“…¿Sería Relthas quién personificaba la leyenda del fin de su civilización? ¿o sería el mismísimo Zarek?…”

El Señor de la Montaña de Jacor

Una asidua tormenta de nieve azotaba la montaña, mientras una interminable batalla se cernía a los ojos de Rofindir.

 

Aunque solo se tratase del principio, Zarek se encontraba dispuesto a quitarle la vida a BlackHawk, para luego hallar al siniestro forajido. El culpable por la muerte de Othar.

Si bien el fundamento era mayor, que aquella venganza, se lo debía a Bera, quién nunca vaciló al intentar sanarlo en su momento de enorme desesperanza.

Pero el mercenario, al que alzaba del cuello, no estaba solo. Ante el irremediable destino confirmó el Plan B por su radio y, a oídos de Dietrick y Fabric, inició un final sin precedentes.
Primero Fabric se encargó de habilitar la visión en su mirilla, por medio de una explosiva descarga que transformaría la caverna en una gigantesca fosa. Justo en aquél momento Semnurd se adelantaba, superando la línea de las rivalidades, y decidido a cobrar revancha por la muerte de Othar avizoró al enemigo. Sin dudarlo demasiado cargó una flecha y sus ojos advirtieron a una dama al frente. Dietrick procedió a apuntarle con su revólver.

– Su destino está en mis manos –

Exclamó Érabo ante la penumbra.

En el interior del agujero, la figura del forajido reaparecía desde las sombras y sus armas de fuego se hallaban detrás de Zarek y Andy.

Al alertar la situación, Fabric, desactivó el sistema de cañón y revirtiendo el rifle a la configuración previa, tras rechinar los dientes, fijó en la mirilla al enemigo.

– Dietrick procede con el plan. No tenemos tiempo para tonterías –
– Un nuevo impostor está dispuesto a atacar a mi Maestro –

De repente una ronca carcajada se abrió paso ante los latentes suspiros del clima. Y cuando Érabo se disponía a descargar sus armas en los hombres, notó la presencia del joven, recostado en la colina lejana. La extensa carabina le apuntaba a la perfección.

– ¡Maldición! –
– ¿Qué sucede Fabric? ¡Informa! –
– El objetivo me ha descubierto. Repito, ¡el objetivo me ha descubierto! –

BlackHawk despertó del momentáneo sueño al oír las potentes transmisiones desde la radio, y sin siquiera retomar su aliento murmuró.

– Es imposible. Yo no puedo notarte desde esta distancia –
– ¡Objetivo en movimiento! –
– ¡Maldita sea! Dietrick, consigue tiempo al muchacho.

Los dedos del Nórdico se cerraron en torno a sus manos y, sin levantar sospechas, buscó con la mirada sus hachas entre los escombros.

– ¡Responde Dietrick! –

Insistía Andy, quién dolorido se erguía buscando su escopeta de doble caño.

Un zumbido tras otro intentaban darle. Sin mesura alguna, la dama, retrocedía saltando y evadiendo los proyectiles provenientes del arco de Sem.

– Me encuentro en apuros también. Pero el objetivo es la prioridad –
– ¡No escaparás a esto! –

Gritó el muchacho a la distancia, al tiempo que recargaba un innumerable par de flechas.
Dietrick retrocedía formando una trompa con sus labios, como lanzando un beso a la distancia.

– No querrás que te acabe tan pronto con ese potencial, ¿verdad? –

Eficaz, la ligera huida le concedió evitar ataques por cada segundo que pasaba. Pero repentinamente un certero corte le impactó en algún sitio, y fue tan inesperado su revuelco por la nieve, que no se pudo deducir si había conseguido salvarse.

– ¡Si! –

Victorioso alardeaba Sem. E ignorando al resto, avanzó en busca de la rebelde. La misma, aguardaba de espaldas al cielo mientras una de sus rodillas se desplegaba hacia delante, como si hubiera querido proseguir con la carrera a rastras. Su complexión y su posición, por un leve momento, obligaban al muchacho a bajar la guardia. La radio proseguía el diálogo y los disparos resonaban desde el fondo.

Dietrick yacía acostada sobre su revólver y, ante la sombra de su propio rostro, ocultaba una sonrisa pecaminosa.

– Gírate –

Murmuró el muchacho, quién observaba con recelo. Puesto que no advertía ninguna de sus flechas perforando su atlética figura. Sin embargo, un delgado hilo de sangre se esparcía sobre la nieve.

– ¡Hey, recapacita! –

Sin respuesta alguna, se arrodilló para investigar, y por sorpresa la mujer apuntó su revólver al rostro de éste.
Ella le guiñó un ojo y de repente su mirada se arqueó en dirección a la radio.

– ¡Me está alcanzando! ¡AGHH!! –
– ¡Dietrick! –

Sus verdes ojos se cerraron un leve momento y, tras abrirse al instante siguiente, susurró:

– Lo lamento. Tendremos que posponer esto para luego –

Sem, sin comprender, notó como su revólver se desplegaba hacia abajo y la tomó del brazo.

– No espero que comprendas, mi amigo está en apuros –
– ¡Así estaba también Othar! –
– ¿Othar? –
– ¡Espabila Dietrick! –
– Enterada –

A medida se erguía, le asestó un rodillazo al joven Semnurd y, sin aguardar respuesta, se marchó veloz como una fresca brisa en un ardiente verano.

El muchacho la observaba perplejo y, al desviar la mirada hacia la fosa, alertó al Nórdico. Recordando su meta inicial, alzó el arco y flecha para acabarlo.

Zarek oyó como la flecha se tensaba ante el respirar del viento y el descenso de la tormenta invernal. Ya había perdido ante la última memoria, pero se hallaba en un momento complejo. Andy le apuntaba su escopeta de doble caño en las proximidades, mientras que el otro, el hermano de Bera, cargaba un proyectil sobre las alturas de la caverna.

“…Ante el frío que sucumbía en los alrededores, el guerrero del Norte, cayó en un sueño estando despierto.
Con orgullo alertó el grito de los Nórdicos.
Él se notaba mas joven y, a sus pies, se hallaba el abundante pelaje de un oso de grandes dimensiones.
Entre la muchedumbre se acercaba el Líder de la civilización, quién portaba unas hachas. Aquellas, las que el joven Zarek añorara.

– ¿Lo veis todos? ¡Nuestro futuro es mas alentador que el propio pasado! ¡El pequeño ha demostrado su osadía! –

Todos gritaban al unísono, mientras el Líder de barba rubia se arrodillaba ante él y desligándose de sus hombreras, se las entregaba como trofeo.

– Por cientos de años, los Nórdicos, hemos entregado estas Hombreras de Adamantio a los más dignos guerreros –
– Yo quiero esas –

Murmuraba el niño, refiriéndose a las hachas.

– ¡Ha Ha Ha! Lo se… Todos quieren estas –

Las carcajadas pasaron a protagonizar la escena y el joven Zarek tomó las hombreras, las que eran tan grandes que ni siquiera pensaba en utilizarlas. Ante la felicitación de todos, avizoró las cabañas destruidas y una enorme bestia delante de sus pies. Sus manos nunca cedieron en sostener una espada de filo ancho. El había asesinado al peligro y, desde pequeño, los pocos e íntimos compañeros le gritaban:

…Héroe…”

Al recuperar la consciencia, abrió los ojos y notó el espíritu de su líder, al frente. Inesperadamente Zarek se arrodilló ante éste y posó las manos en sus hombreras.

– ¿Qué es lo que haces Nórdico? –

Murmuró, por lo bajo, el muchacho.

– Aquí está todo controlado. ¡Informen Fabric y Dietrick! –

BSSHHHH

La radio solo reaccionaba con interferencia, lo que estimulaba a BlackHawk a tomar cartas en el asunto.

– No se quien eres, ni que buscas aquí. Pero por lo que llevo viendo eres una amenaza. Por lo tanto… –

Alzó la escopeta detrás del Nórdico y apuntó a su nuca. La víctima, rindiéndose al destino, cerró los ojos. La brisa resoplaba, tal fiereza como un leopardo agitado y, tras segundos de intensidad, el espíritu del líder se convirtió en un espiral congelado.

Sem observaba sin palabras.

No demoró en recordar la amabilidad de Othar y de su hermana. Inesperadamente modificó su objetivo, ahora su arco apuntaba al mercenario. Sentía como la calma se apropiaba de él y le apaciguaba, poco a poco sus intenciones eran mas transparentes.

Tras un crujido, la flecha se soltó y el repentino zumbido atrajo la atención de Andy. Éste, al instante, se volteó advirtiendo el trayecto del disparo y se movilizó hacia un lado, logrando así evadir un trágico destino.

– E… Es imposible –

Sem tomó un nuevo proyectil y cuando lo lanzaba advirtió el ágil movimiento del contrincante. Sus certeros ataques no hacían más, que asestar en el fondo de la caverna. Irremediablemente, el hombre le apuntó con su escopeta y, soltando su cuerpo sobre la nieve, Semnurd esquivó el disparo.

Zarek abrió los ojos. Tras el estallido comprendió que aún yacía con vida propia.

Antes de entenderlo todo, se encaminó hacia un lado y, recordando la esperanza de su antiguo líder, arrancó el filo de entre los escombros.

– ¿Cómo te atreves a apuntarme por la espalda, sin mediar al menos conversación? –

Gritó BlackHawk. Y de pronto las respuestas llegaron desde la radio.

– He llegado a una duna nevada. No se por cuanto sobreviva. ¡El objetivo desaparece por medio de su capa y no advierto rastros térmicos! Es como si estuviese… –
– ¿Muerto…? Resiste Fabric, estoy en camino –

Replicó Dietrick, mientras los vientos parecían ser captados por el medio de comunicación. La interferencia era constante.

– Recibido el reporte. ¡Iré por ustedes en breve! –

Rápidamente Andy se movilizó por la caverna formando una ola de aire en torno a Zarek, quién ahora constataba la ligereza de los pasos de aquél mercenario.

Sem, el centinela, preparaba otra flecha mientras aguardaba recostado en la nieve. De repente los rayos solares se ausentaron y, al levantar la mirada, el muchacho percibió la boca del fusil delante de su pálida frente.

– Procederé a eliminarlos a ambos y capturaré a Érabo –

Sin aliento, el muchacho se vio con escasas probabilidades de sobrevivir al suceso. Pero un alarido resonó a tal magnitud, y a tan corta distancia, que le tomó por sorpresa.

Velozmente BlackHawk retrocedió y los colgantes en su garganta izaron desprevenidamente. Sus botas resplandecientes remarcaban la superficie, ante las huellas ligeras.

Zarek se detenía delante de Sem, tras un feroz salto, y sosteniendo ambas hachas se aguardaba el asalto.

– ¿Tú? –
– Grr… –

De camino a la colina, la alumna preferida de BlackHawk se dirigía con ímpetu. Cuando las últimas e inhóspitas palabras le detuvieron, por un leve instante. Su aliento yacía agitado y solo buscaba verificar alguna conclusión respecto al diálogo previo, mientras sus ojos se dirigían a la radio.

– ¿Maestro BlackHawk? –
– Tu eres la clave del Plan B, Dietrick. ¡Prosigue! –

Ella asintió ante las palabras, cuando de pronto Fabric respondió:

– No hay problema, me dispongo a abrir el portaequipaje. Así es que, si el objetivo sobrevive será empujado hacia ustedes –

– ¡No lo hagas Fabric! Lo necesito con vida –

– ¿Qué no era por una recompensa? –

Respondió súbitamente la dama, tratando de reanimar el aliento.

Andy BlackHawk observó hacia la colina con desdén y, de repente, Zarek inició la carga contra él.

– ¡GAHH!! –

Sem, una vez más, perplejo notaba como el Nórdico le protegía.

El ataque entre ambos no concluyó. Siquiera sus cuerpos colisionaron en el vacío del terreno, que una onda sísmica se produjo desde el Oeste. Blackhawk retomó su radio, cuando ya era demasiado tarde…

– ¡Fabric! ¡No! –

El Nórdico se detuvo delante de éste, y el centinela, volteó la mirada por instinto.

Las ráfagas de viento se dirigían hacia el curso contrario, hacia el Este. E incluso los pompones de nieve arrasaban ante el paisaje.
Hacia el horizonte, sobre la colina, se alertaba la iluminación destellar por la detonación.

Tras la estridente presencia del viento, un cuerpo sucumbió contra la cabaña. Los gemidos de Ellis y Bera, ante lo desconocido, eran latentes. Se oyeron de pronto el resquebrajar completo de las tablas que sostenían la endeble cabaña.

– ¡Detén esto Fabric! –

Exclamó Andy, mientras la expansión del impacto le empujaba contra su voluntad. Zarek, en un intento de no perderle de vista, asestó su hacha en una mitad de la chaqueta y el hombre quedó paralizado.

– ¡Fa… Fabric!! –

Lamentó la dama, quién no podía contenerse ante el impulso eólico. A penas lograba rozar sus dedos contra la nieve, mientras las rodillas se les destrababan por tanta fuerza.

Resonando con un zumbido, la hoja restante del Nórdico, se dirigía hacia el rostro de Andy. Pero, al instante, éste soltó una esfera desde su cinturón y, mientras esperaba tal consecuencia, saltó a un lado evadiendo el temible corte. Pero el hacha que atravesaba su chaqueta no le permitió ir lo suficiente lejos.

FZZZZ

De pronto una nubosidad grisácea se conformó bajo los pies de Zarek, quién rechinando los dientes alzó su hacha para finalizar el aliento del mercenario. Éste, sin posibilidad alguna, cargaba su escopeta pero el tiempo no le era suficiente.

Un instante a otro produjo mayor presión en el aire. El nórdico sintió el temblor en la espalda y, cuando el arma que esclavizaba a BlackHawk comenzaba a ceder, optó por pisotearla.

– Grr… –
– M… Maldición –

Sem alertó el profundo impacto explosivo en la distancia y, rápidamente, se revolcó buscando protegerse en el fondo de la fosa.

– A… C… Cubiertoooo –

Alcanzó a exclamar Dietrick, y la nieve contenida en la colina se dispersó. Los vientos la empujaron fuera de su equilibrio.

Solo se alcanzaba a ver la oscuridad, mezclada con los rastros blancos.

Ante la nubosidad, Andy suspiraba alertando el filo sorbe su rostro. Se encontraba a punto de ser enterrado, como si fuera un ancla respetando la gravedad. La interferencia resonaba desde la radio y siquiera llegó a divisar la colina reluciendo a través de la nube de gas, que sintió como el mismo efecto de área expuso el hacha de su alcance y le liberó.

Sus pies rozaron la nieve. Cuando se decidía a recorrer distancias desconocidas, la ventisca lo atrapó junto al Nórdico. Ambos se estampillaron contra la cabaña, que sumado a la fiereza del viento la derrumbaron por completa.

Ellis y Bera alcanzaron a salir a tiempo, y sus túnicas de seda se ampliaban hacia los bosques. Montones de escombros se formalizaban en sus alrededores.

En el interior de la caverna, Sem oía, entre nervios, la destrucción latente. Repentinamente una figura se detuvo a pasos de él. Poco a poco, su cuerpo se fortalecía mientras la capa revoloteaba. El centinela irguió su arco contra el individuo, pero el revólver se hallaba delante de sus ojos.

– ¿Q… Quién eres tú? –

Una carcajada resonó con afonía, y el joven alertó como el hombre se volteaba de perfil. Desde la mitad de su rostro levitaba un denso polvillo.

La que pareciera ser una máscara, se separaba en dos y su pálido rostro enseñaba una macabra sonrisa, mientras su ojo visible parecía ser blanco.

– T… Tu eres –

Asintiendo el hombre descendió desde un lateral de la fosa, y con su mano libre se quitó el sombrero. Una fina y rubia melena corta se descubrió, mientras los lazos del casco a poco le ahorcaban al arrastrarse por la espalda.

– Ahora todo tiene sentido –

Sem tomó una flecha, pero el siniestro pistolero le disparó hacia el hombro y le desarmó el carcaj.
Sin flechas, el centinela resolvió soltar su arco y desenvainó una daga. A paso cruzado Érabo avanzó mientras recargaba.

¡CRICK! ¡CRICK!

De pronto un estallido resonó desde las alturas y el disparo fue a un paso del pistolero. Éste alzó la vista y notó una silueta femenina.

El temporal provocado por la explosión había finalizado a su alrededor.

– No te dejaré que acabes con mi contrincante –

Érabo sonrió y se echó hacia atrás, a punto de recostarse sobre la nieve. Al mismo tiempo una descarga vertical arrasaba delante de su mirada. Detrás de los proyectiles, como si se ralentizara la perspectiva, Sem contra atacaba.

– ¡Tiene sentido! Tú mataste a Othar –

Cubriéndose con la capa, Érabo se desvaneció recostado mientras una sonrisa se alargaba y el resto de la máscara acababa por desplomarse en la superficie.

– ¡BlackHawk! ¡Le tengo! ¡En la caverna!! –

Gimió Dietrick y repentinamente un disparo atravesó su hombro, mientras observaba hacia la fosa.

– TSK…. –

– ¡Dónde diablos has ido! –

Los verdes ojos de la dama se congelaban atendiendo la temible sonrisa formarse bajo ella. Luego, el revólver aparecía apuntando a espalda del muchacho y, desconcertado, delante del enemigo, éste le buscaba con la daga a mano.

Cayendo de rodillas Dietrick soltó su revólver, y viendo al frente desanuda la cuerda de hierro de su cinturón.

Segundos antes…

La nube de gas se dispersaba y el temporal finalizaba. BlackHawk despertaba yaciendo sobre los escombros, mientras que a su lado Zarek gruñía sin cesar.

– ¡Fabric! ¡Dietrick! Informen –

Gritaba Andy a su radio, de la cual solo recibía el estorbo ruidoso.

No tardó en advertir su arma de fuego a corta distancia. Pero, de pronto, oyó el sonido de las hombreras de adamantio y, seguido de la penumbra a su lado, sintió como le tomaban del cuello.
Zarek finalmente le cargaba al aire y un hacha nunca se le había escapado del tacto. Ya no había nada que detuviese su osadía.
Cuando repentinamente algo se logró discernir desde la radio que emitía el quisquilloso ruido blanco.

– ¡BlackHawk! ¡Le tengo! ¡En la caverna! –

Al instante, Andy posó sus pies y asestando un codazo en uno de los brazos del Nórdico, logró liberarse. Y aunque éste último le atacara con el filo, la velocidad de movimiento le ayudó a huir. Ni un segundo continuó  que el guerrero del Norte constató que la escopeta había desaparecido.

Lleno de ira, se inclinó hacia el cielo y cargó furioso hacia la caverna.

En la fosa… Sem no encontraba a Érabo y resolvió gritar:

– ¡Bera! ¡Huye el asesino de Othar fue quien… –

No pudo finalizar su anuncio que un puñal le atravesó desde la espalda y la sangre manó por doquier.

– ¡GDDDFF!! –

– ¿Creían que sería tan sencillo liberarse del destino? –

Le susurró Érabo al muchacho, quién tosiendo se ahogaba por los rojizos mares que desembocaban por sobre sus labios.

Tras soltarle, el joven sucumbió de frente y el pistolero se proponía acaba con Dietrick pero oyó la brisa suspirar al frente.

– Suelta el arma Maestro –
– Andy… –

Murmuró entre risas. BlackHawk apareció frente a él, al tiempo que Sem se desmoronaba.

– D… Daju… ¡Cough! ¡Cough! –

Por un leve momento Érabo desvió los ojos al joven que se desangraba, buscando de ésta manera confundir la atención de su discípulo. Pero no solo fue ineficaz, sino que además un círculo de hierro descendió sobre el forajido. Desde las alturas, la dama de rodillas, tensó las cadenas con algún mecanismo que suprimió la fuerza del asesino. El cuchillo se soltó de sus manos y la sonrisa se desvanecía, al tiempo que la doble boca de la escopeta se posaba en su pálido pómulo.

– Se acabó Érabo –
– Acaba entonces, antes que la tortuga nos encuentre –

Replicó con la voz ronca.

– ¿Tortuga? –

Una sonrisa volvió a dibujarse en el rostro del forajido y de repente alzó la vista hacia la noche.

– Estoy con vida. Repito, estoy con vida –

Anunció el joven Fabric desde el parlante de la radio de Dietrick.

– ¿Me notas desde tu punto? –

Murmuró la malherida pistolera.

– Confirmado –
– Procede con el plan –
– Enterado –

¡BIP! ¡BIP!

El lazo se alzó de pronto, mientras se recortaba la distancia hacia la fosa. La dama desligó el sistema de su cinturón, y ante la mirilla de Fabric, quién se encontraba ileso sobre un cráter, disparó su rifle. Repentinamente una red de hierro atrapó a la presa.

Luego Fabric se volteó hacia el portaequipaje y un cubo en éste se tornó azul resplandeciente.

– ¿Tortuga? –

Repitió confundido Andy BlackHawk y observó con desdén a Sem.

– Paquete recibido –

Confirmó el muchacho y, tras cerrar el maletín, tomó el lazo de hierro para luego conectarlo a su banda metálica en su antebrazo.
Érabo se quedó sin palabras, sin embargo su alegría no se desvanecía.

– ¡¡¡¡¡¡GROAAAAAGGH!!!! –

Desde las alturas aterrizó el Nórdico y, con todo el peso de su cuerpo, hundió la superficie a espaldas de BlackHawk.

– Ahora lo comprendo… Tu eres la tortuga –
– Grr… –
– ¿Maestro BlackHawk? –
– Retírate con Fabric. En breve les alcanzaré –
– De acuerdo –

Andy ladeó su rostro hacia el guerrero. Éste suspiraba al ver como Sem se desangraba delante de sus ojos.

– Be… Bera.. –
– Grr…. –
– Muy bien tortuga terminemos lo que hemos comenzado. Tengo tiempo suficiente –

Dietrick tomó su revólver al tiempo que se retiraba y su radio hacía interferencia.

– ¿Crees que él pueda solo? –
– Él siempre puede, Fabric –

Un movimiento sísmico se produjo a espaldas de la dama, seguido de un alarido de ira. Todo se derrumbaba, detrás de ella.

– ¡GROAAAGH! –

Las ramificaciones de tierra eran innumerables. El hacha permanecía allí, triturando un trozo de cuero de la chaqueta. Montones de escombros y nieve se desplegaban a los alrededores.

– Diablos… Y ese fue el fin de mi chaqueta –

Con su tórax desnudo y, peinando su cabello, Andy BlackHawk suspiraba ante el tenso Nórdico.

“…Aquél señor de la Montaña de Jacor, que con un azote había destruido un extenso trecho de terreno…”

 

…CONTINUARA…

…Continuara…