Capítulo 20 – La Gran Guerra Sagrada

por | Sep 1, 2018 | Crónica Originaria: La Gran Inmigración

“…El hado de esperanza se crujía ante el inminente terror. El hito de los proverbios más antiguos iniciaba…”

La Gran Guerra Sagrada

Tras el acuerdo de alianza de la Triple R, un esbirro de Jasnoth logró invadir a la caverna y herir a varios individuos de entre la audiencia.
Unos a otros se contagiaban y solo Dorothea y Joseph podían hacer frente a la amenaza. Sin embargo, el crecimiento de la peste evolucionaba hasta cobrarse cuarta parte de los presentes. Suficiente para que Jasnoth concibiese un nuevo ejército.
Asimismo, la primera de sus milicias se dirigía hacia los Pantanos de Suglia, guiados por el mensajero muerto viviente.
El pronóstico por parte de estas criaturas era desalentador para el resto de al archipiélago, y mayor aún, ante el desconocimiento de la batalla que se producía en el Puerto.

En el muelle Jiont y Cluín llegaban dispuestos a abandonar el Imperio, pero el terror que temían vivenciar tiempo atrás se hallaba delante de sus ojos.

Cientos de espadachines dorados y algunos guerreros luchaban contra figuras de tamaños extraordinarios. Al tiempo que una monstruosa criatura sobrevolaba en torno a ellos, portando una resplandeciente esfera debajo de sus fauces.

– E… Eso es… –
– Una Reliquia –

Respondió el rebelde al tartamudeo del Viriathro y, de pronto, alertaron que ante la cercanía ambas reliquias parecían resplandecer con notoriedad. Era como si unidas fortificaran el vínculo.
El cinto de diborrenio parecía impulsar a Jiont al mismísimo averno presente, sin temor a nada. Planeaba buscar el modo de tomar aquella esfera, cuando de repente Cluín le detuvo. Trataba de calmar su optimista ansiedad.

– Escucha… Eso es… –
– Debo obtenerla a como dé lugar –
– ¡No! Tú no lo comprendes. Lo que se encuentra delante de nuestros ojos es… El Cráneo Negro
– Solo es una simple alimaña –
– ¿Acaso has perdido el juicio? –

Y con solo observar, un leve momento, sus movimientos circundantes se lograba alertar que con la disposición de su gigantesca garra bloqueaba los certeros lanzamientos de los centinelas. Flechas de fuego ascendían buscando derrotar a la anormal bestia. Sin embargo, todo intento era una pérdida de tiempo.

Un monje moribundo, entre las fuerzas del Imperio, aún luchaba por proteger el embarcadero y la marea se picaba ante la colisión de los corpulentos monstruos que sucumbían ante la combinación de las fuerzas.

– ¡Protejan el puerto con sus vidas! –

La defensa de los buques implicaba un contra ataque. El monumental diseño de los Viriathros y los cañones que ostentaban, producían singulares y explosivos disparos que adjudicaban cierta esperanza en los guardianes del Imperio.
De cualquier modo el legendario Cráneo Negro, aún era un Ser inaccesible. Ofrecía terror a cualquier individuo presente. Exceptuando al propio Jiont, quién portaba el cinto de diborrenio.

Siquiera los cañones significaban una amenaza para la abominación. Pero la caída incesante de sus sirvientes solo le inducían mayor furia.
Ante un feroz bramido, levitó por encima de una barcaza y con el vigor de sus extremidades la separó en dos porciones.
Espadachines salían expulsados por doquier. La criatura asimilaba ser invencible.

Asimismo, ante la alteración marítima más criaturas llegaban desde los Pantanos de Suglia. Las olas se tornaban tan invasivas que parecían bañar los altos senderos del andén.

El ejército de Rebok llegaba, finalmente, a destino y el pasaje desalentador estaba delante de sus ojos.

– ¿C.. Cómo saldremos de aquí frente esa invasión? –

Exclamó uno y la cabeza primordial de los rebeldes señaló a la monstruosidad que volaba y resplandecía ante la nubosidad del cielo.

– Derrotamos a esa cosa… Cualquiera que lo haga será un héroe y, por ello, a lo sumo, obtendremos la flota para retirarnos hacia el nuevo continente –

Influidos por las palabras, así todo no fuese más que locura, los rebeldes avanzaron lanzando alaridos de guerra. El longevo observaba sorprendido la capacidad de Rebok para liderar una guarnición, a costa del temor.

Y tan pronto un guerrero de máscara de porcelana se hizo presente, el longevo desenfundó sus armas. Sin embargo, Rebok le detuvo.

– Debían marchar al Norte, pero han venido a la zona de superior ocupación enemiga. Has cumplido la orden que hemos solicitado, pero… ¿Dónde se encuentra nuestro hermano? –

– Ju… Deberían trabajar más en el diálogo –

Su rostro dramático grabado no inspiraba confianza alguna. Asimismo, el ejército de esclavos estaba presente y el formidable guerrero se marchó al frente sin mediar más comentarios.

– Como es que… –
– Ju Ju… Hemos cumplido nuestra parte. Él debiese estar de rodillas ante la situación desalentadora que atraviesa su Imperio. Nuestras tropas encenderán la moral de los espadachines dorados y eso nos mantendrá en una mejor posición que los cobardes Viriathros –

Respondió Rebok a la incertidumbre del longevo guerrero.

Y aunque la llegada de los prisioneros, efectivamente atizaran el valor del Imperio, la llegada de bestias, desde el Norte, extendían el ciclo de batalla.

A espaldas del Líder, un peligro mayor acrecentaba las probabilidades de victorias. El avance de muertos vivientes solo podía provocar un caos completo. No solo al Imperio, sino a los vestigios del Cráneo Negro.
Y por poco se salvó el Líder de los prisioneros. Puesto que se retiró, al advertir la llegada de dos buques desde el lejano continente nuevo.

– Mira eso –

Exclamaba, señalando los galeones con su mano derecha.

– ¿El Imperio conservaba un ejército en los buques? –
– O quizá algo mejor… –
– ¿Qué podría ser mejor que eso? –
– Más cantidad de prisioneros que hayan sido recientemente capturados –
– Ciertamente. Eso bonificaría nuestra posición en la batalla –
– Pero no son la misma cosa guerreros que han pasado días de tormento como esclavos, que individuos recientemente arrancados de sus tierras –
– ¿Crees que te sigan como Líder, sabiendo esto? –
– Tu estarás para asegurarlo Ju Ju… ¡En marcha! –

Y el longevo guerrero alzó el ceño ante la seguridad y confianza que ostentaba aquél rebelde. Más luego, le siguió y sus pasos les llevaron a una costa de carente peligro.
Tal decisión, les salvó de ser las primeras presas del contagio de Jasnoth.

Gritos en agonía provenían desde la distancia. Mientras cadáveres avanzaban ágilmente y, quién hubiera denunciado a sus cómplices luego de morir, se arrastraba entre la vegetación. Asimilaba un invariable deseo de alimentarse.

– Krim kas dru… –

Ante el terrible panorama y el creciente avance de los esbirros de Jasnoth en diferentes áreas del Imperio, Cent’Kas enfrentaba una lucha sin cuartel ante el Rey de los cadáveres y un reducido ejército que prevalecía en la caverna.

Asimismo, los sobrevivientes se dirigían hacia el Puerto. Desconocían el terror que se desmantelaba en el entero continente.

Ralonte irrumpió, de pronto, con los rebeldes y Viriathros que le habían seguido para defender el concilio racial.

– Campeón Crepuscular. Moriremos contigo de ser necesario –
– No. Debes asistir a los otros y retirarte hacia los muelles –
– ¡Jamás! Tengo una deuda pendiente con ese demonio –
– Sé que deseas rescatar a Roños, pero él está perdido ya –
– Quizá solo haya sido poseído –
– No lo creo. No seas imprudente, oye mi plegaria… Protege al resto y escapen del Imperio –
– ¿Eres iluso acaso? Tu eres quién puede protegerles de la posterioridad –
– Aquí solo estarán en peligro. Allí, al menos, ostentan la esperanza de… –

– ¡Silencio! ¿Quién desea esperanza a estas alturas? Te ayudaremos como a un amigo… Te guste o no –

Y Jasnoth rió a costa de Cent’Kas.

– ¿Qué más perfecto? Todos ampliarán la muchedumbre. Y, finalmente, tú, Demonio de Yahandá, dejarás de ser el Campeón Crepuscular para convertirte en mi Campeón Espectral –

En guardia, giró la katana el ninja, dispuesto a enfrentar aquél irremediable hado que se exhibía. Detrás y, alzando las espadas de oro, Ralonte y el resto se unieron a él.
Ante el desenlace del destino, sumido en asombro, Jasnoth alzó el ceño y los muertos comenzaron a replegarse desde la caverna.

– Escucha amigo –

Exclamó Ralonte, de pronto, ante el peligro inminente y Cent’Kas asintió.

– Debemos perdurar un tiempo considerable o estas criaturas alcanzarán al resto y todo habrá sido en vano –
– Soy consciente de ello –
– ¡Únanse todos rebeldes! Por el sueño de Roños, luchemos juntos contra la muerte. ¡Enfrentemos esta aventura hasta que el aliento nos sofoque! –

Cent’Kas cerró los ojos un breve momento y los pasos esqueléticos se incrementaban con plenitud, hasta rodear a los últimos sobrevivientes de la zona.
Solo una abertura yacía, al frente, delante de la oculta visual del Demonio de Yahandá. Dónde Jasnoth aguardaba con suma confianza.

Y en un ambiente opuesto, dónde el mar azotaba las costas, Rebok se hallaba sobre la arena, al tiempo que la batalla contra los Vestigios de Suglia se oía en las proximidades. Asimismo, dos galeones se avecinaban con una fuerza palpable ante la marea burbujeante.

– Ju Ju… Lo sabía –

Exclamó Rebok, y el hombre a su lado irguió el ceño.

– ¿Cómo sabes si seguirán tus palabras? –
– Mira a tu alrededor. Esto es una Guerra Sagrada por la humanidad. Monstruos atacan al poderoso Imperio. ¿Qué duda ostentas sobre las prioridades de los llegados? –
– Ciertamente. Tienes razón. –
– También alertamos a esos muertos vivientes de camino a la muralla derribada. Así qeu el enemigo es claro a nuestros ojos. Incluso será ante la vista de ellos. –

– Espero que estés en lo cierto –
– Tú avísame si logras razonar con las criaturas ju ju… –

Gritos de ira se sembraban hacia las costas y las anclas se soltaban. Extensas columnas de espadachines de oro marchaban a la batalla. Incluso, ignoraban la fatalidad de los prisioneros, que enjaulados los abandonaban a su suerte.

Mucho menos prestaron atención a Rebok. Quién, emprendía camino a los buques y advertía como, desesperados, los soldados se dirigían al puerto.

– ¿Qué te hace pensar que, si salimos victoriosos el Imperio nos permita un salvoconducto como Héroes de guerra? –
– No importa la decisión que tomen. El Imperio yacerá en desventaja luego de esta guerra. Solo necesitamos una tropa poderosa y numérica –
-¿ Insinúas que podríamos conquistar al propio Imperio? –
– De hecho sí. Ahora debemos subordinarlos a mi antojo –

Y tras asentir, ambos se dirigían en ascenso hacia una plataforma que sucumbía hacia el espumoso oleaje de la costa.

Berridos replicaban en consonancia en las jaulas. Mientras a los lados se notaban numerosos individuos de diferentes razas. Dos prisiones aguardaban en el aire, sostenidas por un punto de apoyo al buque.

Entre innumerables candidatos, Rebok avanzaba a medida que el longevo guerrero fruncía el ceño y las miradas se cernían en ellos.

– Esos dos. Si logramos contenerlos nos simplificarán las cosas –
– Dudo que lo hagan –
– Por ello estás tú –

Clamó sonriente Rebok, tras palmearle el hombro.

– ¡Escuchen gusanos! Una guerra sin precedentes se produce aquí fuera. Llamémosla la Gran Guerra Sagrada. Lucharán a mi nombre o morirán en el intento. –

– ¡Escoria! Por Rofindir que aguarda en la extensa mesada del descanso, tú no eres más que un lastre que osa mirarnos desde abajo. La gloria y la muerte se mecen delante de mi barba. ¡Libérame y te prometo que tu cráneo será el botín que le enseñe a mis hermanos! –
– ¡Canalla! –

Replicó el longevo, dispuesto a asesinar al corpulento guerrero. Al tiempo que el otro observaba de reojo, en silencio.
Rebok sonrió y, negando, detuvo a su guardaespaldas. Con una seña solicitó que liberara a ambos.

– ¡Hazme libre de la jaula! Verás cómo te haré comerte los dientes con mi mazo y Ronfindir será testigo de la masacre –

Y el longevo guerrero comenzó a golpear las cadenas que sostenían las jaulas, mientras el Berserker de las Lejanas Montañas de Jacor le observaba entre gruñidos.

¿Serán estos guerreros una pieza fundamental para hacer caer a un Imperio? ¿Lo conseguirá Rebok realmente? ¿Y qué sucederá, finalmente, con el Campeón Crepuscular frente a Jasnoth?