Capítulo 12 – El Porvenir de los ojos de Erion

por | Abr 9, 2018 | Crónica Originaria: La Gran Inmigración

“…La ira del buen corazón puede ser, incluso, más peligrosa que el peor enemigo conocido…”

El Porvenir de los ojos de Erion

El amanecer relucía en el Imperio. Las labores cotidianas yacían suspendidas. Todo y cada soldado, de la Guardia Imperial, enfrentaba una invasión en el muro Norte. Asimismo, el Mariscal, en el Gran Torreón, contemplaba a los prisioneros y los muertos vivientes de ojos amarillentos abalanzarse sobre él. Siquiera podían alcanzarle por alguna fuerza superior.
Al Sur, una bestia luchaba contra Cent’Kas, atraída por algo inexplicable que Corey planeaba contar a la concubina. Sin embargo, el relato se vería interrumpido. El pequeño Erion jamás había bebido el brebaje que le ofrecieron, para conciliar el sueño, y escuchaba atentamente.
Ante un inoportuno comentario del chiquillo, Corey, el sanador del Imperio, perdió la cordura y liberó la magia que escondía.

Romir, el mayordomo y Cent’Kas se encontraban ocupados. Aún así, eso no impedía que alertaran el aura celestial que se abría paso desde el interior de la cabaña.

– ¿Es eso magia? –

Consultaba Romir y su mayordomo asentía desconcertado.

– Debo ir a por Lena… –

– ¡Aguarde Magistrado! En este momento, todo es peligroso –
– Quítame las manos de encima, Joseph –

Y en cuanto el mayordomo consintió, el valiente Romir se introdujo en la cabaña ante los efervescentes destellos que se aglomeraban desde los ojos del Elfo.
Eron gritaba, puesto que sentía como si quedara ciego ante el sorprendente resplandor.
Siquiera la concubina lograba dar paso alguno ante los celestiales y fulminantes destellos que ahondaban por doquier.

– ¿Lo ves Dorothea? ¡El sacrificio es necesario! –
– ¡Déjale ir! Él no tiene la culpa de los pecados de la humanidad –
– El Imperio crece y su ambición evoluciona. Nadie puede detenerlo. Y por ello… –
– La amenaza de las criaturas es una ventaja –

Gritaba el niño, y el Elfo asentía sonriente.

– Todo humano es una amenaza contra el mundo natural –
– ¿Qué ironía es esa Corey? Tu has alentado el caos –
– ¡No Dorothea! Te equivocas… –
– Estas dispuesto a utilizar la magia contra un pequeño e indefenso esclavo, y ¡no contra el verdadero enemigo! –
– ¿Corey qué estás haciendo? –

Replicó, de pronto, Romir consternado.

– No hay esperanza futura en sus decisiones, magistrado –
– ¿Y cómo lo sabes tú? –
– El Árbol de la vida me lo ha enseñado. La evolución mágica será macabra. Los reinos lucharan guerras sin final por ambición. La sombra inundará las corrientes marítimas hacia Feror, atormentando a mi propia raza. Los Demonios de Yahandá provocarán una invasión superior a esta y los Viriathros… –

– Calla Elfo. Tu puedes sospechar el futuro, pero no estás en nuestra piel para saber cómo lo afrontaremos –

Respondió el Noble, a pesar de la ceguera que la luz le inducía.

– Traeré la paz a los míos, así pierda la vida por ello –
– Pero ¿has visto, acaso, el futuro en ese niño? –
Contestaba Romir.

Y en cuanto le ha observado, lo ha soltado de forma repentina. Luego se desvaneció, sin dejar rastro.

– ¡No! ¡Dónde has ido Corey! –
– Se repondrá pronto, pero no por mucho… –

Respondió, ausentándose segundo tras segundo. Hasta que la luminosidad se extinguió por completo.

Romir sudaba, así fuera por el atentado en el exterior del hogar, y por lo que acababa de acontecer en su interior.

– Algo ha debido ver en ese niño –
Contestó la concubina y, de pronto, el mayordomo pateó la puerta e intervino.

– ¡Magistrado! ¿Se encuentra bien? –
– Si… Si tan solo logro… –

Con sutileza palmeaba los pómulos de Lena, intentando despertarla.

– Vuelve en ti, Lena. ¡Te lo suplico! –

Joseph y Dorothea se miraban, enfrentados, mientras sus magistrados luchaban uno por el otro.

– ¿Q… Qué ha sucedido? –

Clamaba Rultz, a medida recapacitaba.

– ¿Erion? ¿Te encuentras bien? –

Con la mirada fija en un cuadro, el niño asentía. En ella se contemplaba un muchacho sosteniendo la pata de un felino que cuadruplicaba el tamaño de su cuerpo.
Junto a la imagen se encontraba un delicado libro, cuya portada se refería a:

Los Elementos.

– ¿Erion? –

Insistía el rebelde al niño, que se encontraba con la mirada fija. Siquiera pestañeaba.
Un rugido acaparó su atención y, en cuanto ladeo el rostro hacia el mayordomo alertó como el campeón crepuscular luchaba contra algo incomprensible, de tamaño exorbitante.

– ¿Qué d… demonios es eso? –

Al instante, se puso de pie y buscó al Viriathro entre el desorden presente. La concubina y el mayordomo solo tenían ojos para ellos, mientras Romir buscaba el modo de recapacitar a su querida Lena.

– ¿Fab? ¿Fab? Debemos irnos de aquí. Y cuanto antes… –

Erion permanecía observando las ilustradas imágenes con asombro. Luego se detuvo al constatar que todos los niños poseían orejas puntiagudas y al advertir los adornos sobre una mesada, halló un gran árbol del tamaño de sus manos, hecho de madera y con piedras preciosas. Debajo del adorno poseía un delicado tallado. Al leerlo, murmuró:

– S… Sierras de Feror –

De repente, Lena volvió en sí. Romir lagrimeaba y, sin conservar un segundo más, le abrazó con fuerza.

– M… Mi Lady? –

Exclamó la concubina. Planeaba avanzar, pero el mayordomo se interponía en su paso.

– Aguarda allí –

Una lágrima cedía sobre el rostro de Dorothea. Sabía que era la única que no había bebido de los pocillos. Cualquier plan que hubiese armado el Elfo Corey, recaía también en su culpa.

De un momento a otro, Lena suspiró y se oyó un feroz impacto contra la cabaña. Cent’Kas se desplomaba sobre una enorme mesada, hasta arrancarle los soportes. La puerta de ingreso había desaparecido con su lanzamiento y el rugido resonaba con amplitud.

Lena, Romir, Rultz, Dorothea y Joseph se preocuparon súbitamente.

– Prepárate –

El mayordomo asintió y, con voluntad, desenvainó sus puñales. La concubina apareció a su lado, mientras abría sus afilados abanicos.

– Te ayudaré –

Ambos asintieron al unísono.

– A… Aguarden… E… Estoy bien –

Replicó Cent’Kas, a medida se ponía de pie. Pero los guardaespaldas se abalanzaron hacia el frente, superando la abertura.
El Demonio de Yahandá planeaba superarles y, al pasar junto al traumado Erion, le posó la mano en el hombro.

– Vuelve –

Oyó el niño y, soltando el adorno, consiguió volver a pestañear. Tras recuperar el aliento, descubrió que la mesada donde se posaba el árbvol artesanal había desaparecido. Al voltearse a su izquierda, contempló como los tres guerreros se lanzaban contra la bestia de los Pantanos de Suglia.

– Lena… Debemos irnos de aquí –
– Pero ¿Qué ha sucedido? ¿Dónde está Corey? –

Él bajó la mirada y ella contuvo la respiración.

– ¿Y… Y qué hay del que estaba herido? –
– No lo sé… Corey dijo que no vivi… –

Tosidos se sintieron desde el fondo y Rultz se alegró por la noticia.

– Me siento como si la Guardia Imperial hubiese caminado sobre mi durante horas –
– ¿Con armaduras y todo? –

Exclamó el rebelde.

– Si, así es –

Y ambos echaron a reír, a pesar del acontecer que sucedía a pasos de ellos.
Erion tomó el adorno del árbol, nuevamente, y corriendo sobre numerosos obstáculos abrazó a Fab. Luego le entregó aquél presente, que para las manos del Viriathro alcanzaba a completar su palma.

– ¿Q… Qué es esto? Sierras de Feror… –

Erion negaba, desconociéndolo. Quizás por el trauma había perdido la voz.

– ¿Aún no has podido hablar con ellos , Romir? –
– Quizás… ya todo este perdido. Si esa bestia llegó hasta aquí, es porque siguió los rastros de sangre del Viriathro –

Y Erion de pronto, corrió hacia el cuadro. El que anteriormente contemplaba y negó con soltura.
– ¿Q… Qué sucede chiquillo? ¿Por qué no hablas? –

Le seguía la mirada Lena, al tiempo que Romir se erguía y se dirigía hacia el paciente.

– De casualidad, ¿tu lideras la rebelión? –
– ¡Si! –

Gritó Rultz, mientras Fab negaba llanamente.

– El Líder se llama… Roños –
– Pero él no se encuentra aquí, asi que… –

Rultz asentía satisfecho y el Viriathro sudaba mares.

Un buen Líder se sacrifica por el resto y está dispuesto a lo que sea –

Exclamó el rebelde. Palabras que hubiera aprendido de Fab, cuando las expresó a Roños.

– Te escucho –

Respondió el Viriathro.

– Con todo lo que ha sucedido, probablemente el Imperio acabe persiguiéndonos. Verás, siempre fuimos atraídos por las historias pertenecientes al nuevo continente. Historias que provienen del padre de Lena… –
– Nuestro plan era, justamente, tomar los navíos y marcharnos hacia el Oeste. Que es la dirección que la Guardia Imperial toma a menudo –

– Oeste, navíos… Entiendo. Para eso requieres la voz de un noble dispuesto a conquistar –
– Podemos hacerlo por las buenas, con asistencia de los nobles, o retirarnos mientras sucede la invasión. Los Viriathros no tenemos permiso para marcharnos del Imperio –
– Ciertamente –

Romir sostenía su mentón con la mano, pensativo. Mientras Lena se aproximaba a Erion, y al observar la ilustración de cerca exclamó:

– Que bonito ilustraba… Corey… –

Erion negaba y, tomando el cuadro le apuntó a la oreja élfica. Allí ella comprendió, y el niño le manoteaba el vestido mientras señalaba hacia la batalla fuera del hogar. Sin embargo, el cuadro se soltó de las manos de Lena, al ver otro dónde se encontraba el anterior. Al tomarlo, vio al Elfo que, ya siendo un muchacho, navegaba junto a un marinero. Éste le señalaba hacia la tierra lejana, que se agrietaba en el horizonte.

– Pa… ¿Padre? –

Murmuró entre lágrimas y, al abrazar la ilustración, notó otra delante. En ella, dos pequeños aguardaban abrazados, mientras que por debajo de una puerta surgía un charco de sangre.

– E… Esto es… –

Luego de tomar la ilustración, advirtió otra que llevaba una A debajo. Se trataba de una niña con un largo vestido de color azul, detrás de una cómoda y que maquillaba su pálida piel.

Ju Ju Ju… Ja Ja Ja…

Oyó, de pronto, y, tras tambalear, se derrumbó sobre su sitio. A tiempo Romir advirtió el acontecer y corriendo míseros pasos la tomó en brazos.

-¡¿Lena?! –

La bella Lena…

– M… M… –
– ¿Lena? ¡¡Qué está sucediendo!! –

Fab hizo seña, con los ojos, a Rultz. Quién, al instante, también fue a asistir y Erion se quedó pálido. La doncella temblequeaba sobre el suelo, mientras la seda se rasgaba y su rostro de sufrimiento devenía.

– ¡¡¡¡COREY!!!! –

Gritó sin más, Romir. Y las risas proseguían con soltura, mientras ella gemía más y más.

Erion, confundido, al ver las ilustraciones por doquier, observó la nueva. Y allí contempló a una dama viendo al continente, sobre un buque que hondeaba una bandera pirata. Y, en la distancia, un Elfo sobre una barcaza le apuntaba con un arco y flecha.

¿A qué se debe esta magia en las ilustraciones que suscita a medida se toma una? ¿Plantearan algún acontecimiento futuro o son simplemente dibujos? ¿ Qué es lo que, de repente, se apropia de Lena?