos aldeanos, quiénes al salir de sus tiendas se arrastraban para beber un sorbo por cada uno.

¿A dónde se dirigirán ahora? ¿Por qué Erabo optó repentinamente por regresar hacia el Este?