Capítulo 25 – Choque de Facciones en los Muelles del Imperio

por | Oct 17, 2018 | Crónica Originaria: La Gran Inmigración

“…Los objetivos de cada quién eran claros, frente a una evolución desmesurada…”

Choque de Facciones en los Muelles del Imperio

 

La resistencia que pendía de una milésima esperanza, poco a poco, encendía una llamarada de perseverancia, capaz de iluminar el caos en las sombras.
Rebok había aumentado las filas de seguidores y, fuera de toda incertidumbre, la legión más diversa y amplia avanzaba hacia las costas. Dispares de nombres, creencias, armas, mujeres y varones se abrían paso hacia el destino que operaba en el futuro de un Imperio del que no eran parte. Asimismo, se unían para reivindicar el bien común de todos, la libertad racial…

El longevo guerrero avanzaba junto al avasallante líder, con una mayor admiración al previo elogio cuando se conocieron.
Ahora era probable el temor del Imperio, ante una unidad de esclavos dispuestos a quebrantar el sistema.

Pero aún las legendarias figuras del Cráneo Negro, de Jasnoth y de Darnoth se hallaban lejanas a toda razón probable.
Comenzaban a alertar la variación de estallidos en los muelles, el letal sonido que los impactos de los cañones producían, los alaridos de guerra y el sutil aullido que resonaba de entre las fauces del Cráneo Negro.
El cegador resplandor acaparaba en dirección a su presencia por el medallón del conocimiento y, finalmente, todos, unidos, en una magistral columna, contemplaban el desolador paisaje de la batalla.

– El mundo nos está probando, que nuestra existencia es justificable  –

Se oyó la dulce melodía en las palabras de la niña y, apenitas acabara, su compañero, de igual voz infante, replicó:

– No hay esperanza que quepa más, que el deseo de vivir –

– ¡Rofindir! Admira a tu pequeño Berserker… ¡enfrentar a lo inexplicable! –

Gritó el Nórdico de las lejanas tierras de Jacor, ante las miradas de confusión del resto. Y por si fuera poco, otro añadía:

– ¡Gragbajar! –

Portando un sable de filo ancho, el estoico Munchúe avanzaba hacia la batalla.

Fuera de sí, todos cargaban al frente, liderados por el orgulloso Rebok. Cuyo guardaespaldas advertía, con mayor revuelo, su evolución.

Siquiera hubo necesidad de explicaciones referentes hacia lo que enfrentarían. Sin mediar rodeos, se entregaron al azar de la vida en batalla.
Millares de espadachines luchaban, sin descanso, contra el martirio de los acólitos.
Los temores que incidían en los nobles eran claros. Las mounstruosas criaturas provenientes del Pantano de Suglia, no eran un asunto común durante la batalla. Incluso la longitud de las armas no facilitaba un combate cara a cara.
Aunque lo ideal fuese el uso de proyectiles a distancia, su piel endurecida, tampoco ofrecía oportunidad de derrotar a todas.

Asimismo, el Cráneo Negro era de dimensiones superiores y poseía una fuerza mayor al resto. Mientras sus esbirros apenas soportaban los disparos directos de los cañones, la bestia que lideraba, contra atacaba sin dificultad alguna.

Cuerpos de guerreros derrotados yacían por doquier. Algunos, incluso, desmembrados y otros, aterrados, gritaban ante el concluyente aliento de sus vidas.
Buques yacían semihundidos y más criaturas se aproximaban desde el Noreste. Los espadachines buscaban derrotar a las bestias cortando sus extremidades, también arrojando lanzas y espadas cortas.
Gran parte de los rebeldes que llegaran con Rebok, al puerto, se encontraban perdidos.

– ¡A la carga! –

Gritó uno de los tantos rebeldes, seguido por el Berserker, el Munchúe, el Comadrón y varios más.
Dando un salto ascendente, encima de un trozo de buque sobre la playa, flexionó sus piernas y estirando la cuerda, la Elfa apuntaba una flecha. Asimismo, resguardando el paso, debajo, se encontraban Liu y Mika.

– ¡Gloria a Rofindir! –

Gritaba el Nórdico, alzando el pesado mazo y las bastas colinas del Imperio afloraban en numerosos estallidos de fuego.

– ¡No retrocedan! –

Anunciaba un espadachín dorado y, ante la conmoción del enfrentamiento, los rebeldes de Rebok superaban la brecha e ingresaban al campo de batalla.

En el centro del muelle, descendía aquella temible criatura. Aquella de la cual se forjaran mitos de horror entre los sobrevivientes.
Si bien su inexplicable cuerpo le hiciera verse como algo digno de temer, ostentaba alguna clase de liderazgo estratega por sobre su raza.
Poseía una altura monumental , alas de quiróptero, un rabo tan extenso que asemejaba a una serpiente voladora y sus extremidades finalizaban con formidables garras. Mientras que el resplandeciente Medallón de Serendibita, apenas se detectaba en su entero rostro. El mismo, de un tejido negro grisáceo, cubierto de escamas, asimilaba al cráneo de un primate.
Entre variadas y similares criaturas, su presencia atrajo la atención del Nórdico. Quién, en un intento de enfrentarle, saltó del filo de una colina y asestó su gran masa en el rostro de uno de los monstruos.
Su acción ameritaba a las defensas. Sin embargo, el Legendario Cráneo Negro tras alertar la baja, extendió sus enormes garras hacia él.

Temían que el Berserker cayera tras ello, pero solo aguardó en su sitio y tres criaturas de tamaño exponencial participaron en el encuentro.
Era como si el Cráneo Negro pudiese dialogar, de algún modo, con su raza y les guiara durante el encuentro hostil.

Y mientras la Gran Guerra Sagrada se gestaba, se oía a los esbirros de Jasnoth devorar a los caídos. Una legión superior a las conocidas se realzaba con los iris amarillentos.

Tan pronto como su presencia comenzaba a ser un peligro, uno de los guerreros de placas, quién portara el rostro grabado del enojo les hizo frente.

En cuestión de segundos, a pesar de sus sorprendentes habilidades de combate, se vio superado y reducido entre los mordiscos. Su asta dorada resplandecía junto a una montaña de cadáveres.

Cercanos a la costa, el longevo guerrero manoteaba el mango de su sable y, a su lado, Rebok contemplaba ansioso.

– ¿Planeas intervenir? –

Preguntó su guardaespaldas.

– Con figuras notables en un ejército, no hay necesidad alguna… –
– Por ello querías a los de las jaulas, muy perspicaz –
– Un Líder no necesita ensuciarse las manos, mientras sus objetivos sean claros .

Y aunque el longevo no estuviera del todo de acuerdo, regresó la mirada al aluvión de cortes en el área. Tras ello, apenas audible, murmuró:

– En esta rebelión hay suficientes líderes… –

Incluso los guerreros luchaban codo con codo, a diferencia del ejército del Imperio.
Tal es así, que el Munchúe logró encadenar a una de las bestias y obligarla a sucumbir, al tiempo que los certeros disparos de la Elfa obligaron a colapsar a otra que se avecinaba desde la espalda del compañero.
Y uno de los monstruosos alados aterrizaba, buscando atrapar a la centinela, pero con el formidable corte de la espada ancha del Munchúe y los puñales arrojadizos del Comadrón, lograron interceder y extender su vida.

Asimismo, esbirros de Jasnoth se aproximaban. Entre ellos, el rebelde de los tendones cortados, que se arrastraba con suma ansiedad. Quién estaba dispuesto a morder tanto a Rebok como al longevo. Pero, para su sorpresa, el peculiar sonido de los nunchakus del niño, Liu, aplastó su cráneo contra el suelo.
Sumado a las ágiles, patadas de Mika, la niña, numerosos esbirros sucumbían en su osadía. Además, en cercanías, la Elfa comenzó a arrojar simultáneos y precisos disparos por doquier. No existía modo que las criaturas de iris amarillentos alcanzaran al Líder de los Rebeldes.

La guerra no parecía terminar y, por su parte, los navíos disparaban a mansalva sus cañones a toda bestia que se encontrase a su alcance. Pero una nueva entidad, provenientes del Pantano de Suglia, se aproximaba desde el mar, dispuesta a intervenir.

Entre sus numerosos tentáculos, emergía su cuerpo ostentoso en un enorme ojo, cuyo iris observaba fijamente y su presencia inspiraba miedo.

Varios buques se hundían al ser abrazados por sus apéndices.
Espadachines caían sobre la espumosa agua, recibiendo letales brazadas y la novedosa amenaza preocupaba al desmoralizado Imperio.
En un intento de cargarse a aquella bestia, ágil, la elfa recorrió la costa. A medida saltaba entre los escombros, disparaba flechas a las criaturas circundantes, hasta alcanzar el muelle. De cerca le seguía el Munchúe, quién ofrecía latigazos con su cadena a  toda criatura que osara alcanzar a su compañera.

Sorprendidos ante la evolución defensiva por parte de los rebeldes, el ejército del Imperio se reunió a la distancia. Buscaban liquidar al poderoso Cráneo Negro en un ataque conjunto. Allí se presentaban un monje, en estado delicado, los guerreros de placas disponibles y la extensa cuadrilla de espadachines dorados.

Advirtiendo que el uso de navíos era ineficaz, gran parte de los guardianes del Imperio se reunían, dispuestos a emboscar al Cráneo Negro.
Los rebeldes habían llegado, finalmente, a unir miradas con el Imperio frente al Terror de Suglia.
Y, además, el ejército de los esbirros de Jasnoth comenzaba a plantear un desalentador panorama en la Gran Guerra Sagrada.

Como si el Legendario Cráneo Negro pudiese advertir tal emboscada, ejerció un despegue hacia los cielos y todo ataque contundente era bloqueado por una decena de bestias que aún no se daban por vencidas.

Tras un temible aullido, el Cráneo Negro, desvió la mirada a los esbirros. Gran parte de ellos masticaban la extremidad de una monstruosa criatura que asimilaba a un proboscidio con múltiples extremidades y cuernos.

– ¡No le permitan fugarse! –

Clamó el monje.

Y la guerra estalló, sin más mesura.

Las criaturas presentes no eran suficientes ante el descontrol.
El Cráneo Negro no dejaba de ascender, lanzando alaridos y derribando a todo tipo de enemigos con su extenso rabo.

Como si fueran consciente de su ira, el monstruoso ojo de mar alzó sus tentáculos, dispuesto a intervenir en la atroz lucha que se gestaba en los muelles.
La Elfa centinela y el Munchúe no daban a basto ante la prominente llegada de incontables extremidades desde las saladas aguas.
Y, para sorpresa de todos, una numerosa cuadrilla de espadachines dorados llegaba desde el Sur, liderada por el General Azferith.

Las huestes completas del Imperio se presentaban en los muelles y Rebok advertía que el número de tropas ahora le dejaban en desventaja.

– ¿Qué haremos ahora? –

Exclamó el longevo guerrero.

– ¿Crees que esto va a terminar tan pronto? –
– ¿y si lo hiciera? –
– Esa cosa sigue con vida –

Replicó con furia Rebok, al tiempo que alzaba su sable hacia el Cráneo Negro.

– ¡¡¡ROFINDIR!!! –

Gritó de pronto, el Berserker, y, ante las miradas atónitas de la mayoría, advirtieron como su pesado mazo levitaba hacia los cielos e impactaba en el rostro del Cráneo Negro.
Tan imprevisto había sido el ataque, que la legendaria y temida criatura sucumbía en dirección a los mares.

– ¡Regresa aquí escoria! –

Exclamaba el desarmado Berserker de las lejanas tierras de Jacor.

A duras penas se lograba divisar el resplandor del medallón que, junto al Líder de los Pantanos de Suglia impactaba en los mares, junto al gran mazo nórdico.

El General Azferith aprovechó la situación para que sus centinelas apuntaran los arcos hacia el último punto visible del enemigo y, bloqueando la mayoría de los disparos, el Ojo de Mar, alzó sus tentáculos protegiendo al Cráneo Negro. Sin embargo, la Elfa halló las aberturas suficientes para abatirlo a lanzamientos.

Finalmente, el poderoso monstruo del mar regresó a las profundidades. Desconociendo su derrota y la del Cráneo Negro, Rebeldes y Espadachines Dorados se veían en aprietos ante un ejército poderoso de esbirros, que además contaba con diez criaturas no-muertas.

– ¡A por ellos! –

Gritaba el Berserker, que a falta de armas derribaba a un cadáver viviente con el puño cerrado.

¿Qué deparará la evolución de la guerra? ¿Habrá sido derrotado el Legendario Cráneo Negro?