Capítulo 17 – Epopeya del Terror

por | Jul 14, 2018 | Crónica Originaria: La Gran Inmigración

“…Ante el surgimiento de la esperanza, las rivalidades se unificaban y las leyendas de las deidades se fortalecían…”

Epopeya del Terror


La muerte de Fab era devastadora. Aunque Lena estuviera a salvo, y Romir lograra acordar una liberación con el Campeón Crepuscular, las lágrimas aún bañaban los rostros de Rultz y Erión. Así fuera un Viriathro y se encontrara entre la raza más pasiva del Imperio, había sido el Líder. Inclusive para Roños.
Sus palabras y el valor habían despertado el espíritu y el optimismo de derrotar la perspectiva de la esclavitud.

Rav’Thos se encontraba viendo el amanecer, fuera de la caverna. Como si aguardara con esperanza, observaba las pocas espadas que aún quedaban. Aquellos dorados sables que los rebeldes no supieron constatar en la noche.

– Él nos une a todos –

Exclamó un Viriathro que consolaba a Sinuesa.

El padre de la raza logró divisar en la distancia la llegada del Campeón Crepuscular y la escolta. Por poco el aliento le sofocó y las lágrimas comenzaron a surgir por encima de sus pómulos.

Sinuesa, que se hallaba vencida por el abuso, se levantó al advertir la llegada de los rebeldes. Y con ella, lo hicieron el resto de Viriathros que aguardaban la esperanza en el fondo de la caverna.

Romir temía que el anciano Rav’Thos enloqueciera ante la noticia. Siempre le habían preocupado los Seres tan pasivos, como si conservaran la ira en el interior de una frágil vasija de barro.

Cent’Kas se arrodilló ante el Señor de la caverna. Le siguieron Erión y Rultz. Más tarde, Lena hizo su parte, al igual que Dorothea. Romir avanzó unos pasos y enfrentó al padre que se desarmaba a medida contemplaba.
El mayordomo recostó al hijo del Viriathro sobre la arena que conformaba un sendero hacia las cavernas y se arrodilló, siguiendo la postura del resto.

El cuerpo de Rav’Thos se encogía y sus piernas se derrumbaban. Los Viriathros observaban con recelo y Sinuesa solo tenía ojos para el campeón.
A pesar de desconocerlo, Romir avanzó y abrazó al desconsolado Líder.
Tras sostenerlo de la inminente caída, le susurró:

– Él lo querría de pie. Por su hijo, debemos unirnos y hallar la libertad juntos –
– Él… Él… –
– Él ha sido el héroe que nos ha rescatado a todos… –
Las manos del Viriathro temblequeando cubrían sus ojos y refregaban su frente, mientras los brazos de Romir rodeaban sus endebles hombros.

– ¡Aparta! –

Gritó Sinuesa, quién recuperaba el valor al desconocer a los nobles.

Cent’Kas se erguía poco a poco. Sin embargo, la furia de la Viriathro carecía de control. Dispuesta a todo, avanzó, tomó uno de los sables dorados y planeaba acometer en  contra del magistrado. Asimismo, Joseph, el mayordomo, se disponía a defenderlo. Pero el ninja, se cruzó delante del mismo y, en cuestión de segundos, detuvo el corte que Sinuesa planeaba realizar.

– No somos el Imperio –

Exclamaba Romir, con calma.

Sinuesa rechinaba los dientes y, sin necesidad de desenvainar, Cent’Kas le tomaba por el brazo.
El sable se desprendía de sus dedos y abrazó al campeón mientras el sollozo acaparaba la mañana. Siquiera podía despistar la vista ante el rostro sereno de Fab.

– Hemos sido esclavos todos. Algunos recibimos más dotes, pero el Imperio se alimenta de nuestras enemistades –

Clamaba Romir observando a Sinuesa y al resto de Viriathros.
Rav’Thos permanecía con los ojos directos en su hijo. Parecía reflexionar todas sus acciones y las propias. Imaginaba la alegría de Fab, que contagiaba cada día a los prisioneros y la esperanza que inundaba con sus actividades.

– Hoy el Imperio esta bajo un ataque descomunal. Podemos aguardar que triunfen y seguir con el ideal de la salvación, o bien podemos buscar la oportunidad y abandonarlos ahora. Gracias a ustedes, hoy contamos con los poderosos navíos y nosotros podemos conseguir una salida. Pero gracias a Cent’Kas contamos con un guerrero, que se ha salvado por éste Héroe –

– Hoy lo tenemos todo. Quizá mañana no se repita esta historia –

Agregó Lena y Romir asintió.

– Mañana… –

Murmuró Rav’Thos con afonía en la voz.

– Mañana –

Repitieron Sinuesa y los Viriathros. Cent’Kas observó a todos con confusión.

Y, tan pronto cuando parecía que se unían bajo un nuevo ideal, un grito atormentador espabiló a todos los presentes.

– ¡GAAAAAAHHHHH!!! –

Ralonte abandonó a los rebeldes para asistir a Roños. Pero era demasiado tarde para el esclavo que éste protegía.
Aún así, el muchacho de cabellera rojiza desenvainó su sable para liberar al hombre.

– ¡Máteme Roños! ¡Se lo suplico! –
– Debe existir otro modo… –
– ¡Hazlo! –

Gritó Ralonte.

Y la voz ronca en la espalda del poseído resonaba desde las fauces sombrías.

– No puedes hacerlo. Eres demasiado cobarde –
– Pero yo no lo soy –

Replicó Ralonte y, en lo que dura un pestañeo, desenfundó su sable y le degolló.

– ¡Nooo!! –

Gimió Jasnoth, a medida que el poseído se desangraba. Ralonte atrapó a Roños y clamó:

– Vámonos –

Y la macabra risa de Jasnoth se apropió del propio Roños.

Ralonte le soltó y alzó el sable. La melena rojiza se ennegrecía y crecía con soltura.

– ¿Acaso creían que me interesaba el atemorizado cuerpo de esa vasija? –

– Roños… tú… –
– ¿Roños? ¿Así se llamaba este? –

Ralonte retrocedía, al tiempo que el cadáver del poseído se alzaba. Sus ojos resplandecían y los temerosos rebeldes huyeron hacia las cavernas.

– Entonces tú eres la criatura culpable de todo esto –

Exclamaba Ralonte y Jasnoth, apropiándose completamente de Roños, asentía.

– Lo lamento Roños, pero tendré que… –
– ¿Matarme? Ju Ju Ju… –

En la caverna de los Viriathros, Cent’Kas alzó el ceño ante la llegada de numerosos rebeldes.

– ¿Qué está sucediendo allí fuera? –

Consultaba Sinuesa y ninguno era capaz de responder.

– Ro… Roños… ha… –

Alcanzó a murmurar uno que, de pronto, al ver el cadáver de Fab se quedó mudo.

Todos los llegados observaban con temor al Viriathro caído y, buscando calmar las asperezas, Romir, que aún sostenía a Rav’Thos, anunció:

– Reúnanse todos y tomemos la decisión que modificará nuestras vidas de ahora en adelante —

– Eso puede esperar –

Replicó Cent’Kas.

– ¿A dónde irás? –

Reclamó Sinuesa.

– Debo saber que sucede –
– Pero tú… –

Sin darle oportunidad de concretar comentario alguno, el Demonio de Yahandá se retiraba.
Aún así, no se alejó lo suficiente. Puesto que contempló como Ralonte llegaba aterrado.

– ¡Un muerto viviente! –

Anunciaba, y los rebeldes observaban todas las posibilidades de fuga.
La reunión de los Viriathros, Nobles y Rebeldes se vería interrumpida.

El poseído, que hubiera sido degollado, se aproximaba con los ojos resplandecientes.

– ¡Huyan todos! Se contagia al tacto. ¡Roños ha sido convertido! –

Gritaba, como podía, Ralonte.

Joseph y Dorothea se irguieron y avanzaron lentamente. Apenas se observaban el uno al otro, pero ostentaban una clara misión.
Cent’Kas empuñaba su katana, e ignorando el pasaje de Ralonte, observó la llegada de los sombríos vestigios.

– ¿Que no ibas a asesinarme? –

Gritaba Jasnoth, a pocos pasos del muerto viviente.

– Apártate –

Anunciaba Ralonte al pasar. Pero Cent’Kas no parecía dispuesto a hacerlo.

– El dracónico –

Murmuró.

Y una brisa helada acometía entre las miradas enfrentadas.

– Tú… Tú… –

Clamaba Jasnoth con la voz ronca, a medida la piel de Roños se demacraba.

– Tú eres la vasija ideal –

Comenzaban a recluirse todos en el interior de la caverna. Incluso transportaban el cuerpo de Fab y los temerosos rebeldes observan una batalla a punto dce gestarse.
Romir, aprovechó el momento para acordar la fuga desde el Puerto, frente a Rav’Thos como representante de los Viriathros y Ralonte de los rebeldes.

Sinuesa contemplaba la resolución del Campeón Crepuscular, mientras Joseph y Dorothea aguardaban en el ingreso a la caverna.

– Aún no olvido que nos traicionaste –

Murmuraba el mayordomo y, sin embargo, la dama no tenía respuesta alguna.

Jasnoth, en el cuerpo de Roños, se detuvo de pronto y señalando al zombi que había despertado, anunció con voz ronca:

– Veamos si eres la vasija ideal, como sospechaba –
– Ris Jan bok… –

Replicaba el muerto viviente.

Y ante el zumbido de la Katana desenvainada, los rayos solares del amanecer irrumpían sobre el duelo que comenzaba a incubarse.

Romir iniciaba el diálogo entre los presentes.

– Hoy, y por los días venideros, nos comprometemos a una alianza para quebrar la injusticia a la que el Imperio condena a todo Ser viviente. ¿Están de acuerdo? –

Rav’Thos y Ralonte alzaron sus manos glorificando tal juramente. Ante todos los presentes, firmaron en la arena de la caverna el acuerdo de alianza de la Triple R y discutieron los preparativos.

– Debemos vengar a mi hijo –

Clamó el Líder de los Viriathros y sus súbditos asentían.

– Y lo haremos. Pero primero debemos evacuar para alistarnos –

Replicó Romir, con confianza.

– Si las criaturas no consiguen vencerles, regresaremos por ellos –

Agregó, de buena gana, Ralonte.

– Entonces debemos planificar y yo tengo una fabulosa idea –

– El puerto… –

Respondió Rav’Thos y Romir adhirió.

– Pero probablemente ese sitio este cubierto por ejércitos. Sería un suicidio –
– Para ello requerimos la asistencia de un Noble que nos permita el paso libre. Al menos unas horas de anticipación –
– Eso suena improbable, Romir –
– Debemos confiar en que lo facilitará y para ello liberaremos a su familia. Son su única preocupación –
– ¿Liberaría a todos a cambio de su sacrificio? –
– Es leal al Imperio por temor a lo que produzca una traición en su familia –
– Eso no garantiza nada, Romir –
– Opino que secuestremos a la familia, y no tendrá otra opción que acatar –
– Lena querida… –
– Lo se… Es duro de mi parte. Pero el tiempo apremia y es menester una solución. Sabes que él nunca estará de acuerdo.

Y tan pronto se concretaban los planes, el duelo dio inicio y todos salieron a conocer los resultados.

Mientras tanto en el Gran Torreón y a la luz de las antorchas, el Mariscal contemplaba el delgado cuerpo del dracónico claro en el interior de la prisión. Detrás se aproximaba un acólito y su extensa túnica parecía levitar sobre su pasaje.

– ¿Qué deseas Orich? –
– Supongo lo imaginas –
– Supones bien… –

De rodillas aguardaba el Mariscal y detrás ante la leve luminosidad de las llamas, entre la penumbra, la figura del acólito sopesó sus manos sobre los hombros del emperador.

– Mas allá de las Sierras de Feror… –
– Elfos… Estúpidos elfos… –

Replicó el Mariscal, con furia, y regresando al silencio, el acólito prosiguió.

– Mas allá… Existe una archipiélago. Las Penurias Sangrientas
– Penurias Sangrientas… –

Repitió el Mariscal y el acólito asintió. Más tarde le soltó y se arrodilló a su lado, mientras observaban la prisión.

– Allí existe un manantial de agua dulce y se dice que allí encontraste al Hacedor de Luz… –
– Muchas cosas se dicen. Pero en realidad me encuentro aquí encerrado, como él –

Murmuró rechinando los dientes.

– Eso será tema para otra conversación. El punto es, que ese dracónico negro podría generar un nuevo caos. Sumado a ello, los rebeldes están tomando decisiones erróneas. –
– Era de imaginarse. ¡Pedí que me dejaran ir por ese… –
– Ya recibiste respuesta respecto a ello. Olvídalo. Enviarás al hermano en tu lugar –
– ¿Dos dracónicos libres? ¡¿Y yo aquí encerrado?! ¿De qué me hablas Orich? –
– Ahora que el Imperio posee poder marítimo, llevaremos a los rebeldes sin causa hacia las Penurias Sangrientas. Serán castigados en ese lugar, por el resto de sus vidas y serán el vivo ejemplo para los que fortalezcan el Imperio. Además el Hacedor de Luz se encargará de custodiar su hogar, teniendo libertad de castigarlos a todos si lo desea –
-¿Darnoth? ¿Lo capturé para que lo dejes en libertad? ¿Y qué sucederá con Jasnoth? –

El acólito río por lo bajo, se irguió y se marchó lentamente.

– ¡Orich! –

Gritó el Mariscal desde las profundidades.

– ¿Qué importancia tiene? El Hacedor de Luz y el Rey de los Muertos no serán más que un estorbo para Daghol. Lejos de nuestro horizonte… –

Murmuró Orich. Y aunque su voz sonara lejana, el Mariscal la oyó perfectamente. Tan pronto el acólito desapareció entre la laberíntica odisea del torreón, el emperador observó fijamente el cuerpo adormecido de Darnoth.

¿Logrará Cent’Kas detener la amenaza de Jasnoth para alargar la esperanza de los prisioneros? –