Capítulo 2 – La Liga de los Valientes y los Dementes

por | Jul 5, 2019 | Quinta Crónica: El Mercenario de las Tierras Perdidas de Runfenir (After)

“…Runfenir lo era todo. Caminos ciertos, caminos inciertos y caminos impuestos…”

La Liga de los Valientes y los Dementes

Si bien las acaudaladas brisas empujaban fuera las lonas de cuero de la tienda y los Demonios de Drill se movilizaban para contener los productos que la repentina tempestad planeaba abatir… Si bien las efusivas conversaciones del público reflejaban el desorden, en el interior del Puesto de Mando, los líderes reunidos yacían en plena tranquilidad.

A costa del martirio, que levemente suscitaba en las afueras, el durmiente Wes se despertaba ante la llegada de Naher. Con soberbia, los presentes, contemplaban la reunión llevando unas cuantas horas de espera por su despertar.

Parecía incluso irónico que el temible Wes’Har abriera los ojos al culminar un silbido del recién llegado.

– Hasem estaba en lo cierto. El Rigor Lejano ha construido un camino de hierro hacia Alfarón. Pero desconozco la razón. Tampoco hemos localizado obreros en las cercanías –

– ¿Desconoces la razón? ¡Cabrón! –

Refutó el líder de los bandidos y Naher asentía.

Los tres hombres, provenientes de diversas culturas, aguardaban con suma expectación, cuando de pronto Wes azotó la mesada con un puño cerrado.

– ¡Aquellos pendejos buscan tener acceso a los pozos de agua! –

Tras el comentario, los tres presentes rieron a carcajadas. Y así, olvidaban que se encontraban en el hogar del temible y sádico Wes’Har.

– ¿De qué demonios se alegran tanto, cabrones de la chingada? –

Y faltando segundos para un estallido campal, los dedos de Wes frotaron su colt y, casi al instante, los presentes se irguieron desenvainando sus afiladas armas.
Desde una de las esquinas de la mesada un hombre de pesadas vestimentas abalanzó un gigantesco espadón. El filo podía atravesar el rostro del bandido con un leve empujón de sus dedos. A su lado, un nativo de precarias prendas saltó sobre la mesada y blandió dos cuchillas cortas que asimilaban a puñales óseos. El tercero optó por retroceder y aguardar en las sombras.

– Oh… ¡Oh! Calmados –

Murmuraba Naher, tras acomodarse el sombrero.

– ¿Qué puede ser más importante que esto, cabrón? –

Sabiendo que cualquier respuesta repercutiría en una matanza, Naher se aproximó a los combatientes y soltó el pañuelo rosado que relacionaban con Jor’Mont Deathtrick. Más luego, se retiró silbando y libró unas palabras:

– Helen Deathtrick sigue con vida. Deberíamos unirnos contra el Rigor Lejano –

– ¿Deathtrick? –

Refutó el nativo sobre la mesada, cuyos negruzcos iris le caracterizaban como a un salvaje comadrón.

Ciegamente, Wes se volteó de espaldas y apuntó su revólver a la nuca de Naher.

– ¿De veritas? –

Naher asintió y, más tarde, se retiró de la tienda a costa de su vida.

El comadrón y el caballero erguían el ceño, al tiempo que Wes se tumbaba de rodillas sobre el suelo y, tras soltar su arma de fuego, gritó:

– ¡¡¡Yahuuuuuu!!! –

– ¿Quién es Deathtrick? –

Susurró, de repente el espadachín. Mientras el nativo enfundaba sus cuchillas en el cinturón y retrocedía de encima de las tablas.

– Es el impostor que lideraba a estos desgraciados –

– ¿Una mujer? –

Y quien se recluía en las sombras intervino de repente.

– Se dice que Jor’Mont envió a su propia hija para asesinar al Líder de los Sheriff, pero falló –

– ¿Qué diablos podría saber un pendejo de Alfarón que siquiera bebe de su propia agua? –

Contestó Wes’Har, tan pronto se alzaba y resguardaba su colt. Más tarde, tomaba el pañuelo de seda y lo olfateaba con detenimiento a medida que la espiga brincaba de un lado a otro, sostenida entre sus labios.

El espadachín procedía a envainar su enorme espadón detrás de su espalda y el rasgado del metal contra la funda se tornaba ensordecedor.

– ¡Ese pozo de agua es propiedad de Comadrón! –

Exclamaba de pronto Hasem y el caballero, de pelaje corto, procedía a responder:

– Como si el agua tuviera importancia hoy en día.

El tercero replicó ante la sorpresa del hombre que provenía del Castillo de Treón en Ingub al Sureste de Runfenir.

– Ni el agua, ni el hierro son importantes a esta altura – Proseguía el enviado de Alfarón.

– Eso solo nos compete a nosotros –

– No importan los deseos de cada quien. Debo cumplir la dicha de Jor’Mont Deathtrick –

Clamó Wes’Har de repente.

Y el hombre, que aguardaba entre las sombras, finalmente avanzó presentándose como un mendigo de Alfarón.

– Usted debiera ser más sensato –

– ¡Sensatez es insuficiente, cabrón! –

– El producto más necesario no es el cuero, ni el agua, ni el hierro siquiera. Es la pólvora. Puesto que solo la pólvora podría con el Rigor Lejano… –

Y a medida el mendigo se retiraba del concilio rozaba una palma sobre la otra, en señal de limpieza.

– ¡No me vaciles! –

Gritó Wes, sin más. Pero el mendigo ya se había esfumado. Luego, tanto el comadrón, como el caballero procedían a hacerlo y el aldeano de Alfarón añadió desde fuera:

– Quizás Helen sería más sensata –

Al cabo de los minutos Wes’Har se hallaba solo. Y su grito se hizo oír en Colmena de Drill.

– ¡No me vacilen, cobardes de la chingada! –

Naher contemplaba el espectáculo desde fuera de la tienda y, a medida silbaba advertía como numerosos bandidos correteaban por la aldea buscando amparo para los productos ante la tempestad latente. Asimismo, el delgado anciano que solía distribuir las municiones, se encaminaba ofreciendo la típica sonrisa que alentaba a los demonios de Drill.

El caballero de pesado equipaje se dirigía a un fogón, en dónde un bandido cocinaba carnes de borrego. Y, a su lado, el nativo le consultaba:

– Y tú… ¿Quién eres y de dónde provienes? –

– Mi nombre es Kalim. Soy uno de los guardianes superiores de Treón. Mi Rey, Arlont, me envió en busca de posibles mercenarios para conquistar sus territorios. –

– ¿Conquistas eh? –

– La llegada de nuevos reos desde el mar Este amplificó el poderío de Lind en el continente y la guerra está a punto de iniciar –

Detrás, se aproximaba el mendigo de Alfarón, que cuestionaba el extenso viaje para un diálogo insensato.

Y, faltando más, Wes salió de su tienda hecho una fiera. Los bandidos que ordenaban los diversos cueros saltaron del susto. También el hombre que asaba el alimento se encontraba paralizado, lo que conllevó a la interrupción de las conversaciones entre Kalim y Hasem.

– ¡No me vaciles, desgraciado! –

Repetía, al borde de la locura.

Aunque no hubieran palabras capaces de remediar tal asunto y los silbidos de Naher siquiera bastaran, el alegre anciano se acercó a ambos muchachotes y, aunque asemejara al más silencioso de todos su experiencia rendía mayor cuenta que los jóvenes.

– Organice unos duelos y veamos quién es más duro de labia y quién es más ágil en acción. El Rigor Lejano no caerá a palabras… –

Los ojos del sádico Wes, de pronto, resplandecían con notoriedad ante la noticia. Ciertamente, hacía un buen tiempo que los muertos no eran noticia ante el desgaste de la personalidad de los bandidos. A falta de Jor’Mont, el nuevo líder debía acallar sus impulsos y perdonar la vida a más de uno. Puesto que valía más la cantidad de rebeldes que su calidad como pistoleros. Hecho que a Wes’Har jamás acababa de conciliar.

Así fuera una batalla campal, por deporte, atraería a los hombres más hostiles de toda Runfenir y se podrían sentar a dialogar un plan para desbaratar la orden del Rigor Lejano.

Sin más rodeos, Wes disparó su colt al cielo y transformó el acto en un centro de atención para todo ser presente. Tanto Hasem como Kalim reaccionaban de mala gana ante el ruidoso estallido. No obstante, debían calmar cualquier clase de ira al respecto, puesto que se congregaban numerosos pistoleros a la zona.

– Ya lo saben cabrones. Pase la voz. Todos están invitados a la Liga de Valientes. Aquí, en Colmena de Drill. Y, por si quedasen dudas, lo tenemos todo. ¡Pólvora!, ¡Hidromiel! ¡Alimentos! y ¡deseos por liquidar! –

– Solo faltan las mujeres –

Exclamó Kalim, el caballero, y las risas se tornaron típicas en el ambiente.

– ¿Qué sucederá con Helen? –

Preguntó Naher, repentinamente.

– Como hija del demonio, seguramente se pase por aquí. Ya lo verás con tus propios ojos, cabrón –

– Pues lucharé a tu honor –

– No, no, no. A ver si estos gatos tienen uñas para liarla o como dijo este cabrón, no tienen huevos –

Tras darle un giro a la colt, el sádico Wes’Har apretó las mandíbulas y quebró la espiga. Más luego se marchó resguardando su revólver.

– Ale ale ale… Quiero verles a todos pinches culiaos –

Y el anciano rió con mayor dedicación, al tiempo que el mendigo de Alfarón lapidaba toda presencia detrás del caballero.

Así, en medio de los inciertos caminos que llevaran a Colmena de Drill se mantenían las huellas de loos jinetes liderados por Naher. Al Oeste, en dirección a Alfarón y Comadrón, Helen contemplaba los alrededores en los llanos que se erguían sobre el horizonte. En cambio, Andy, el Fantasma de Runfenir, advertía como la brisa poco a poco ocultaba toda pisada previa de los intrusos. De haber demorado más su regreso, quizás no las hubiera notado.

– Lo sé… Lo sé… Se dirigen hacia… –

– ¡No lo entiendo! ¿Cómo es que tu encuentras algo que debió haber desaparecido y yo no puedo hallar un insignificante paño de seda? –

Rasguñando la plataforma terrestre, la dama esparcía cuanta arena podía sin resultado alguno. Mientras su compañero volteaba la mirada a los corceles.

– Esa colt ya no tiene valor, ni uso, desde que llegaron los Viriathros –

– ¿Y más valor tiene un paño de seda? –

– Lo sé… Lo sé… –

– ¿Qué sabes tú, Andy? En ocasiones desconozco con quien hablas… –

– ¿Acaso tu no les ves? –

– Ya has fumado suficiente tabaco –

Respondió ella, así él no fumara.

– ¡Mira! –

Tras señalar la precaria maleza, un rastro permanecía en el inestable suelo.

– No tengo tiempo para espíritus. ¡Vámonos! Lo he perdido, al igual que a mi padre –

Acomodando su sombrero, el hombre aceptó la moción y, luego de aproximarse a los cuadrúpedos se marcharon de regreso. El atardecer comenzaba a fundir el horizonte con las últimas ráfagas solares del día. Y ante la vuelta, Helen detuvo el galope para contemplar una vez más el área. Allí, logró divisar huellas en dirección al Este y comprendió a que se refería Andy Blackhawk.

– Lo sé… Lo sé… No debí esclarecerlo –

– Este camino lleva a Colmena de Drill –

Murmuraba ella, al tiempo que Andy negaba.

– ¿Por qué lo niegas? ¿Acaso no te ubicas? ¿O tus espíritus te lo prohíben? –

– Helen… –

Izando las riendas, la dama viró la dirección y, a regañadientes, hostigó la marcha hacia su antiguo hogar.

– ¡Helen! Aguarda –

Aunque planeara seguirla, parecía decidida a marcharse por sí sola y, conociendo el vasto paisaje, el hombre observó en dirección al Rigor Lejano. Pero la figura de su compañera le guardaba preocupación.

– Lo sé… Lo sé… Érabo te has marchado y me he mal acostumbrado a tener una compañera… –

Y aunque no debiera tomar dicho camino, le siguió detrás, a medida que los viejos vestigioss se sepultaban ante los novedosos…