“…En tiempos peligrosos, cualquier buen corazón alimenta a la esperanza…”

De última Voluntad

La situación engorrosa en el buque de guerra perteneciente a Lind. El Capitán Shal’Kas había logrado misteriosamente la salida de la tormenta hacia el Mar Fantasmal, con un saldo desesperado.
Los bancos de neblina se esparcían, las mareas se tornaban calmadas y siniestros errantes escalaban popa. Si bien los jóvenes temían dichas presencias, un extraño cambio en el Almirante les brindaba la confianza suficiente para hacer frente al fatídico destino.

De pronto, los inexpertos marineros se habían convertido en osados aventureros y una confusa alegría residía en ellos.

Shal’Kas les había nombrado como: Piratas…

Por otra parte, Romir había logrado despertar la esperanza en su hija de persistir con su vida. Pero al alertar la llegada de más transeúntes en una abertura formada en las mazmorras, él optó por buscar la manera de sellar el avance del agua.

De esta manera obligó a Azul a retirarse a los aposentos, quién sumida en una inmensa tristeza se encontró con Erión. Éste, antiguo consejero del Cráneo Negro, al notar agua en la escalera que descendía al pasillo hacia las mazmorras, y al ver los ropajes húmedos de la doncella se internó buscando respuestas.

Y por sobre todo, no menos importante, temía que los jóvenes estuvieran poseídos por el Mar Fantasmal. Mientras que él y Romir podían estar exentos de tal tragedia.

El ruido tembloroso de la quilla, formada por láminas de roble y los gastados pernos resonaba haciendo eco entre las laderas más oscuras del casco. El agua se abría paso, humedeciendo todo y tornando dificultoso el pasaje.
A poco el ambiente se convertía en inhóspito, las inmensas cajas de provisiones flotaban intercediendo el paso hacia lo desconocido.

Erión tambaleaba sosteniendo su equilibrio contra los murales.

– ¿Romir? ¿Te encuentras aquí? –

Exclamó el viejo consejero, casi perdiendo la paciencia.

El recorrido líquido audible era imponente y la superficie se tornaba engorrosa a los pies del anciano.

– ¿Romir? –

Repitió con eufemismo y su voz hacía eco en el vacío.

En la alcoba, Azul se abalanzó de pronto hacia la puerta, escapando de la comodidad del lecho y unas extrañas frases de desconocidos idiomas llegaban desde fuera.
Similares eran las que se lograban oír de camino a las mazmorras, a través del pasillo.

– ¡Res Glot Har! –

Al acercarse hacia la cubierta, la princesa descubrió el sonido incesante de la colisión de los filos.
Su mirada canalizaba la batalla campal que se generaba sobre el galeón, a medida que avanzaba hacia lo inexplicable en mar abierto.
Perpleja, a poco, perdía la respiración cuando dos feroces estallidos resonaron e hicieron tronar el sitio. Acto seguido, se produjeron impactos llameantes en la distancia.

Ante la sanguinaria lucha y sin descanso, la dama retrocedió y cuando buscaba ocultarse de los invasores fue captada por la gélida mirada de Shal’Kas.

– ¡Virar a estribor y repetir el lanzamiento! –

Gritó de pronto, haciéndole creer que no había logrado avistarla.

– Jasnoth, Jasnoth, Jasnoth –

Se oía de fondo, entre las macabras presencias de los muertos vivientes.

Y temerosa, ella, volvió la mirada hacia su padre. Era como si quisiera conseguir asistencia de éste. Pero tardíamente recordaba su última voluntad.

En el frío y húmedo pasadizo, Erión logró contemplar el fin de su esperanza.
Romir luchaba por clausurar el curso impertinente del mar, mientras figuras siniestras se arrinconaban por encima de una puerta partida en dos.

– Ro… Romir… No es posible –

– Lo sé –

Respondió él con un gran vacío emocional.

– No hay forma que sobrevivamos… –

Añadió pateando el agua, que a poco le llegaba hasta los tobillos.

– Si… Claro que la hay, podemos… Solo tenemos que sellar esto. Y, aún mas importante, no informar a los jóvenes –

– Ellos… Ellos ya se encuentran en guerra –

– ¿Qué has dicho? –

Gritó el anciano perdiendo la cordura. Y su compañero no tuvo que responder, que el despliegue de los cañones le aclaró la situación.

– Los muertos ya están sobre cubierta –
– Maldición –

Replicó el viejo Rey, rechinando los dientes.

– Ven, ayúdame. Si podemos detener este pasaje será un dilema menor –
– ¿No me has oído, a caso? ¿Siquiera has oído hacia fuera? La guerra ha comenzado hace tiempo –

– ¡Por esa misma razón! Debemos detener su avance o acabaremos bajo agua –
– ¡Estamos en su territorio! –

– ¡No! No me daré por vencido. Simplemente no puedo aceptarlo. Márchate, huye, si nada puedes hacer para modificar el destino –

Replicó con malestar el hombre y, con sus débiles fuerzas, apilaba las cajas de provisiones para formar un mural contra la presión del mar.

Erión vaciló con retirarse, pero sabía que el panorama a su espalda era aún peor. Ante tal temor, optó por asistirle sin mediar respuesta alguna. Tomó las provisiones que flotaban en torno a él y las arrastró sin esfuerzo.

– ¿Qué haces? Vete y corre por tu vida –
– ¿Correr? ¿Hacia dónde? Yo no tengo fe. Pero procurare no arruinar la tuya, hasta que tus propios ojos contemplen lo que yo ya he visto –
– ¿Qué puede ser tan terrible? –

El constante recorrido del agua parecía avasallar el muro de provisiones, y más cantidad de figuras demacradas se estacionaban en la prisión líquida.

– ¡Maldita sea! –
– Empujemos –

Y, ante los nervios de Romir, por el inestable panorama Erión se adelantó y presionó su cuerpo contra el desarticulado mural.

– Esto es peligroso buen Romir. La presión puede arrojar estos pesados objetos sobre nosotros –

El padre de Azul se volteó y, contemplando el pasadizo, murmuró:

– Resiste, tengo una idea –
– ¿Cómo crees? ¿A caso no eras tú el que se encargaría de esto? –
– ¡Aguarda! En un momento estaré contigo –

Salpicando charcos, el anciano corrió hacia donde se hallaba su hija y, antes de subir por los escalones, manoteó una extensa cadena.

– ¡Romir!! –

Gritaba el otro, desde el fondo.

Tras forcejear el lazo de hierro, resonó por entre las gradas y el estruendo fue tal que atrajo la atención de Azul sobre el lecho.

Enrollado el mismo, Romir regresó hacia las aguas y, a su espalda apareció su hija.

– ¿Padre? ¿Has sido tú? –

El hombre se detuvo un momento, pero no se giró a verla. Sabía que de hacerlo perdería la voluntad.

– Pensé que te había perdido –

– Aún no… Pero quizás, no por mucho –

– Ven conmigo, te lo imploro –

El padre negaba mientras veía a Erión apoyarse en las gavetas, al borde de la locura. Extremidades sobresalían de entre el vacío.

– Tú crees que… –

– Escucha Azul. Quizás no sobrevivamos a esto, y si no ves mas alternativa quiero que… –

– ¡Ni lo digas! –

– Promételo, por todos los Dioses –

– ¡Romir! La fuerza está a punto de aplastarme –

– ¡Voy! –

Y ya, ignorando la presencia de su hija, el hombre corrió hacia el camarada y enlazó la cadena entre los cubos.

– ¡Padre! –

Gimió Azul.

– ¿Padre? –

Murmuró Erión, a regañadientes.

– ¡Vete! –

Replicó Romir. Siquiera esperó algún juramento de su parte. Mucho menos decidió voltearse para ver como la tristeza se apoderaba de ella. Y, entre lágrimas, la princesa se marcho murmurando para sí misma:

– Lo prometo –

Romir atajó las puntas de las cadenas en dos cavidades del casco y, sin darse cuenta, Erión yacía atrapado entre la unión de los eslabones y los obstáculos.

– Maldita sea… –

– Así que Padre…  ¿Quién eres tú Romir? –

– Quien era… –

Antes que pudiese comprender dichas palabras, la presión de las cajas cargaron su cintura contra la cadena.

– GGHH…Qué es est… –
– ¡Aguarda! Te ayudaré –

Romir intentó zafar una de las puntas, pero la presión era insostenible.

– ¡Espera! ¡No! ¡Regresa! –

El hombre alcanzó a desligar la cadena del hueco y regresó para empujar el muro.

– Escucha Erión. Esto no resistirá mucho más. Regresa a los aposentos, y sella la escalera –
– P… Pero tú –
– Protege a mi hija, como sea –

Erión asintió y la fuerza cayó finalmente sobre el Rey Romir, quién apoyaba su espalda contra el pesado muro. Y aunque la presión era violenta, le permitió tiempo suficiente a su camarada para huir.

¿Podrán todos salvarse tras el sacrificio de Romir? ¿Detendrá esto el avance imponente del mar? ¿Cómo acabará la guerra sobre el buque, al mando de Shal’Kas?