Capítulo 24 – Los Partidarios más Temibles del Mundo

por | Oct 8, 2018 | Crónica Originaria: La Gran Inmigración

“…En las extensas leguas, existían civilizaciones de renombre y otras mas ocultas que el resto…”

Los Partidarios más Temibles del Mundo

 

Las reliquias de Daghol eran piezas que bonificaban a sus usuarios ciertas habilidades. Doce eran las existentes y dispersas por el entero mundo. Los acólitos del Más Allá tenían conocimiento sobre la utilidad de las mismas y, trasgrediendo la neutralidad de los seres vivientes, habían sustraído las mismas de sus respectivos territorios. Sin embargo, desconocían dos de ellas que se encontraban en los Pantanos de Suglia.

La disputa racial iniciaba ante la desaparición de los míticos objetos que representaban a las tribus. Y así, el cinto de Diborrenio hubiese sido recuperado por el rebelde Jiont, la reliquia más poderosa y capaz de imbuir una gran fuente de conocimiento se encontraba sobre los ojos de una legendaria criatura.
Mitos se labraban sobre su figura y el nombre que le ofrecía un esplendor de reconocimiento.

Cuando el Imperio impulsó el deber de recuperar las reliquias y capturar con vida diferentes individuos de las tribus, encontraron a un temible adversario al Norte.
Lejos de toda comprensión enviaron incontables guerreros para destruir los Pantanos de Suglia. Incluso entrenaban a sus esclavos, entre sus espadachines dorados, para ampliar las posibilidades.

Pero el famoso Cráneo Negro era indiscutiblemente fuerte. Un oponente, prácticamente, imbatible y centenares de vidas se perdieron en la intención de sustraer el amuleto del Cráneo Negro. Y, asimismo, las bestias que se hallaban en paz, bajo las penumbras del pantano, comenzaron a responder a los ataques. Así, el Imperio comenzó a recibir las insistentes invasiones, como si el amuleto ofreciese ciertas facultades, a la mítica criatura, que le concibiera mayor inteligencia.

Con la captura de los Viriathros, el Imperio tuvo oportunidad para resistir los ataques y los nobles vaticinaban un terror inminente sobre sus vidas.

Ahora todo se encontraba al borde del caos. Mientras los guardianes del imperio enfrentaban al legendario Cráneo Negro, los acólitos, que por alguna desconocida razón, recluían al Emperador, atiendían a dos seres de la extinta civilización de dracónicos. Seres que entorpecen el balance de poder en el Imperio.

Para ampliar el número de seguidores, Rebok ha liberado a los más temibles hombres de un Galeón. Quiénes podrían ofrecerle cierto liderazgo sobre el entero navío. Pero aún queda por investigar el segundo.

– Perfecto –

Clamaba Rebok, ante el recelo del longevo guerrero.
Asimismo, un Berserker de las lejanas tierras de Jacor, en agradecimiento por su liberación, parecía dispuesto a pagar su deuda con la muerte de su salvador. Mientras que el restante prisionero aguardaba en silencio y, siquiera, se concebía amenaza en él.

– ¡Rofindir! Ahora mismo pagaré los tributos por mi derrota –
– Calla inepto –

Respondía el Guardián de Rebok.,

Y un anciano, entre la multitud de prisioneros, exclamó de pronto:

– Poseemos este barco. ¿Para qué luchar cuando podríamos fugarnos? –

El longevo guerrero asentía, sin perder de vista al nórdico. Y, de repente, Rebok reincidió en su intento de liderar a todos para un fin exacto.

– Han sido capturados por un Imperio, que hoy enfrenta una batalla capaz de sepultarlo por completo. ¿Cuántos han muerto en sus capturas? –

La mayoría observaba con aflicción, a medida recordaban la llegada de los espadachines de oro a sus aldeas.

– Si hoy nos fugamos, y el Imperio sale ileso de esta batalla… ¿Quién les dice que no volveran a recapturarles? –

– ¡Les plantaremos cara y estaremos más preparados en el siguiente asalto! –

Respondía el Berserker ante la molestia del longevo guerrero.

Y Rebok sonreía.

– ¿Darán oportunidad al Imperio? ¿Darán oportunidad a que repitan su acción? ¿Aceptarán que más individuos mueran por ello? –

– ¿Y por qué no les destruimos ahora? –

Interrogó otro esclavo.

Rebok suspiró, y observando a la lejana batalla, contestó:

– Si vencemos al Imperio, puede que su enemigo nos derrote y ninguna facción quede a salvo –
– ¿Qué propones entonces? –

– Asistiremos al Imperio. Y cuando busquen descansar, les invadiremos a ellos –

Un destello de esperanza relucía en los ojos de Rebok, ante la batalla lejana. Y, sin previo aviso, todos gritaron en señal de compromiso, exceptuando el Berserker que guardaba silencio en una latente riña contra el longevo guerrero.

El anciano, entre los prisioneros, de pronto añadió:

– Estamos de acuerdo con los términos. Pero los prisioneros de aquél galeón no deberán ser rescatados –

Todos asentían ante la incertidumbre de Rebok. Al tiempo que el nórdico balbuceaba:

– ¡Yo iré a por ellos y aplastaré sus cráneos! –

Sin embargo, esto solo atraía más la atención de Rebok.

– También les salvaremos –

Tan pronto el Líder rebelde liberara tales palabras, todos alzaron el ceño.

– ¿Salvarles? –

Exclamó el anciano.

– Mejor sálvate tú y no toques ese barco –

Clamó otro.

Y ante las numerosas advertencias, Rebok mantuvo su resolución.
A medida descendían del buque y sentían el espumoso mar humedeciendo sus piernas, daban pasos agigantados hacia el siguiente galeón.
Aún no descendían todos los nuevos rebeldes liderados por Rebok, que ya algunos accedían a un ambiente diferente.
En ningún momento habían advertido cuando los espadachines dorados descendieron de aquél galeón, hacia el nuevo objetivo.
El silencio era impropio. Apenas se oía el chocar de la marea contra el casco del barco.
Una puerta junto a la barandilla, que llevaba al camarote golpeaba de forma incesante y de fondo se oía un tumulto exasperante de voces.

El anciano y otros rebeldes aún yacían sobre la costa. Para algunos, Rebok y el longevo ofrecían un recaudo para el ingreso, pero para otros el recuerdo del buque restante y de los gritos, les invitaba a permanecer en su sitio.

Siquiera el temor de las criaturas en los muelles, o de alguna criatura acuática era suficiente para animarles a acceder a aquella prisión.

El Berserker cruzaba miradas con el longevo guerrero. Había alcanzado a manotear su descomunal mazo, antes de consentir por la liberación.
Rebok observaba con cierto desdén aquél mazo, capaz de arrancar la cabeza de tajo. Y el nórdico parecía más contento ahora, que podía hacer frente a prisioneros de temible renombre.

Tras avanzar unos pasos, creyeron oír claras las voces de unos niños en un lenguaje incomprensible. Todos se veían entre sí ante la incertidumbre.
El Berserker, por su parte, murmuraba:

– Un pequeño puede ser la criatura más atroz que exista –

El resto alzaba el ceño ante la impronta de sus palabras.

– ¿Cómo crees? –
– Con lo sencillo que sería atraparlo –

Y aunque denotara una mirada psicótica, parecía motivado por las posibles amenazas presentes. Extraño era el caso del demacrado, al que habían rescatado junto al Nórdico. Pero a diferencia de este, pasaba desapercibido, a pesar que su presencia en las jaulas le hicieran concebir un mayor peligro frente al resto.

– ¿Qué les trae viajantes del archipiélago? –

Clamó uno de los enjaulados, mientras el resto de prisioneros se mantenían en silencio.

– Somos como ustedes, devotos de la ausente libertad –

Replicó Rebok.

– Nosotros la poseemos. Hace tiempo arrojamos a esa orden hacia el mar, pero esperábamos con ansias a algún Capitán que nos ayudara a regresar –

Rebok alzó el ceño, y aún no lograba discernir entre todas las figuras sombrías quién le dirigiera la palabra.

– ¿Ustedes son los dignos de temer? –

Gritó, de pronto, el Berserker pesando la maza sobre la palma de su mano y poniéndose en posición de combate.

– Según cuál sea tu acepción del miedo… –
– Nada. A nada le temo, ¡mentecato! –
– ¿Siquiera a los Munchúes? –

Exclamó otro. Y las risas afloraban como en un circo.

– Siquiera a esos que llevan nombre de alimento –
– ¿Alimento? –

Resongó uno, en alguna de las jaulas. Pero era indiferente, puesto que apenas se connotaban sus estaturas, pero mucho menos sus rasgos raciales.

– Los munchúes son una civilización estoica del Archipiélago –

Vociferaba uno.

– ¿Estoica? ¿Qué clase de palabra es esa? –

Replicó el primero de los hablantes.

Y la tensión comenzaba a escalar sobre los rostros pálidos de los rebeldes. Sin embargo, Rebok, el longevo, el Berserker y el silencioso no emitían ninguna clase de temor. Parecían confiados. Y como no, después de conocer a los Esbirros de Jasnoth.

– ¿Entonces los peligrosos seres de este galeón echan al Imperio por la borda, llegan a destino y regresan a sus jaulas? –

Anunció, con simpatía, Rebok.

– Son como animalitos de la selva. Especiales tributos –

Respondió el del gran mazo.

– ¿Cuál es su problema con los animales? –

Preguntó, de repente, una voz femenina.

Y todos quedaron perplejos ante la presencia de una damisela entre los hostiles.

Incluso los ojos de Rebok se completaron de alegría al recordar a Sinuesa y el intento de sus rebeldes al acosarla.

Sin embargo, no se trataba de cualquier mujer. E incluso en presencia de uno de los terribles Munchúes parecía ostentar un respeto importante. Puesto que, durante su conversación y enfrentando al Berserker, ninguno del resto osaba interrumpirle.

Repentinamente volvieron a hablar los niños que hubieran atraído la atención de los rebeldes al acceder al buque.
En desconocimiento de su lenguaje neutral para los presentes, la dama solicitó que utilizaran la lengua neutral y así dieron cuenta de sus opiniones. Además que ambos pequeños se trataban de un niño y una niña, ambos yacían enjaulados como los otros tres.

De todos modos, habían prisioneros sin enjaular que poseían habilidades dignas de respetar y que, aún así, no habían sido enjaulados.
No era claro si los encarcelados eran más temibles o no alcanzaban las jaulas para todos.


– Estamos lejos de nuestro hogar –

Exclamó el niño y la pequeña a su lado, con inocente voz, replicó:

– Pertenecemos al mundo, sea donde sea, y debemos cuidar de él –

Interrumpiendo, tosió Rebok. Y a medida se constataban las sombrías figuras, separadas unas de otras, el sol del amanecer parecía esforzarse para esclarecer la penumbra y presentarles. Unos se notaban más temibles que otros, pero la seriedad que ostentaban enorgullecía a Rebok en su campaña.

– Aquí fuera, se está luchando la Gran Guerra Sagrada entre los captores y unas criaturas que no comprenden ningún dialecto conocido. Les invito a unirse a mis filas… ¡Al finalizar la batalla tomaremos revancha por quitarnos de nuestros hogares! –

Pregonaba con libertad, cerrando el puño sobre su pecho.

Y en pleno desconocimiento, los nuevos rebeldes advirtieron una nueva motivación ante la espera del Capitán que les llevara de regreso.

¿Podrá Rebok, satisfactoriamente alumbrar la esperanza con este ejército?