“…Ni los métodos mas rudimentarios eran capaces…”

Costumbres Antiguas contra Modernas y Anormales

La batalla final en la montaña de Jacor estaba por iniciar, entre tres lados opuestos.

Andy BlackHawk con su escopeta de doble caño y la tecnología a su favor…

Zarek, portando las legendarias hachas del Líder de los Nórdicos….

Y por último el siniestro pistolero, Érabo…
– Dietrick, Fabric. Preparados para la turbulencia –
– Enterado –

Los rugidos del Nórdico se abrían paso desde la caverna y los hombres a su lado apuntaban las armas de fuego.

El zumbido de los disparos resonaban procedentes de ambas direcciones y el guerrero saltó arrojando los filos a sus laterales. Éstos, de pronto, perforaron la tierra y formalizaron avalanchas de escombros a espalda de los individuos.

Tras aquél brinco, el pistolero se cubrió con su capa y se desvaneció. Mientras que BlackHawk evadió el disparo de su Maestro con un ágil movimiento de lado. Repentinamente éste se detuvo debajo del Nórdico y apuntó su arma de fuego hacia su cabeza y Zarek, únicamente, podía caer sobre Andy.

– Mala idea desligarte de tus armas –
– Grrr… –

De repente una silueta se conformaba junto al rostro del mercenario, a medida que la capa se esparcía.

– Andy… Andy… –

– ¿Uh? –

Maestro y discípulo cruzaron las miradas inesperadamente, a corta distancia.
Por su parte, Zarek retornaba desde las alturas planeando agarrar a ambos hombres con sus propias manos.

Los ojos de BlackHawk se desviaron a último momento y con su mano libre tomó un explosivo de su cinturón, al tiempo que un revólver giraba delante de sus ojos y Érabo alzaba su restante mano empuñando una corta y delgada cuchilla.

El Nórdico se dirigía hacia un destino peor y, repentinamente, un estallido provocó una nube de gas. La misma rápidamente cubrió el área cegando a los presentes.

Un filo apareció de un momento a otro delante de su vida y, sin dudarlo, Zarek lo palmeó con ambas manos para girar su curso.

Al posar los pies en tierra firme, un repetitivo sonido deambulaba entre los alrededores.

A simple vista no podía divisar a sus oponentes y aguardó en su sitio.

¡Bip! ¡Bip!
¡Crick! ¡Crick!

Sintiéndose presa fácil ante la visual grisácea, el guerrero cerró sus ojos procurando oír los pasos en el ambiente.
A los ojos de BlackHawk, sus gafas de aviador activaron un sistema térmico que le ayudó a concebir al guerrero frente a éste. Pero para su sorpresa Érabo no estaba en su rango de visión. Ni siquiera un rastro de calor le asimilaba en los alrededores.

Sin dudarlo apresuró el paso y apuntó su carabina hacia la presa mas sencilla.

Los pasos se oía como un ligero trote que iba aumentando gradualmente, a medida se acercaba. Tal motivo procuraba pisotones mas fuertes.
Zarek abrió sus ojos a un lado y registró la figura de BlackHawk conformándose a través del velo.

– Te lo advertí Andy. Tu tecnología sería ineficaz contra mi –

Leves zancadas se notaron a espaldas del guerrero, pero su prioridad era detener al decidido atacante.

– No comprendo como lo haces Maestro, pero esto acabará aquí –

El arma de fuego dispuesta por BlackHawk, el mercenario, se dirigió al frente, y a punto de tronar su disparo, el hombre sintió una potencia tironear del caño. Zarek le había alcanzado y, tardíamente, las muestras de calor se constataban ante el visor del hombre.

– N… No es posible –

El Nórdico se dirigía a atraparlo, pero repentinamente un nuevo movimiento ágil le tomó por sorpresa. El fusil se hallaba entre sus manos cuando, sin siquiera constatarlo al tacto, le fue arrebatado. Los pasos se movilizaban en diferentes direcciones y, aunque la nube comenzaba a disiparse, Zarek volvió a cerrar los ojos para concentrarse.

De repente Andy se detuvo haciendo una mueca de agrado. Se encontraba a espaldas del Nórdico, a punto de descargar la escopeta en su contra. Pero un revólver se detuvo detrás de su nuca, frotando el propio cabello del hombre.

– Gnnn… No es posible –
– Claro que lo es, Andy –
– ¿En que momento tú? –
– A penas me he movido y tus largas andadas te han hecho olvidar el espacio en el que te sitúas –
– Ciertamente –

Desde la colina, Fabric alertó, incluso traspasando la nieve, las muestras de calor en su mirilla.

– ¿Qué está sucediendo Maestro? –

Exclamó Dietrick y, ante la concentración de su compañero, optó por avanzar hacia la línea de batalla, mientras desligaba una cuerda de hierro desde uno de sus cinturones.

– No pude verte, Érabo –
– Nunca podrías. Ambos eligieron un mal sitio para hallarme –
– Yo si te veo –
– ¿Qué? –

De repente Zarek alzó a BlackHawk del cuello y con su restante mano intentó alcanzar al otro tirador.

– GKK… –

– Te lo dije Andy, ahora estás en problemas –
– ¡Ven aquí! –
– Plan B en marcha –

Replicó Dietrick avanzando hacia la zona.

– Es hora de abrirnos paso –

Murmuró Fabric y tocando una secuencia de dígitos en su rifle logró modificar el cilindro del mismo. Tras ampliarse su boca disparó, sin mesura.

– Impacto en dos segundos –
– Aguarde Maestro, estoy en camino –

Respondió Dietrick por la radio y una sonrisa se amplió en el rostro de BlackHawk.

Las voces atraparon la atención del Nórdico, quién de pronto desvío la mirada al oír la estallido lejano.

El mercenario arrastró una mano por su cinturón y soltó su escopeta.

– Grr… –

Érabo se fundió nuevamente con su capa, como si vaticinara el devenir.

Mientras tanto, en la cabaña, Ellis y Bera intentaban calmar a un enfurecido Semnurd, quién aún no concebía la muerte de Othar.

– Mi Maestro Daju me enseñó que la muerte en vano de un Ser querido es peor que caer en la venganza –

– ¡Son la misma cosa hermano! Todo te lleva al mismo círculo –

– ¡No! Tú no lo entiendes. ¡Aparta! –

– No te dejaré ir a morir, Sem –

– ¡No fallaré en esta ocasión! –

De pronto la detonación lejana alcanzó sus oídos y, temiendo lo peor, Bera sucumbió al suelo, entretanto Ellis la apoyaba. Semnurd, no lo dudó, se dirigió hacia fuera y atravesó la abertura en la pared.

– Hermano ¡¡No!! –
– ¡Por Othar! –

Replicó él y ante sus ojos advirtió como el estruendoso proyectil estallaba.
La tormenta era irrefrenable y tras desplegarse el banco de nieve, conformado por la colisión del disparo en tierra firme, logró divisar todo.

Una hendidura en la caverna, donde las mareas de nevada descendían, y en el fondo estaban recostados Zarek junto a BlackHawk.

– ¡Solo dos flechas bastarán como certeras! –

Murmuró Sem cargando su arco y apuntando hacia la gran fosa. Dietrick, al frente, advirtió al individuo y enfocó su revólver buscando represalias ante el acontecer.

¿Podrá Zarek sobrevivir a tal batalla? ¿A dónde ha ido Érabo?