“…No existen fronteras ni temores, no existe maquinaciones ni secretos, solo entereza y coraje…”

El Plan de Asalto al Rigor Lejano

El nuevo amanecer se avecinaba sobre Rigor Lejano. Los aldeanos iniciaban sus quehaceres, mientras conversaban con algunos Sheriff en el Puesto de Mando.
Apenas los novedosos rayos solares atravesaban las ventanas y Egor se encaminaba por los pasillos de la cabaña llevando una fuente de bronce, una jarra y unas copas.

– ¡Muchachos! Estimo que la llegada de esa niña sea un mal augurio –
– Pero mi señor… ¿A caso cree que una niña tan atractiva conviviese con los Demonios de Drill?
– Es difícil de pensarlo, sin embargo sigue siendo un misterio como llegó, solitaria e ilesa, hasta aquí –
– ¿Y qué tal si venía con el Fantasma de Runfenir? –

El Líder hecho una carcajada, que produjo eco en las áreas más profundas de la cabaña –

– ¿A caso conoces la historia del Fantasma de Runfenir? –

Los vaqueros negaron sin meditarlo, al tiempo que el cabizbajo mayordomo servía copas con hidromiel.

– Ese bastardo solía ser un vaquero de estirpe reconocida en los territorios baldíos de Rigor Lejano –

Las llamas comenzaban a deshacerse a falta de leña y a proximidad suficiente se oía el movimiento incesante de la marea, que formaba el pozo de agua.
El insondable suspiro del descanso del muchacho se sentía con presencia, y Erabo no dormía. Sus misteriosos ojos, detrás de aquella máscara, observaban con detenimiento el hogar que hubiese sido de Andy BlackHawk.
El alimento había sido consumido en cuestión de minutos, y con los viajes eternos lograron desmoronar al joven que rápidamente encontró el sueño.

Tan pronto como desenfundó su colt, el Fantasma de Runfenir cargó sus municiones y volvió los ojos al dormilón.

– Ya va siendo hora de partir, Andy BlackHawk –

Su capa levitaba ante desconciertas brisas que aseguraban que no se encontraban solos. Sin embargo, no sentía el aire rozar su rostro.

Como si despertase de una pesadilla, ante el revoloteo del viento, Andy abrió sus ojos y, ante la silueta de su mentor presente, observó al Este como si recordara algo.

– Helen… –

Erabo dio unos pasos, pensativo, mientras que el joven camarada olvidó todo descanso. Y también, evidentemente, el paraíso que ostentase en aquél sitio.
Rápidamente se encaminó a su hogar natal, exclamando:

– Debemos ir por ella. Quizás se halle en peligro –
– Ella solo es la razón que incentivará a los suyos a atacar –
– No… Helen dijo que… –
– Andy BlackHawk… –

El muchacho ya se había retirado hacia su hogar.  Encontrándose luego fuera de la cabaña, portaba  la escopeta de su padre y tres cinturones de puñales que cubrían su cintura. Delante, por sorpresa, se hallaban las tumbas de su familia.

– Lo sé… Lo sé… Aún queda mucho por hacer, luego regresaré a echarles de menos –

Erabo enfundó su colt y se encaminó hacia la cabaña, mientras el sol se borraba del horizonte. Asimismo el cielo se tornaba anaranjado.
Sabía que cualquier consejo que le diese, el joven vaquero se convertiría paso a paso en el reflejo similar a su pasado. Aún así, y a oídos sordos, declaró:

– Nunca debes fiarte de nadie en este mundo, Andy BlackHawk –
– Mis compañeros ven más claridad que tus propios ojos –

Refutó con osadía.

– Algún día lo comprenderás –

El joven negó sin cansancio, y comenzó a marchar de regreso a Rigor Lejano, mientras Erabo le seguía desde las sombras y un mísero círculo anaranjado, aún inagotable, comenzaba a desvanecerse. La llegada de la noche se anunciaba en la naturaleza.

Mientras en el Oeste, la iluminación era tan densa que incluso el propio Jarriet se detuvo para contemplar la explosión que acaparaba completamente el horizonte. El corcel relinchó al instante, mientras el estruendo se abría paso por sobre el umbral audible.

– Pa… Padre… –

Murmuraba con lamento.

No tan distante de él, tronaba el galope insaciable de otro cuadrúpedo. Cuyo jinete solo tenía ojos dirigidos al lejano Este.

Tan pronto la detonación producía una nubosidad extensa en el cielo, el sol resplandecía al Este como si observara desde lo lejos.

Jarriet retuvo la saliva y emprendió la marcha hacia el Rigor Lejano, desconociendo que a minutos de él se aproximaba Jor’Mont.

La imagen impresionante se venía deshaciendo hacía horas, cuando entre los escombros la feroz batalla había finalizado. Y aunque innumerables hombres hubiesen perdido su vida, Dean yacía muerto tras ser degollado por el violento Stev.

Los asesinos del Comadrón acabaron por capturarlo, y finalmente recuperaron su pozo de agua. Las llamas no tardaron en desvanecerse ante la presencia de una enorme cavidad terrestre. Y a lo lejos, ante el sol expectante, sobre el lienzo azulado del día otra explosión se producía.
A distancias incalculables, y a los ojos de un solo hombre la silueta envolvente del incendio se destacaba.
El pescador se proponía a retomar sus labores, cuando su aliento le dejó perplejo. Notó que en el más allá, las llamas se alzaban sobre el mismísimo mar.

– Es eso… ¡Imposible! –

Las llamas parecían conformar un atardecer, que no planeaba abandonar su presencia sobre el mar. Sin embargo, su cercanía hacia ignorar el hecho de que se tratase de una estrella.

Una extensa nubosidad oscurecía el cielo a lo lejos, y dejaba al descubierto que, en aquél momento, una probable batalla en el más allá se estuviese gestando.
El hombre había quedado estupefacto. Una vez más, su caña temblequeaba al capturar a algún pez, sin embargo su consciencia vacilaba. Comenzaba a ponerse de pie, debía advertir a la aldea. Sin embargo, todos yacían en atención hacia el Oeste.

A medida se abalanzaba hacia el frente, ignorando lo que suscitara a su espalda, gritó sin descanso:

– ¡Una guerra ha estallado! –

La incertidumbre respecto a la cantidad de vaqueros que se movilizaban en los senderos estaba aplacando a cada campesino presente. Siquiera prestaban atención a lo que un viejo borracho exclamase desde el puerto.

En el Puesto de Mando, Don Canet se retiraba, custodiado por dos vaqueros. Desde la puerta de ingreso, Egor, observaba el panorama con los brazos cruzados.
De pronto, ante la ignorancia de todos, el sirviente avizoró apresurarse al pálido pescador avecinarse desde el Este. Pero era demasiado tarde ya, todo Ser prestaba interés en el Oeste.

 


No muy lejos de allí un intenso tiroteo iniciaba en el Cruce Austero. Ante la organización de Sheriff en el mapa de Runfenir, la llegada de Wes’Har y los demonios precipitaban la derrota inestimable a la defensa del pozo de agua.

Los jinetes, provenientes de Colmena de Drill, avanzaban y rodeaban a la reducida fortaleza. Disparos replicaban en consonancia y la moral de los Sheriff se hallaba en su punto límite.

– ¡No dejen ni uno con vida, pendejos! –

Uno tras otro caían ante el estridente alcance de los proyectiles. Apenas se oía la aguda melodía del silbido de Naher, entre las armas de fuego.
Gritos desconsolados asimilaban a una masacre sin precedentes.

De los pocos hombres que quedaron en pie, se disputaban la retirada al contemplar la borrosa humareda de polvo que se producía por el galope de tantos corceles.

– ¡Váyase alguno a advertir a Don Canet! –
– Esto es de no creer. Jamás hemos enfrentado una marea de demonios de tal tamaño –
– No te asustes camarada, aún siguen siendo hombres de carne y hueso –
– Ve a saber, incluso, cuantos compañeros han renunciado y traicionado nuestros ideales para unírseles –

Uno, entre los impacientes vaqueros gritó de pronto, y al acaparar la atención enemiga ofreció respiro a la mayoría. De esta manera un hombre aprovechó la oportunidad de darse a la fuga.

– ¿¡A caso estaban tan descontentos del orden y la paz que nos caracterizaba?! –

Y otro añadió, a su término:

– ¡Eso es! ¡Cobardes! –

Incluso los traidores entre la estampida de demonios gritaban junto a los más fieles de Colmena de Drill. Las palabras del Rigor Lejano no eran suficientes para evitar la llegada de las tropas de Wes’Har.
Siquiera se podía reconocer entre los lamentos de dolor y los alaridos, cuantos quedarían en pie.
Los disparos penetraban la fortaleza, imposibilitando cualquier escape y, en un abrir y cerrar de ojos, el bastión del Cruce Austero había caído en las manos de los Demonios de Drill.

Los últimos sheriff acabaron izando la bandera blanca como símbolo de rendición y, aunque pudieran integrar las tropas rebeldes a futuro, el temible Wes fusiló a cada uno de ellos.
El prestigio del pistolero más despiadado se elevaba hacia las estrellas, que invisibles no se podían constatar durante el día.
Los demonios no podían negar el buén liderazgo del muchacho. Incluso bajo su mandato, y en un implacable intento, había vencido al bastión invencible del Rigor Lejano en el Cruce Austero.
Aunque todos alentasen la victoria con los gritos de guerra, el joven pistolero contemplaba hacia el Este. Añoraba derrotar, de una vez por todas, a los Sheriff del Rigor Lejano.

– ¡El próximo serás tú, Don Canet! –

Y aunque un prometedor triunfo cautivase las creencias de Jor’Mont, hacia el lejano Oeste, el joven Jarriet se había esfumad de su vista.
Por más que el galope de su corcel fuese interminablemente constante, siquiera lograba divisar al jinete que había traicionado su campaña.
A su espaldas, aún se formalizaba la nubosidad constante tras el estallido de los explosivos. Parecía , incluso, como si hubiera borrado la remota perspectiva de la eternidad.

En Comadrón innumerables cadáveres se hallaban en la cavidad del terreno. Aunque los legendarios asesinos habían capturado a Stev y Dean, incontables vidas se habían perdido en aquel choque de ideales. La ira de los hombres no tenía cauce, incluso pretendían quitarle la vida a los prisioneros, pero el Líder optó por encerrarlos en su Aldea.

– Tarde o temprano, alguno regresará por ellos –

Exclamó observando la vasta destrucción, al tiempo que numerosos hombres tironeaban de unas cadenas de hierro. Detrás de ellas, eran empujados los prisioneros.

– No te decepciones Maia, nuestra tierra tendrá innumerables yagas pero no nos vencerán –

Añadió más tarde y cargándola en brazos. A paso calmo regresó hacia el Comadrón.

Dos figuras se encaminaban entre las ruinas que plasmaban la historia de un Pueblo abandonado. Ambos avanzaban, armados, en el desierto y árido camino.
El de mayor estatura asimilaba un cuerpo fornido a la distancia, su espalda resplandecía con un brillo marino, mientras que a su derecha le secundaba otro. Éste portaba un rifle winchester y se encontraba más adelante.
Llegando a ellos el cuerpo fornido era mayormente por la capa y ambos portaban sombreros, lo que aseguraba que eran vaqueros.
Andy BlackHawk y Erabo marchaban hacia el Este, en dirección a Rigor Lejano.

– Lo sé… Lo sé… Este es el sombrero de Padre. En alguna parte del mundo él verá todo esto y lo comprenderá –
– Tu Padre probablemente se sienta orgulloso, pero dudo que suceda lo mismo con tu Madre –
– ¿Por qué lo dices mentor? –
– Eres demasiado joven para participar en estas experiencias –
– ¿A qué edad comenzaste tú? –

Erabo guardó silencio a aquella incógnita y delante de sus ojos alertó las murallas del Rigor Lejano. Un intenso movimiento de tropas se desplazaban fuera y optó por bloquear el paso del chico.

– Lo sé… Lo sé… El Fantasma de Runfenir también teme a su pasado –
– Más bien… No recuerdo a cuando se remonta esa juventud de la que te refieres –

Andy yacía perplejo ante tal comentario, y el forajido permanecía atento al intenso desempeño de los Sheriff.

– ¿Cómo recuperaremos a Helen? –

Se atrevió a susurrar el joven, pero Erabo hizo caso omiso. Y, a punto de lanzarse hacia una muerte segura, atrapó al muchacho. Ambos sucumbieron sobre el suelo. Incluso en ausencia de brisas diurnas el ruido de sus caídas atrajo la atención de los protectores de la muralla. Sin embargo no lograron divisarles desde su lugar.

– Debemos esperar a que regrese la noche. Cuando se movilicen fuera del ingreso –
– Aún así son demasiados, mentor –
– Por eso esperamos. La paciencia es primordial para un tirador –
– Eso me exaspera –
– Debes aprender y abrazarla, será tu mejor aliada en los momentos más problemáticos –

El aluvión de jinetes que había salido victorioso tras la batalla en Cruce Austero regresaba a Colmena de Drill. Wes’Har planeaba abastecer las municiones de los hombres, antes de iniciar el ansiado final.
Algunos murmuraban sobre el posible retorno del Líder y la ausencia de su hija.
Aunque poseyeran un nuevo pozo de agua, y hubieran consumido lo suficiente, sospechaban que Jor’Mont no estaría contento.

En un abrir y cerrar de ojos habían llegado a la Aldea. Superados los minutos, las noticias se replicaron en todo el mercado.  Los festejos prosiguieron con la llegada del atardecer y Wes permaneció distanciado de todo. Pensativo, planificaba su último movimiento.
El griterío y la alegría era constante, hasta que una pausa silenciosa fue suficiente para que el pistolero notara la llegada de uno de los hombres.
Naher silbaba, como de forma cotidiana, y en sus manos transportaba un jarrón que contenía agua.

– ¿A qué has venido? –
– La noticia ha llegado a oídos de todos, y ahora el mercado negro también comercializa agua. Como todo ha sido por un propósito que tú has liderado, han acordado que tu beberías libremente –
– Hasta que Jor’Mont regrese y tenga el control de ello –

El muchacho asintió y entregó la bebida. Tras observar de reojo, Wes sació su sed y, luego de recuperar el aliento, enmudeció.

– Tú y yo no comenzamos de buena gana, pero no puedo negar que has liderado a estos hombres mejor que cualquier líder que haya conocido –
– No necesito de tu ironía, cabrón –
– Lo he dicho de verdad. Además los exploradores han informado que un jinete se avecina desde el Oeste –

Wes’Har entregó el jarrón y observó fijamente a Naher. Aún pensaba que ironizaba.

– ¿Qué planeas hacer con Jor’Mont? Ahora todos confían plenamente en ti –

Ninguna respuesta sobresalió del muchacho que, tras exhalar una bocanada de aire, su mirada se perdió en el horizonte.

– Mi señor –

Gritó un vaquero, entre el rejunte de bebedores.

– ¿Y ahora qué? –
– El Líder está a punto de llegar. Ha sido advertido por nuestros exploradores. –
– Bien… ¡Pendejos! ¡Prepárense! En breve iremos hacia Rigor Lejano –

Aunque observase por doquier, Jor’Mont yacía en pesimismo. Puesto que no hallaba a Helen DeathTrick al ingreso de su Aldea, ni tampoco había hallado al traidor.

Jarriet no estaba más adelante, sino que se había escondido detrás de una colina entre el improductivo paso. Al notar al Líder tomar el sendero donde se encontraba la calavera, montó su corcel y prosiguió su marcha. Sin embargo la sed comenzaba a agotar al animal, al igual que al muchacho.
Apenas conseguía advertir que el camino que llevaba a Colmena de Drill presentaba un mercado negro completamente ocupado. Bandidos gritaban sin cansancio, se asemejaba a una celebración. Quizás por la llegada del Líder. Aquél que el muchacho había conocido lo suficiente. Aquél que había abandonado toda su campaña y, quizás, para evitar luchar a muerte con los asesinos legendarios del Comadrón.

Ante el galope constante, los ojos de Jarriet empezaban a cerrarse. Su perspectiva se borroneaba sin mesura y, aún así, se encontraba a demasiada distancia como para estar próximo a Rigor Lejano, su antiguo hogar.
Pasadas unas cuantas millas, el corcel se hallaba demasiado débil para proseguir. Y aunque el muchacho estuviese sobre su lomo, se desmoronó y descansó. El animal no avanzó mucho más y terminó tumbado encima del suelo.
Cercanos a la fortaleza del Rigor Lejano, Erabo y su discípulo, Andy BlackHawk, estudiaban el modo de ingresar. De repente, un relincho atrajo la atención de los forajidos.

– Eso ha sido… ¿Un caballo? –

Exclamó el muchacho, confundido, y el Fantasma de Runfenir asintió. Más luego, hizo seña para explorar la zona, puesto que la noche se aproximaba y con ella se ocultarían de las miradas que resguardaban la muralla.

– Parece ser un muchacho –

Murmuró Andy, por lo bajo. Sin embargo, Erabo, que conocía los ropajes de los Sheriff, detuvo a su alumno y se encaminó sigilosamente, mientras desenvainaba un puñal.

– Lo sé… Lo sé… Con el silencio, y la latente oscuridad él concibe aquél nombre por el que le reconocen… El Fantasma de Runfenir –

Erabo llegó finalmente, y tras rozar su mano sobre el cuello del animal, oyó sus afligidos gemidos y supo que yacía sediento. Más luego, prosiguió y cuando planeaba degollar al vaquero, notó que se trataba del que advirtió a los Demonios de Drill tras el supuesto secuestro de Helen DeathTrick.
El Fantasma de Runfenir le observó detenidamente, y luego contempló la muralla del Rigor Lejano de forma pensativa.

Antes de poder determinar el asunto hizo una seña con sus dedos y Andy avanzó.

– ¿Qué haremos con él, Erabo? –

El hombre sustrajo las reservas de agua que Andy portaba en uno de sus cinturones y permitió al corcel saciar su sed.

– Pero… –
– Silencio Andy BlackHawk. Escucha atentamente –

El corcel despertaba con aliento suficiente, y el forajido estrechó el recipiente con agua al jinete. Luego de humedecer su rostro, éste despertó aterrado.

– E… El Fantasma… –

Erabo posó la mano sobre sus labios y susurró.

– Bebe, en silencio –

Jarriet asintió y tras tomar el envase, Erabo le liberó. Así bebió, compulsivamente.

– ¿Qué planeas? –

Murmuraba Andy, confundido.

– Marcharás con él. Es un Sheriff, le permitirán ingresar.
– ¿Y tú qué? –
– Yo esperaré aquí –

Andy alzó el ceño.

Y donde Jarriet recuperó el aliento comenzó a hablar.

– U… Ustedes secuestraron a Helen –

Erabo negó rotundamente, pero Andy le respondió:

– Ellos la tienen –
– ¿Está allí? –
– Intento ayudarla –

Jarriet rió y la alegría parecía espabilarlo del miedo.

– Allí ella está a salvo –

Pero la respuesta no era suficiente para calmar a Andy BlackHawk. Se proponía verlo por sus propios ojos.

– ¿No creerán que ingresarán conmigo, verdad? Yo he sido un traidor –

Andy refunfuñaba, puesto que todo era en vano y Jarriet reía sin consuelo. Mientras el Fantasma de Runfenir, por su parte, permanecía pensativo.

– Solo hay un modo –

Replicó Erabo, ante la incertidumbre de ambos muchachos. Incluso el rostro del corcel asimilaba a duda, puesto que sentía la presencia del hombre, pero en la noche y con sus prendas negras era imposible dar con él.

– Ambos han sido secuestrados por mí, así que huirán a la muralla gritando que han escapado del Fantasma de Runfenir que les mantenía cautivos –

– ¿También le sustrajimos su corcel? –

Preguntó Andy, y Erabo asintió.

– Es decir que dos niños escapan del temible Fantasma de Runfenir ilesos? –
– Jamás nos creerán –
– Lo haremos creible –
– De tal palo tal astilla, acabaremos colgados en la mañana –
– ¡Eso nunca! Yo soy Andy BlackHawk –

Y el silencio volvió entre ellos, después de todo no habían suficientes alternativas.

Así, ambos muchachos escaparon hacia el Rigor Lejano montando el corcel y en la distancia el Fantasma de Runfenir efectuó un disparo para alarmar el ambiente.

– ¿Qué ha sido eso? –

Exclamó un vaquero desde la muralla.
Sin embargo no recibió respuesta alguna. Puesto que repentinamente la mayoría de los Sheriff se halaban ausentes.

– ¡A prisa! –

Gritaba Andy, y Jarriet azotaba al corcel para conseguir mayor proximidad.

– ¡Esperen! ¡Quietos! –

Gritó el vaquero desde la muralla, que al alertar la llegada de los intrusos apuntó su rifle. Jarriet no logró proseguir el teatro bajo la puntería del hombre, y Andy respondió al instante.

– ¡Hemos escapado! ¡El Fantasma de Runfenir nos había capturado! –
– ¿F… Fantasma? –

Replicó el guardia, al filo de los nervios.

– Abre las puertas, se lo suplico señor –

El Sheriff dudaba, sin embargo nuevos disparos tronaron momentos después y apresurado descendió de la muralla.

– ¡Abran la maldita puerta! –

Gritaba ante la incertidumbre de los muchachos.

– ¿Dónde han ido todos? –

Al voltearse el vaquero contemplo un numeroso agrupamiento de aldeanos en el ingreso a la Taberna.

– Apresúrese Señor o acabaremos muertos –

Repetía Andy y, sin embargo, Erabo contemplaba a los jóvenes ignorados. Temiendo que el plan saliese mal, marchó al frente.

– S… S.. ¡Se aproxima! –

Tartamudeaba Jarriet, desconociendo como acabó actuando también en la mentira.

Numerosos disparos se oyeron de pronto. Algunos replicaban contra el muro.

– ¡AGGGHH! –

Gritaba Andy, ante la inseguridad del vaquero que finalmente acabó creyendo y gritó sobre la muralla:

– ¡Nos Atacan! –

Andy sonrió paulatinamente, pero luego millares de hombres comenzaron a emerger de las murallas al tiempo que las puertas se entornaban.
Todos y cada uno apuntaban sus rifles al punto de mira visible.

– ¡Lo logramos Andy! –

Susurró Jarriet, sin embargo la mirada expectante del muchacho se alarmó al oír como los rifles abrían fuego sobre el impostor.

Andy BlackHawk negaba de forma inconsciente, Erabo estaba al alcance de millares de proyectiles.

– N… No –

Gimió Andy al ver el fusilamiento.

Tantos disparos se efectuaron que el mismísimo polvillo comenzó a levitar, conformando una nubosidad en la noche.

Lo habían conseguido, estaban en el interior del Rigor Lejano. Tras desmontar el corcel, Andy y Jarriet se sintieron atraídos por la expectación del público hacia una tienda.
Montones de hombres y mujeres, incluido Don Canet parecían como hipnotizados por alguna especie de show que se ofrecía esa noche.

– Inaudito… –

Murmuraba una mujer, sin voltear la mirada.

En la Colmena de Drill, los bandidos victoriosos festejaban y engullían lo que quedaba del borrego legendario. Todos yacían contentos, alimentados y sin sed alguna. Ante sus alegrías, el silencio devino como el final de un temporal que agita al mundo entero.
Un jinete aguardaba al fondo, observando el triunfo.
Wes’Har, quién siquiera sentía estímulo alguno por la victoria, avanzó unos pasos delante del resto. Y, de pronto, el jinete desmontó, se quitó el sombrero y gritó:

– ¿Dónde está mi Helen? –
– Los preparativos están hechos. En la mañana atacaremos Rigor Lejano –
– ¿Mañana? No, ¡ahora mismo! –

En un abrir y cerrar de ojos, todos y cada uno de los demonios olvidaron el festival, tomaron sus armas de fuego y marcharon en busca de un corcel. Incluso Wes aparecía junto a Jor’Mont, mientras mordía una espiga.

– Hoy la recuperaremos y derrotaremos a Don Canet –
– ¡SIII! –

Gritaron los vaqueros. Y aquellos alaridos se mezclaron de tal manera que en otro lugar se producían ánimos similares. En la Aldea de los Sheriff, al final, Jarriet y Andy superaron a los aldeanos y, olvidando temporalmente como estuviese Erabo, contemplaron al frente a una espléndida joven bailando sobre un escenario con una vestimenta muy exótica.  
Helen DeathTrick era la diversión de la multitud.

¿Podrán, Jarriet y Andy, rescatar a Helen? ¿Será este el fin del Fantasma de Runfenir? ¿Se gestará la invasión al Rigor Lejano, después de todo?