Capítulo 18 – Descontrol ante el dichoso Jasnoth

por | Ago 3, 2018 | Crónica Originaria: La Gran Inmigración

“…Ante los gritos confiados de la humanidad, el peligro infundía un terror imprevisto…”

Descontrol ante el dichoso Jasnoth

Roños ha caído ante la trampa del Dracónico Jasnoth. Su preocupación por un rebelde acaba siendo el cebo de una sorpresiva derrota.
Ante la llegada de la unión de los nobles con los rebeldes, y transportando el cuerpo sin vida del Viriathro Fab, se produce un concilio de ideas en la caverna.
Jasnoth planea irrumpir y, quizás, obtener un ejército mayor de muertos vivientes. Sin embargo, Cent’Kas se presenta y un feroz duelo está a punto de iniciar.

Un muerto viviente avanza entre las solemnes miradas de Roños, poseído por el dracónico negro, y las del Demonio de Yahandá.

Asimismo, la reunión encabezada por Romir, representando a los Nobles, Rav’Thos a los Viriathros y Ralonte a los rebeldes, conforma el acuerdo de la Triple R. El cual proclama la alianza de las unidades contra el Imperio.
Con el aval de los Líderes y la justa premisa de hallar la libertad a través de los navíos del Puerto, la batalla entre Jasnoth y el campeón crepuscular da inicio.

Ante el atrincheramiento de individuos en el interior de la caverna, Dorothea y Joseph son los guardianes del ingreso.
El recelo surge entre ambos y frente al duelo inminente.
El cadáver del rebelde, con ojos resplandecientes, suponía un nuevo oponente para el Demonio de Yahandá. Y, por su parte, Sinuesa, ignorando las tratativas, se mantenía con la vista al frente.
El cadáver, que permanecía en movimiento, se encontraba a un paso de capturar al campeón crepuscular con sus desnutridas manos. Sin embargo, un raudo corte de su sable separó la cabeza del cuerpo. Al término del movimiento, esperó en guardia la decisión de Jasnoth.

– No hay espacio para uno más –

Roños, poseído, gruñe. A medida su melena crece de manera exponencial.

Y, girando la katana en torno a su puño, Cent’Kas libera los rastros de sangre que yacían en el filo de la espada. Más luego, advierte el cabello rojizo del individuo restante abrirse por doquier.
Mientras tanto, la cabeza del degollado balbucea:

– Ris Jan Bok… –

Ante la mirada expectante de todos, Cent’Kas avanza próximo a Jasnoth. Con un feroz corte de su arma, lo supera y singulares cabellos se movilizan sobre la cabeza del reo. Detrás de éste, el ninja envaina su katana.

Sinuesa se alegra, de pronto, y todos alzan el ceño.

– ¡Le ha vencido! –

Exclama con suma exaltación.

Luego de un innumerable pestañeo, Jasnoth cae de rodillas y su melena rojiza se tornar grisácea.
De espaldas al enemigo, Cent’Kas observa hacia el horizonte en el lejano Oeste.

En el concilio, la mayoría se pone de pie, incluyendo a Erión y Rultz. Todos, incluido Rav’Thos, desean conocer el fruto del combate, entre el campeón crepuscular y la criatura que se avecinaba.
Y, así es como, Ralonte oye la voz de Roños que, poco a poco, se torna más áspera.

– Has ido lejos. Pero me has facilitado el control. La mente de este Ser luchaba por controlarme y, por tal razón, el extraño tinte de su melena permanecía con notoriedad –

Cent’Kas giró su rostro ante aquellas sorpresivas palabras, y advirtió como el tono del cabello variaba.

– Ahora no hay nada más que yo. Jasnoth –

– Jasnoth, Jasnoth, Jasnoth… –

Replicaba el degollado.

Con ello, un furioso Ralonte abandona el acuerdo y en el camino manotea uno de los sables dorados que suministraban para los esclavos.

– Ahora puedo acabar con la peste que derrotó a Roños –
– ¡Espera Ralonte! –

Clamó Romir, demasiado tarde, y Rav’Thos avizoraba el cuerpo sin vida de su hijo. La ira crecía en las profundidades de su Ser, invitándole a tomar una medida similar al representante de los rebeldes.

Imposibilitado de hablar, Erión manoteo del brazo a Rultz. Buscaba advertir a todos algo que hubiesen vivido antes con los dracónicos. Sin embargo, ante la incomprensión total, la voz de Lena se oyó desde el fondo.
Incluso Dorothea se sintió en calma al recuperar la presencia de la misma.

– Esos seres contagian la muerte con mordeduras –

Todos alzaron el ceño ante aquel turbio mensaje y, de repente, el cuerpo de Jasnoth, que yacía de rodillas, se irguió y la melena grisácea rodeó su entero cuerpo.

Comenzaba a voltear el perfil hacia el campeón crepuscular cuando, de imposible manera, su extremidad se mantenía erguida hacia Ralonte y los rebeldes que, tardíamente, seguían a su Líder.

Con la invariable dirección de su mano, el degollado se reincorporó, evolucionó hasta ostentar una armadura negruzca de huesos y de su brazo sobresalió una afilada cuchilla.

– ¡Res Glot Har! –

Exclamaba, deliberadamente.

Rav’Thos murmuraba, ante los nervios de Sinuesa.

– Esos Seres… están lejos de la vida –

– Dracónicos eran llamados  –

Añadió Rultz.

– Solo el que se encuentra frente a Cent’Kas es un dracónico, el otro se ha convertido en su esbirro –

Interrumpía Joseph.

– ¿Tú les conoces? –

Preguntó Romir a su mayordomo, integrándose a las miradas cubiertas de asombro.

– Los Dracónicos fueron una de las primeras razas que el Imperio exterminó debido a sus crecientes habilidades. –

Añadió Dorothea, a medida asentía.

– Además se decía que mientras más tiempos vivían alcanzaban a obtener la omnipresencia de una deidad –

– De hecho, de allí deviene la leyenda del Hacedor de Luz –

Clamó Sinuesa y, tanto la concubina como el mayordomo, asentían.

– ¿Es decir que este dracónico podría ser invencible? –
– Por lo que estamos viendo, podría reanimar cadáveres y con ello conformar un mundo fantasmal

Contestó el mayordomo a su magistrado.

Ralonte tuvo que detener la marcha al advertir al espeluznante Ser que se aproximaba hacia él. Asimismo, alguno de los rebeldes, más corajudos, repitieron su acción y sustrajeron los sables de oro para enfrentar a Jasnoth.

Al advertir el descontrolado sicario que se realzaba, Cent’Kas intentó regresar con un salto. Pese a que el dracónico le abatió con su melena grisácea y logró entorpecer el avance del ninja.
Sin más, el Demonio de Yahandá intentó librarse con dos cortes de la sólida cabellera que le aprisionaba.

– ¡Retírense! –

Gritó como podía. Pero Ralonte y su ejército no cedían ante la amenaza.

– ¡A la carga! –

Replicó uno de los tantos rebeldes y, sin temor a nada, maniobraron los sables. Estaban dispuestos a enfrentar al muerto viviente.
Detrás, Ralonte intentó alcanzarles para luchar al unísono.

Cortes se sembraban sobre la negruzca armadura del enemigo. Los contendientes le enfrentaban, incluso, con patadas.

– ¡Jasnoth, Jasnoth, Jasnoth! –

Anunciaba el individuo de resplandecientes iris. Y en la ira desenfrenada uno de los rebeldes le propicia una patada tal, que desacomoda la mandíbula inferior del cadáver.
A tiempo, Ralonte azotaba uno de los brazos de la criatura, empuñando el sable dorado con ambas manos.

– Lo han hecho bien –

Exclamó Romir, desde la caverna.

– Así el Campeón Crepuscular nos pueda proteger, esos hombres están dispuestos a todo para rebelarse a cualquier mal –

Contestaba Rultz. Y las palabras inspiraron, hasta, al más temerosos de los Viriathros a tomar armas contra el destino.

La cuchilla del muerto viviente fue desviada ante la fuerza superior de los rebeldes. Los libres azotaban, en menudas ocasiones, el peto de hueso que comenzaba a astillarse.
Ralonte lograba acometer contra el terror, sin ninguna bajo. Y tampoco planeaba darle respiro alguno.
En cuanto los rebeldes traspasaban los filos en sus extremidades, el Líder apaleó tantas veces el cráneo que buscó desfigurarlo por completo.

Alertando la ventaja numérica, Jasnoth gruñó e intentó asistir a su esbirro. Pero el Demonio de Yahandá le propició una feroz patada, al momento que el dracónico bajaba la guardia.

Los gritos de gloria se originaban desde el interior de la caverna y el agasajo no hacía más que ameritar el trauma que el sable producía con cada impacto sobre el cráneo.

– Jas… no… –

Llegó a clamar, ante la risa de los rebeldes.

Ralonte procuró darle un respiro, a pesar de ser una criatura y con el incremento de la moral más rebeldes y viriathros se unían a la defensa de la caverna.
Los hombres comenzaban a rodear al propio Jasnoth y, poco a poco, el temor se desvanecía.

– ¡El dracónico será derrotado! –

Gritó uno de entre las masas humanas.
Y Jasnoth gruñía ante el Demonio de Yahandá. Quién no planeaba darle descanso siquiera.
A toda prisa marchaba al frente, mientras su katana parecía producir una envolvente de brisas que buscaban rivalizar a su paso.

– Jas… –

Murmuraba el muerto viviente.

Antes de lograr preverlo, uno de los rebeldes pisoteó el cráneo. No solo los ojos se desparramaban, sino que el guardián del dracónico se desmaterializaba hasta conformar rastros de agua.

En tal momento, Jasnoth estalló de ira y, antes que todos se percataran, atrapó al rebelde y le mordisqueó el cuello.

– ¡ARRGGHH!! –

En el intento de rescatarlo, el resto de rebeldes azotaron sus sables contra el enemigo. Sin embargo, a tiempo, la melena grisácea creció conformando un torreón.
Desde las alturas Jasnoth mordía el cuello de su víctima, ante la expectativa de Ralonte y Cent’Kas.

En la caverna, Sinuesa se alarmó al advertir los sucesos y, seguido de ello, todos se aglomeraban.
Viriathros se unían a la causa contra la criatura y, tan pronto como la víctima del dracónico cedía a la muerte, Dorothea y Joseph desenvainaron sus armas pronosticando un mal superior.
Luego de arrojar al moribundo rebelde, Jasnoth desvaneció la longitud de su melena y regresó para mantener ocupados a sus atacantes. Asimismo, los iris del rebelde comenzaban a resplandecer y, atenta, la concubina alzó sus afilados abanicos, con la intención de degollar al cadáver.

Lena y Romir palidecían al avizorar el posible impacto.
Al instante, Rultz empujó a Erión para desviarlo del pertinente lanzamiento. Y tras abrir sus resplandecientes ojos, el cadáver logró desviar su caída.

En colisión contra un grupo de viriathros, una de sus extremidades se separó ante el preciso corte de la concubina.
Gritos atormentaban a los presentes y, para cuando el mayordomo buscaba dar fin a la amenaza, habían desprovisto el ágil contagio de los esbirros. Dos Viriathros yacían mordidos.

– ¡A por él! –

Gritó Ralonte.

Todos se volteaban para lanzar cortes de sables ante la amenaza cercana y Cent’Kas rechinaba los dientes. Puesto que el dracónico se había movilizado más rápido de lo que preveía. Y ahora el concilio se encontraba en peligro.

¿Qué sucederá en este punto? ¿Lograrán, finalmente, detener al poderoso Jasnoth?