“…Un paso en falso y un desenlace explosivo…”

BlackHawk interviene

 

La batalla había iniciado finalmente y los retadores desconocían que no se hallaban solos en la Montaña de Jacor. BlackHawk y Dietrick se acercaban desde el Sur junto a un muchacho que no parecía sufrir las bajas temperaturas. Estos parecían buscar el paradero del siniestro forajido, conocido como Érabo.

En el ínterin, Zarek alcanzó a enfrentar cara a cara al hombre que destruyera su hogar. Pero cuando se encontraba en la oportunidad de quitarle la vida, una temible técnica del pistolero dio un inesperado giro en los acontecimientos.

Ahora el Guerrero del Norte era quién se estaba en desventaja. Su oponente le apuntaba el revólver por la espalda.

En la distancia, el atardecer estaba a punto de oscurecer totalmente el paisaje. Los fríos vientos norteños congelaban, sin mesura, a todo ser vivo. Abrazados, Ellis y Semnurd, habían olvidado un detalle importante, el hecho de resguardarse de las heladas y, ante el hedor invernal, resolvieron proseguir la marcha.

Sem procuraba no tomar cartas respecto al asunto del Nórdico, imaginaba que habría sido lo bastante inteligente de marcharse. Añoraba preparar la fogata y sentir la cálida picazón, de nuevo, en sus durmientes manos. A penas podía llevar consigo el arco que se presentaba escarchado, incluso parecía asimilar una porción de su brazo derecho.
La tormenta de nieve era incesante, y sus pasos forzados eran demasiado lentos. Por momentos temía que el Nórdico tuviese razón y que su hermana se encontrara en grave peligro.

Si bien la tez de Ellis era normalmente pálida no parecía inferir tanta debilidad, como su compañero, por las gélidas brisas.

Superando el bosque devastado, en la cabaña que poco a poco se desmembraba por las aberturas sufridas, Bera aguardaba el fin del duelo a su espalda.

Zarek no tenía oportunidad alguna de vencer sin sus hombreras. Una vez más todo se esclarecía delante de sus ojos y no era momento de resignarse a aceptar el destino. Tras haber avizorado a Relthas sentía el deber hacia su gente. Interiormente renegaba, implorando que su presa no se alejara lo suficiente para acabar con el forajido y marchar hacia ella.

¡CRICK!

– Este es tu fin –

Exclamó Érabo con voz afónica. Sus dedos estaban a punto de descargar un disparo al frente, cuando repentinamente un zumbido lejano resonó.

El forajido ladeó el rostro hacia las colinas que diversificaban el paisaje concurrido por la nieve.
Tardíamente alertó la ráfaga en una de las laderas y se desvaneció haciendo uso de su capa.

El disparo asestó en la pared de madera y la dama gimió atemorizada.

Sin comprender tales sucesos, el Nórdico se puso de pie y observaba con detalle los alrededores, al tiempo que alzaba sus hachas al aire y consecuentemente volvía a tomarlas.

Dos nuevos disparos se produjeron hacia la nada, y dando una voltereta en el aire, Érabo presenció una leve fosa entre la nieve. Sin mediar razón, siquiera, se dirigió hacia el sitio y Zarek contempló la presencia. Al tiempo que ignoraba al que intentaba dar con su contrincante, espoleó sus hachas y se encamino hacia el mismo lugar.

En el interior de la caverna la noche era mas clara, Érabo suspiraba al tiempo que cargaba sus revólveres.

– ¿Has dado con él? –
– No lo hallé en el sistema de visión térmica –
– Parece que tampoco se encuentra solo –

De una colina el pálido muchacho esperaba el movimiento en la zona y apuntaba su rifle hacia el Norte.

Cerca de él, Dietrick asentía y BlackHawk descorchaba una bebida. Tras beber de forma abundante la entregó a su compañera y marchó solitariamente al frente.

– ¿Hacia dónde te diriges? –
– Aguarden aquí y no duden en beber, esta noche será bastante fría –
– Pero.. –
– Debo ir por Érabo yo solo –
– ¡Maestro BlackHawk! –
– Experimenten con sus ojos y no le pierdan de vista –

En la caverna el goteo era sutil ante las inmediaciones nevadas.

– Aún no comprendes –

Murmuró el hombre por lo bajo, en algún lugar de la penumbra.

Zarek se adentró sin miedo a nada. Aunque no viese nada con facilidad, el resto de sus sentidos le permitían percibir cualquier amenaza.

El destello de los disparos en mala dirección podía ofrecer una tumba segura para el forajido, y el Nórdico ya conocía su técnica con la capa como para enfrentarla en una segunda ocasión.

– ¿Qué sucede que no hablas tortuga? –

Gruñendo, convencido que si le respondía el pistolero le hallaría, hizo caso omiso. De repente oyó las armas de fuego siendo enfundadas y un filo siendo desenvainado.

– La noche helada se acerca… Y en cuanto te halles desprevenido asesinaré a esa mujer –

Sin dejar de temer por la seguridad de Bera, el guerrero del Norte resolvió retroceder. Sabía que, después de todo, la única opción de su enemigo era salir por dónde había ingresado, o la tormenta de nieve acabaría sepultándolo por completo.

Sin más, regresó sus pasos y le dio la espalda al enemigo.

– ¡Iluso! ¿Un Nórdico que se marcha de su destino? –

Al salir hacia la intemperie Zarek replicó:

– Solo hay un camino de regreso, y mi hacha te aguardará con paciencia –

Aunque no lo viese en la penumbra, el guerrero imaginaba a Érabo a regañadientes. No tenía demasiadas oportunidades en aquél lugar.

Tras retomar el camino hacia la cabaña, dicho hombre advirtió el descenso de la nieve azotar sus alrededores. La noche se avecinaba y la perspectiva era desoladora.
Deteniéndose frente a la abertura del hogar sintió pasos en las cercanías y luego de voltearse apuntó el hacha al frente, mientras la otra aguardaba hacia el suelo.

Para su sorpresa una escopeta de doble caño se encontraba a pocos centímetros de él.

– Tenía entendido que tu civilización se había extinguido –

Murmuró el sonriente mercenario, al tiempo que peinaba su cabellera hacia atrás.

La desconfianza hacia una nueva amenaza le incitó a Zarek a alzar su restante hacha, en vías a arrojarla. Pero los dedos del nuevo visitante frotaron el gatillo a punto de descargar un reluciente estallido.

– No te lo aconsejo… A esta distancia solo ensuciaremos la naturaleza. Y desde luego olvida vivir para contarlo –

– Grrr… –

– Sé que no pertenezco a este ámbito, pero te propongo un trato –

La tormenta suspiraba movilizando su rojiza barba, Zarek no soltaba, siquiera, la firmeza de sus manos en torno a los filos.

– Te retirarás lentamente hacia la cabaña y me permitirás encargarme del asuntillo en la cueva… –

El Nórdico rechinó los dientes y de repente un zumbido estalló desde lejos e impactó a pasos de él.

– Como lo ves… Así sobrevivieras, no me encuentro solo –

Sin voltear la mirada por nada en el mundo, el hombre comprendía interiormente que no tendría oportunidad ante el panorama.
BlackHawk, de pronto alzó el dedo índice asegurando una señal inexplicable a sus compañeros.

– Si das un paso al frente morirás, te aconsejo no perder la oportunidad que te he otorgado –
– El es mío… –
– Lo lamento, pero en esta ocasión la recompensa será mía. Ahora si me disculpas… –

El misterioso hombre activó un circuito en una esfera de metal y plástico. Luego la arrojó al interior de la caverna y segundos mas tarde presionó un dispositivo en sus gafas para más tarde ingresar a las profundidades.

¿Que decisión tomará Zarek ante la situación repentina? ¿Será éste el fin de Érabo ante el misterioso BlackHawk?