Capítulo 22 – Las Doce Reliquias de Daghol

por | Sep 15, 2018 | Crónica Originaria: La Gran Inmigración

“…El Sentido de las mayores obras y del caos será contado…”

Las Doce Reliquias de Daghol

 

La libertad de los dracónicos ameritaba que uno enfrentase al otro. Pero, en concreto, ambos se apoyaban de alguna manera.
Darnoth había salvado a Jasnoth de la furia de Cent’Kas, y aún no estaban claras las rencillas entre los hermanos de la raza superior.  Así, sucedía también entre los guardianes de Lena y Romir. Quiénes, una vez más, se enfrentaban a un enemigo en común.
A punto de gestarse la batalla, un enfurecido Jasnoth evoluciona. Y, al igual que sus esbirros, reaparecía vistiendo una armadura negruzca de huesos. El nuevo Ser oscuro se presentaba más temible que nunca. Asimismo, Cent’Kas parecía sin oportunidades aparentes frente al emblemático Hacedor de Luz.
Cada impulso del dracónico claro obligaba al héroe a sucumbir.

Y los torrentes de viento agitaban toda expectativa ilusoria del mariscal, al tiempo que en su presencia física, en el Gran Torreón, se oían los pasos de un acólito que se aproximaba.

– ¡Tramposo! –

Con sus ojos cerrados, el majestuoso emperador sonreía.

– ¿Qué te trae de regreso, Orich?  –
– ¡Tú has previsto que esto sucediera! ¡Para así poder liberarte! –
– Ju ju ju… Sabes que soy el único capaz de deshacer esta guerra que ha iniciado… –
– ¡Maldición! –
– Y tú, Orich sabes bien… Con solo dejarme ir ni Jasnoth, ni Darnoth, ni el propio Cráneo Negro tendrían oportunidad contra mi –
– Del mal siempre devendrá algo superior e irroconocible… –

– Ju Ju Ju… –

Orich dio media vuelta y, en tanto regresaba, la sonrisa del mariscal se desvanecía.
En lo que dura un pestañeo, reapareció por detrás del acólito. Ágilmente, Orich, alzó la vaina de una katana. Con ella detuvo el impulso enemigo.

– Podría aplastarte aquí mismo y ser libre… –
– Retrocede –
– Crees que una simple reliquia podría… –

Y desde las alturas se produjo un resplandor tal, que el Emperador se vio cegado por un breve lapso de tiempo.

Con el ligero paso de unas Botas resplandecientes de Obsidiana y una Capa de Zafiros incrustados hizo llegada un acólito, otra que anteriormente hubiera invocado el panel arcano se presentó con un Collar de Perlas de Ónix  y unos Gorjales de Adamantio logró bloquear el ímpetu del hermoso Ser. Luego otra hizo su presentación portando un Yelmo de Diamantes y un Colgante de Fluorita y detuvo su osadía, al tiempo que uno más vestía un Peto de Lonsdaleíta y unos Brazaletes de Hierro que le proveyeron un poderío semejante para comprimir la libertad del Emperador.

– Grrr… –

El resplandor era tal que el Ser tuvo que flexionar una pierna. Era como si una fuerza gravitacional suprema le oprimiese contra su deseo.
Y, tras voltearse enteramente, el primer acólito alzó la Vaina de Loto con una Katana enfunda.

– Estúpido Orich.. ¿Crees, acaso, que esas alhajas serán suficientes? –
– Tú has preparado todo esto a tu favor. ¿Crees que no he sido testigo? –
– También yo te he observado –

Exclamó el acólito que portaba los Brazaletes de Hierro.

– Tu forma espiritual ha rivalizado, incluso, con la reclusión que instauramos para ti –

Añadió la dama que portaba el Collar de Perlas de Ónix.

– Debemos borrar tu existencia. Y así el caos se desvanecerá por completo… –

Anunció el acólito que ostentaba la Capa de Zafiros.

Y, de repente, desde una de las paredes se formalizó una aparición que contemplaba como las reliquias lograban reducir al Emperador. Por sus orejas élficas y sus ojos celestiales era inconfundible que se tratara de Corey.

– Son como insolentes niños, intentando contener algo fuera de su comprensión –

– ¡Arrodíllate Excelencia! –

Y, rechinando los dientes, se erguía a pesar que un acólito le esclavizara de forma gravitacional.

Un feroz corte solar desde la acólito que portaba el Colgante de Fluorita logró desmantelar una parte de la túnica que vestía al Emperador. Sin embargo, sin ser suficiente su mano desnuda logró bloquear el impacto.
Con ello, la acólito que portaba los Gorjales de Adamantio le propició un puñetazo al rostro que logró empujarlo hacia la prisión de los dracónicos.

Antes que pudiese resolver un contra ataque, el restante acólito, portando las Botas de Obsidiana, llegó a la velocidad de la luz y le encarceló al cerrar el pestillo.

– Ilusos… –

Corey observaba con detenimiento lo que las reliquias ocasionaban en el temible Emperador.

Aún así, no era suficiente. En cuestión de segundos, la prisión se convertía en un denso líquido brillante, que desaparecía a medida se aproximaba a sus oponentes.
Una nueva patada descendente de la acólito, quién le había despedido hacia el calabozo, fue bloqueada con el uso de su extremidad y, volteándose, le asestó un codazo en la espalda que le obligó a estampillarse contra una columna.
La otra mujer produjo un flujo de luz que presionaba al Emperador en su sitio, al tiempo que el restante hombre corría velozmente alrededor y le aplicaba puñetazos y patadas sin darle, siquiera, oportunidad alguna de contrarrestarlo.

Orich, por su parte, avanzaba cómodamente con el sable envainado. Asimismo, el acólito que llevaba el Peto de Lonsdaleíta contuvo al Mariscal por la espalda y le obligó a recibir los puñetazos y el fulminante resplandor solar.

Luego de un centenar de golpes acertados, aún el Majestuoso Ser sonreía.

– Olvidaron… –

Con furia alzó al acólito del Peto de Lonsdaleíta y le obligó a sucumbir contra el suelo, provocando de esta manera un profundo cráter.

– Un pequeño… –

Luego, avanzó a costa del flujo solar, e intentando atrapar al veloz acólito sus manos eran fácilmente evitables por las reliquias. Por tanto, atrapó a la acólito y tras arrojarla a un lado el flujo solar se encargó de reducir al compañero.

– Detalle… –

Orich y el Emperador, por fin, se veían enfrentados.

– Somos conscientes de ello –

Y en lo que dura un pestañeo, el sable se desenvainó resonando con un crujido. Utilizando la Vaina de Loto, bloqueaba el intento de ser capturado, mientras que el filo se dirigía al rostro del enemigo. Pero con la palma de su mano, el Emperador consiguió detener el lanzamiento.

– Arrodíllate –
– ¿Por qué lo haría? La desventaja es clara, en falta de las doce reliquias –

Los acólitos que habían sido reducidos se miraban con cierto desdén. Corey alzó el ceño ante dichas palabras.

– Para su suerte, las dos se hallan muy cerca –

Orich, rápidamente, se giró buscando asestar un corte de lado. Pero sin habilidad no lo consiguió y recibió un puñetazo por parte de su contraparte. De esta manera solo la vaina quedó entre sus manos.

La acólito de los Gorjales de Adamantio reapareció tras su espalda. Y solo bastó con movilizarse un mísero paso, para aplicar la fuerza del Emperador contra el suelo. Repentinamente, un novedoso cráter removía la superficie terrestre.

– Para falta de esa suerte, no conciben el brío adaptable a las reliquias para hacerme frente. Y, además, en ausencia del Amuleto de Serendibita del Conocimiento y el Cinto de Diborrenio de la Ciega Voluntad son… –

Orich se irguió para proteger a su compañera y, en carrera, recogió la Katana. Tras fusionar la vaina con el mango, la hoja creció tanto que asimilaba a una Lanza de Amatista. Sin embargo, bastó con las palmas de sus manos para bloquear la hoja.

– Simplemente inservibles… –

Tras propiciarle una patada de frente, la vaina se separó del mango y Orich fue empujado hacia fuera.

– Kkk… –

La Katana replicó contra el suelo y el sonriente Emperador se cruzó de brazos. Luego tomó distancia.

– Si mueren aquí no podrán recluirme en el interior del Torreón. ¿Verdad Orich? –
– Calla, ¡insolente! A fin de cuentas nos has controlado, a costa de tu libertad. ¿Qué se supone que seas? –
– Solo es cuestión de tiempo hasta aceptar, que mi pertinente salida al exterior renovará a este caótico mundo –
– El Imperio existe para eso y te representa –
– Pero… Eso no es suficiente… ¿Verdad Corey?

Y todos se miraron con recelo, al tiempo que el Elfo fruncía el ceño en el trasluz de la pared de mármol.

– ¿El Elfo? ¿Cómo consiguió traspasar el campo arcano? –

Balbuceaba la acólito, a pasos del Emperador.

– Y mientras estás aquí, rompiendo los ideales de tu deidad… –
– No oses nombrarle, demonio –
Replicó Corey y todos alertaron como la figura ilusoria del Elfo se abría paso y se materializaba.

– Ju Ju Ju… A eso iba… ¿Cuánto crees que perdure Dorothea? –
– ¡¿Qué haz dicho?! –
– Enséñale Neferet. Enséñale el panel –

Ella palideció y observó de reojo a Orich, quién asintió de mala gana. La acólito produjo una lámina mágica que permitía contemplar a Dorothea y Joseph enfrentando a Jasnoth.

– Doro… –

– ¡Responde Corey! ¿Por qué el Imperio no logra sus cometidos? –

Corey sintió el sudor humedeciendo en su frente y, por su parte, el Emperador sonreía. Orich se arrastraba en busca de la Katana, cuyo mango ostentaba amatistas.

– ¿Ven lo que los seres producen en el sentimiento de amor, de envidia, de ambición e ignorancia? El Caos existe por ustedes y yo soy quien puede purificarlo… –

– Esto no es más que el principio… –

Clamó Corey y se esfumó ante un destello cinderella.

El Emperador observaba como aquella luz se desvanecía, mientras a su espalda los acólitos se reunían y la lámina arcana se deshacía. Las diez reliquias unidas producían un preponderante resplandor.

– ¿Y bien? ¿Lo han entendido? –

Orich adelantó unos pasos al resto, a medida la columna se resquebrajaba.

– ¿Le has tenido al alcance de tus manos y le has dejado marcharse? –

Exclamó, con molestia, el acólito.

– Ese Elfo será su problema y del Imperio ¿no? ¿Qué tiene que ver conmigo? –

– ¡Tú eres el Imperio! –

Respondió Neferet a gritos.

– El Imperio es esta prisión. Y yo soy… –

– Es hora… –

Respondió Orich y, tras asentir todos, se esfumaron como si jamás hubieran existido. Como si solo enviaran sus hologramas para combatir contra el Emperador. Rechinando los dientes, este, prosiguió el diálogo hasta que el silencio se abrió paso en su presencia.

– Yo soy el alma del Imperio –

Y, una vez más, se reunían los acólitos en las alturas del Gran Torreón. Desde allí contemplaban la destrucción y el inicio de la tormenta venidera.

– No lo comprendo… –
– Por más que usáramos las reliquias… –
– Ciertamente… Ese Ser escapa de nuestra comprensión, como él lo dijera. –
– ¿Qué haremos Orich? –

Y aguardando pensativo mantuvo el silencio, mientras observaba de reojo la resplandeciente Vaina de Loto.

– Por más que esté encerrado, ha generado caos de forma espiritual –

– Ju Ju Ju… –

– Él ha dicho que nuestra fuerza no se adapta a las reliquias –
– ¿Y entonces? –
– ¿Debemos separarnos de ellas y dejarlas a su suerte? –
– ¿A la suerte de ese Elfo? –

Orich negó y replicó:

– Las dejaremos en Daghol –

¿Podrán equilibrar las reliquias el caos? ¿Caerán en manos apropiadas?