“…Ante la contienda final de la existencia, ante la llegada de lo desconocido, el fuego interior del aliento resolvía no deshacerse…”

El Druida de las Arcanas Laderas de Triviltor.

La reliquia de Geón le había sido extraída y como el ninja temía, ahora estaba en peligrosas manos. Se encontraba en poder del místico que forjara la ira irremediable en Nozepul, aquél que poseía el misticismo hipnótico de Velnor y hasta parecería hacerse pasar por él.

La Aldea de Triviltor se encontraba bajo asedio. Quizás el Vidente, Cron, lo hubiera vaticinado con anterioridad, sin embargo el resto del consejo estaba aterrado. Aunque unieran sus fuerzas en un fin en común, advirtieron el peligro inminente. Las técnicas que poseían eran de protección y no controlarían al destructor elemental durante mucho tiempo.

En ausencia del Ninja, Geón, el druida, se cuestionaba si intervenir o no. Mientras la intensa duda le presionaba.

¿Dónde se hallaba el Ninja en un momento crucial como ese?

En el resto de la Aldea, los guardianes exploraban la localización del malvado Velnor, al tiempo que un numeroso grupo de individuos avanzaba hacia el sitio más inhóspito. Habían sido atraídos por las noticias de un guardián, según el cual había advertido movimiento en el horizonte del más libre campo de Triviltor. El Área de iniciación.

A pedido del mensajero, ahora Capitán sustituto de las tropas defensivas, los guardianes y cazadores se dividirían las tareas para proteger a los últimos herederos del misticismo y hallar al culpable de los acontecimientos más siniestros superados.

Corta era la distancia de las bifurcaciones centrales de la Aldea, donde las chozas aún yacían bajo el yugo de las llamas, una extensión amplia de terreno, liberada de obstáculos naturales se humedecía por la tormenta. Se trataba de una plataforma de fango.
Al centro de ella, una figura se confundía con la noche, mientras un luminoso resplandor preponderaba de entre sus manos.

– ¿Lo habrías predicho a tal punto, Cron? La reliquia finalmente acabaría en mis manos, como el destino deparaba. –

Tras alzar el yelmo de diamante, el centelleo fue tal que libraba una lucha contra la mismísima oscuridad. Por momentos, toda el área distribuida por la selva se tornaba tan clara que confundía el anochecer con el amanecer.

– ¡Allí está! –

Exclamó un cazador en la incursión. Todos los hombres próximos a este contemplaron el deslumbrante rayo místico delante de sus rostros.

– ¡Detente! –
El luminoso yelmo estaba a punto de posarse sobre su cabeza. El temible enemigo se encontraba al centro del área que solía utilizarse para los rituales de iniciación.

– Es demasiado tarde. Nada puede entorpecer la eventualidad. Y esta pacífica Aldea, será el origen de la destrucción. ¡Todos temblarán al conocer las raíces más profundas de Triviltor! –

– ¡Lanzas! –

Entre los relucientes arbustos una sombra se movilizaba, tan ágil que apenas era perceptible ante los cambios visuales.

Los cazadores arrojaban sus lanzas de filo óseo al intruso. Aquél individuo que se encontraba erigiendo un radiante fulgor espacial.

El objetivo era común para todos. Era imposible que los adiestrados guerreros fallaran.

Sin embargo, repentinamente una amplia barricada de cuero se formalizó delante del místico. Incluso una porción de las ráfagas de luz se hallaban entorpecidas por aquél muro.

– ¿Qué rayos es eso? –
– ¿Alguna clase de conjuro? –

Las lanzas apenas perforaban el paredón, pero no alcanzaban su objetivo. A pocos centímetros, el rostro del místico sonreía maliciosamente mientras el Yelmo de diamante se encontraba próximo a soltarse sobre su cabello.

– ¡Debemos superar ese grueso lienzo! –

Los individuos, sin más rodeos, desplegaron hachas de mano desde sus cinturones y atacaban la protección del místico. Cuando la barrera comenzaba a rasgarse por sus insaciables ataques, pero demasiado tarde se notaron desarmados ante Velnor que procuraba soltar el yelmo sobre su cráneo.
Los guardianes, que superaban a los cazadores, enfundaban los escudos, detrás de sus espaldas, y con ambas manos empuñaban sus espadas.

– ¡Guardia de Triviltor! –

Anunció uno, y el resto gritó al unísono un alarido de guerra que provocaba un temblor sonoro.

– ¡UhGahSy! –

Ante la remanente alegría del místico, los guardianes eran demasiado lentos. Pero tan pronto la luz mística volvía a discernirse en el frente de batalla, Velnor alertó una sombría figura abalanzarse sobre los arbustos, que portaba una ilustrada vaina.

Los zumbidos al aire no tardaron en ser audibles por los cazadores. Quiénes al alertar al ninja a sus espaldas, se cuestionaban si se trataba de una amenaza o un milagro.

Las pulidas Shakken se abrían camino ante el fulgor lumínico y, en un intento desesperado, Velnor se volteó de espaldas. Segundos más tarde las cuchillas le acertaron por detrás.

– ¡GUAH! –

La sangre salpicaba delante de los guardianes. El Yelmo de diamante giraba sobre el lodo. Velnor escondía su ira, murmurando:

– D… DEMONIO DE YAHANDÁ –

Los guardianes tomaban posiciones, rodeando al místico. Esgrimían sus espadones, le apuntaban a su endeble cuerpo. No pretendían permitirle escapar, siquiera ofrecerle respiro alguno.

Los oscuros iris de Velnor observaban fijamente la reliquia.
Con solo esquivar un corte, el yelmo estaría nuevamente a su alcance.

– Rodear su cuello –

Gritó el primer cazador en ignorar la presencia del Ninja a pocos pasos de él.

Como numerosas agujas, acortaban el paso de su delgado cuello. Velnor no tenía más escapes, sin embargo, sus manos aún yacían libres.

Rugidos resonaron en la laberíntica selva. Los cazadores alzaron el ceño y el Ninja murmuró:

– El poder de un místico recae en sus manos, no en sus labios –

– ¡Rebanarle sus manos! –

Gritó el cazador y una sonrisa se abría paso en el rostro de Velnor, a pesar que los sables apuntasen a su sobrio aliento.

– Ya es demasiado tarde –

Implacables rugidos de felinos se acercaban desde la naturaleza, a una velocidad abismal.

– A los árboles –

Exclamó el Ninja, y sin dudarlo, la mayor parte de los cazadores le siguieron en tal decisión. Mientras que los guardianes se encontraban sin posibilidad de imaginarlo, siquiera. Tan pronto como alertaron un número  inverosímil de felinos llegar desde la selva, se unificaron desenfundando sus escudos.

– Espalda con espalda –
– ¡Muro de escudos! –

Velnor estaba libre, y los cazadores que se habían negado a seguir las palabras de su natural enemigo, el ninja, corrían contra el adversario místico.

– ¡Solo venciendo a la raíz de la maldad, superaremos la tragedia! –

A su paso, los seis cazadores más resueltos y valientes recuperaban sus hachas, cubiertas de lodo, y se abalanzaban hacia el opresor. Pero éste se volteaba tomando el yelmo de diamante, y tan pronto las hachas estaban por rebanarlo, sus iris se tornaron totalmente negros.

– ¡Háganlo! –

Gritó uno de los guardianes, quién desesperado contemplaba como los felinos se avecinaban por doquier, y de forma incesante se relamían ante las presas.

– E… Estamos muertos –

Los cazadores, inmóviles, rechinaban sus dientes. Uno, entre los más experimentados exclamaba:

– M… Mi mente… M… Mi cuerpo… No puedo… ¡GNNN!! –

La sonrisa maliciosa se ampliaba sin revuelos, nuevamente, en el rostro de Velnor. De pronto los seis fornidos combatientes se volteaban en busca de los arbustos.

Las panteras, incluso, ignoraban sus presencias y más bien rodeaban a los guardianes.

– ¿Qué diablos está sucediendo? –

Gritó uno de los cazadores, sobre los arbustos.

Los seis restantes enfundaban las hachas en sus cinturones y con sus rostros severos avanzaban lentamente. Tras aproximarse a la barrera de cuero, recuperaron sus jabalinas.

– ¡Son nuestros hermanos! No podemos asesinarlos –
– Si alguien no lo hace. ¡Ellos nos vencerán! –

– Yo lo haré –

Murmuró el Ninja, desenvainando su sable.

– D… Demonio –

Al descender un enorme roble, el Sombra avanzaba a paso lento. Delante de sus pasos, los cazadores hipnotizados se abalanzaban, a medida lanzaban alaridos de ira.

Y ante la mirada del resto, la batalla iniciaba.

Los dos primeros en llegar atacaban desde lo alto y, esquivándolos, el ninja salta sobre sus armas. Tras superarlos, uno cargaba hacia el frente. Haciendo uso de su sable bloquea el filo del hacha.
Luego, tan pronto avizora a espaldas del tercero, alerta a dos a los lados y el del centro arrojando una jabalina. Mientras que los primeros, feroces, como bestias, regresan en busca del oponente.

Luego de liberar su resplandeciente sable hacia el cielo, sus botas le ayudan a deslizarse de forma tenue sobre el barrial. Más tarde, esquiva el arpón que asesta al tercer cazador en el hombro. Ágiles sus manos sobresalen desde su cintura y libera sus shakken por delante. Una perfora la frente de un atacante, mientras el otro la bloquea con la mínima suerte.

El lanzador de la jabalina retrocede para conseguir otra, mientras los cazadores que aguardan su turno optan por intervenir.

A tiempo, el sable regresa girando desde las alturas. El ninja lo empuña, mientras su restante mano toma otro Shakken.

Un cazador se aproxima a su izquierda, el otro a su derecha y, por detrás, el sobreviviente salta cargando el hacha con ambas manos. Sus pies trotan encima del cuerpo atravesado por el arpón, para conseguir un impulso mayor.

A la velocidad de la luz, Lance bloquea el ataque cortante por la izquierda, luego y con una patada, separa del resto al agresor que se avecina por la derecha. Antes que el lanzador recoja una nueva jabalina, le derrota con una Shakken y el grito del atacante restante le despierta.

El hacha estaba a punto de hundirse por sobre su espalda. Pero con un movimiento ágil, el ninja envaina y el oponente se desploma con un cruento corte en el tórax.

El último cazador se recupera de la patada. Y cuando buscaba contra atacar, el sombrío Ninja ya aguardaba detrás de su espalda.

Los guardianes contemplaban como un despampanante relámpago azotaba desde los cielos y la figura del Demonio de Yahandá derrotaba al que quedaba en pie.

Una ola de viento, de pronto, les empuja. Los guardianes advierten un fulminante resplandor. Velnor se ha calzado el Yelmo de Diamante sobre su rostro.

– ¡Estamos acabados! –

Lance se encamina hacia el frente, cuando de pronto, los acechantes felinos olfatean su presencia e intentan derribarlo.

Rápidamente el espadachín, acrecienta su velocidad mientras lanza cortes con su sable de un lado a otro. A poco se asemejaba a una danza mística, puesto que sus pasos comenzaban a ascender y, de un momento a otro, saltaba por encima de innumerables y filosas garras. Al finalizar su audaz movimiento, Lance se detiene sobre el muro de escudos de los guardianes y se abre paso hacia donde se hallaba el oponente místico.

– ¡Resistan! –

Exclama uno con orgullo, al ver que determinante el ilusorio enemigo, ahora buscaba salvarles la vida.

Sin siquiera recuperar el aliento, Velnor hundía sus manos en el fango debajo de sus pies. Dibujaba una figura mientras murmuraba palabras incomprensibles:

– Robij Virrabum as lan Karge at –

Los rastros formaban huecos ante el resplandor del yelmo de diamante.

Tras un fulminante relámpago, Lance avanzaba sobre la plataforma de escudos. Mientras los felinos comenzaban a atravesar el muro.

Los cazadores, colgados, de los arbustos admiraban la batalla. Tan pronto uno gritó, animando al resto:

– Por años hemos cuestionado al Clan Sombra, y hoy uno de ellos está aquí. Está tratando de liberarnos del mal. ¡Llénense de audacia hermanos y conserven el honor de proteger a Triviltor! –

Cuando los guerreros se soltaban de los brazos de la naturaleza, se decidían a ponerse en peligro y luchar contra toda extinción aparente.
Conforme avanzaban sobre la tierra húmeda, bajo latigazos destellantes, recuperaban sus armas para enfrentar a los temidos felinos.

Lance, a espaldas del sangriento combate se avecinaba hacia Velnor empuñando su sable.

– Has anticipado concretar tu ritual, pero has olvidado protegerte –
– ¡Es demasiado tarde ya! Vivirás con la culpa de… ¡TSK! –

El sable se abrió paso por la túnica del místico, a medida que Lance posaba sus pies sobre el esplendor latente en el terreno.

– GNN… –

Velnor sonreía mientras calzaba su mano en el filo.

– T… Tu demonio. Has favorecido el ritual con la sangre inocente –
– I… Imposible –

Tan pronto el cuerpo de Velnor sucumbía, y su sangre se esparcía entre los huecos del fango, el Yelmo se desplazaba fuera de su cabeza.

Un rayo azotaba el horizonte, transparentando un Ser detrás de Velnor. El que sostenía la reliquia, aunque su cuerpo fuera imaginario.

– Y aún peor. Tú… Estás en el ritual –

Tan pronto Lance advertía el brillo preponderar bajo sus botas, arrojó Shakkens al frente, que solo parecían desvanecer ante alguna clase de vapor corporal.
La espada resplandeciente se clavaba fuera de la figura circular.

– Ni tu propio Maestro, Cent, podrá modificar el porvenir. Y Relthas despertará del sueño ante una influencia que desconoces. Tus amigos serán tus enemigos y no es más que poco de lo que se aproxima, Lance, Demonio de Yahandá –

La figura gaseosa que sostenía el Yelmo murmuraba tales palabras, ante la estremecedora mirada del Ninja.
Quién solía ocultarse entre las tinieblas, ahora era completamente iluminado por el ritual concreto.

Los guardianes y cazadores de Triviltor anticipaban la victoria. Velnor había muerto y las bestias eran derrotadas por sus luchas insaciables y sus deseos de sobrevivir.

La cruenta e injusta batalla no hacía más que iniciar, mientras una maliciosa sonrisa se grababa en brillo del Yelmo de Diamante.

¿No era Velnor el enemigo después de todo?
¿Se trataba solo de una marioneta?
¿Qué pasará, ahora que Lance yace en el ritual demoníaco?

El desenlace podía ser abrumador. Y cerca de allí, en la Aldea de Triviltor, Geón se hallaba ante la disyuntiva de participar en la batalla mística del consejo frente a Nozepul, o investigar hacia donde se dirigiera Lance.

Temía que sin la reliquia, sus conjuros no fuesen suficientes para vencer la ola de destrucción del mago, pero asimismo reconocía que el consejo se encontraba en apuros.

Era inevitable, debía detener al conjurador elemental y luego reunir fuerzas para recuperar su reliquia.
Haciéndose de valor, salió de entre los arbustos y fue interceptado por el mensajero, Capitán sustituto de las tropas defensivas.

– Muchacho, detente –

El druida planeaba transformarse para llegar al sitio de la batalla, antes de ser atrapado. Pero la suerte estuvo de su lado, cuando un guardián llegaba del área de iniciación.

– ¡Noticias Capitán! –
– Aguarden todos –

El hombre detuvo a sus soldados, quiénes se preparaban para atacar a Geón, con tal de bloquear su avance.

– Habla –
– Velnor ha muerto… Un Demonio de Yahandá nos ha salvado… Pero –
–  ¿Un Demonio? –

El hombre, fatigado, asentía. Sin recuperar el aliento, proseguía el discurso.

– Pero… Haciendo uso de la reliquia ha iniciado un ritual –

El breve discurso llegaba a oídos del muchacho, quién temía lo peor. Sin embargo ya estaba próximo a la batalla mística. Debía detener a Nozepul, como fuera posible.

Para estupefacción de todos, las noticias venideras solo incentivaron el odio. A la escucha de Nozepul fue suficiente con la muerte de Velnor para estallar de ira. Tal fue el impacto, que todos los hechizos fueron abolidos. Apenas Reorich mantenía un aura de rejuvenecimiento, pero el impulso de Nozepul desgarró con todo a su paso.

A medida los conjuros se desvanecían, el único que lograba confundirlo era el ilusionista, Dante. Pero el terror desmedido destruyó el ciclo.
Tan pronto como Nozepul recitó unas palabras, su técnica de búsqueda le ayudó a despertar del sueño de la victoria.

Un rastro bermellón se tatuaba en su frente.

– ¡Brin Garán Storfe! –

Un espiral luminoso llegaba desde el cielo y, volteando la mirada, el mago alertó al ilusionista a su espalda.

Ahora se hallaba frente a todos. Quiénes le observaban aterrorizados, mientras Hore denotaba cierta fascinación.
Los iris del mago volvían a irradiar fuego, su capucha se realzaba y, por fuerza mayor, la tormenta había cesado.

Nozepul ignoraba a los presentes. Sus ojos se dirigían al nuevo llegado.
Ambos poseían tatuajes en sus frentes.

El consejo demoraba en comprender que un místico se avecinaba, por detrás.

El Druida de las Arcanas Laderas de Triviltor planeaba intervenir ante la ira de Nozepul.