“…Las miradas del Treón se cernían sobre los Reinos…”

La Estrategia de Arlont

Al próximo Este de Daghol, y superando el Sur de la Montaña de Jacor, además del cruce del río Anfrén debajo de las Tierras Baldías de Denfir, las bastas y fértiles tierras de Ingub ofrecen una división por territorios. Éstos, controlados por Reinos fortificados, sumidos por una guerra política y geográfica. Así encontrábamos…

Al Norte estaba Inzerat, cuyo Rey, Orlandir, planeaba ambiciosamente controlar los castillos restantes. Se decía que sus murallas eran impenetrables y protegidas por un General de guerra del que se decía, por sobretodo, era el terror de sus oponentes. Rento el Indomable

“…Se trataba más de una bestia que un propio Ser Humano…”

Así se decía entre las filas de guardias que protegían uno de los reinos enemigos, que al Centro-Este de Ingub se les conocía como los Guardianes de Brind.

El emperador de éste era el apaciguo Romir. Dirigía el orden desde el castillo central del extenso territorio. Además se trataba de la fortificación mas amplia, poderosa y antigua. Aunque su enemistad con Inzerat y Treón avanzara en creces, tenía un lazo familiar muy estrecho con Lind, al Sur de Ingub.

De políticas pacificadoras, a diferencia del resto, el Rey Romir defendía a los débiles, no aceptaba la esclavitud, a diferencia de su contra parte Orlandir, y por si fuese poco ofrecía amplias oportunidades a sus habitantes. Sin embargo aunque defendiera las intrusiones enemigas en su territorio, no tomaba cartas en el asunto.
Ostentando un poderío militar mayor, su hijo, el príncipe Greko era apoyado por todo el pueblo, puesto que se creía que, siendo un reconocido campeón en el ejército, ofrecería un futuro mejor para el Reino de Brind.

Llegado el momento de discordia mas potente, del pueblo hacia el trono de Brind, Greko accede al poder suponiendo desterrar a su padre. Puesto que su presencia era un insulto hacia sus seguidores. En dicha guerra civil, el reino de Lind es invadido por las fuerzas de Treón. Y aunque los lazos diplomáticos de Romir eran leales, él y su hija, la princesa Azul, son alejados del reino, llegando finalmente al punto de desconocer el resultado de la guerra entre Treón y Lind.
En el último instinto protector, el Rey desterrado ocupa un buque perteneciente al reino violentado y escapa junto a la princesa por el Mar Agreste hacia el Sur-Este.
Aunque algunas filas de espadachines eran capaces de acompañarlo y prestarle servicio contra las ideas de Greko, Romir les hizo jurar lealtad a su hija y los instó a permanecer en el continente, desapercibidos.

Los rumores sobre la huída de Romir y su hija no tardaron en llegar. Para mantener su reino, Greko controló mas a su reino y tomó represalias respecto a las invasiones de los restantes dominios.
Su ejército era enorme, cada día los hijos varones se dedicaban al entrenamiento y la forja de armas. E incluso los esclavos, que escapaban de otras ciudadelas encontraban futuro en dicha labor, para así tomar venganza por sus antiguos dueños.
En mayor medida la ira era cargada hacia Inzerat, y Arlont del Reino de Treón solía contratar mercenarios para crear distintas problemáticas, que a futuro facilitaran una invasión. Tal así, fue el caso en Lind.

Sus murallas en forma de paredones escondían significantes métodos y planificaciones. En el Altar, a pocos metros, se extendía una tortuosa mesada donde los consejeros y generales dialogaban. El emperador, de resplandeciente calvicie, enrollaba la barba con sus dedos mientras observaba los cuestionarios hechos por los partícipes. Mas tarde dedicaba una mirada fija a la dilatada alfombra que llevaba hacias las escaleras de roca, fuera del gran salón.
Firmes, y a los lados, los guardianes protegían el ambiente, mientras los anticuados banderines de las hermandades, afines al Gobierno, se hondeaban de un lado a otro. Como si existiera una ínfima brisa en el oscuro parlamento. Las ventanas eran aberturas con hierro fundido que formaban diminutos tableros de escaque.

Tras entonarse el gigantesco portón que llevaba fuera del concilio, se oyeron las botas de cuero de dos mercenarios ingresar al ámbito.
Sus filos rozaban las vainas y sus delgadas corazas de hierro resonaban ante el frotar constante.

El Rey detuvo las conversaciones cercanas, tras alzar su mano derecha y contempló la llegada de los caballeros de piel pálida, largas y finas melenas, y orejas puntiagudas. Uno de cabello rubio asimilando al blanquecino, mientras el otro poseía una pigmentación gris oscura.

– Queridos Daju y Mich

Gimió Arlont y, al instante, los espadachines que resguardaban el pasaje se arrodillaron. El Rey se irguió de pie ante la presencia de los Elfos, al tiempo que su dorada capa de terciopelo se estiraba paulatinamente.

Los caballeros se miraron de reojo y sus rostros se deslizaron en dirección a la alfombra.

– Rey Arlont –

Replicó el primero de ellos, mientras su larga melena rubia cedía sobre su rostro.

El emperador tronó sus dedos y de pronto balbuceó:

– Normalmente no requiero de tus servicios, salvo en ocasiones especiales –

Ambos Elfos asintieron con seriedad.

– El Reino de Brind ha despojado a su Rey y a la princesa. Así han llegado los rumores. Esos que nunca demoran en llegar, dados los acontecimientos de la caída de Lind –

Sonrió ante la seriedad de los mercenarios.

Detrás de los guardias se presentaban miradas atentas, sumidos por el filo de la penumbra.

– Los ojos de Treón constatan todo lo que mis deseos cuestionen –

– ¿De qué se trata? –

Replicó Daju por lo bajo.

– La misión es simple para un acérrimo y prestigioso centinela como tú –

Ambos Elfos alzaron el rostro al unísono.

– Debes asesinarlos, sin importar el camino que ellos osen tomar para el exilio –

– ¿Es necesario? –

Interrumpió uno de los consejeros de la extensa mesada y agregó:

– Si han sido despojados del Gobierno, es una oportunidad exacta para efectuar la invasión –

El resto de los magistrados asintieron al instante.

– Antes de la invasión necesitamos incrementar la discordia entre Inzerat Y brind. Y una vez que la guerra estalle en dichos reinos podremos acabar, finalmente, con ambos –

Respondió Arlont con una mirada siniestra hacia los portones, los que llevaran a los restantes dominios.

Daju y Mich procedían a retirarse para iniciar su campaña, cuando de pronto Arlont aplaudió y los guardias cruzaron sus espadas, impidiendo el paso de los mercenarios.
Los Elfos se voltearon y sus delgadas manos tomaron sus filos envainados. El rubio atendió la moción del Rey.

– Mich se quedará –

– Pero… –

Contestó el elfo de cabello oscuro.

– Necesito un guardia especial, en caso que los planes no funcionen –

Los elfos se tomaron del brazo y se miraron de frente. Los dedos de uno sostenían el codo del otro, como un saludo que representaba la esencia de su amistad.

– Al parecer me perderé el entretenimiento. Prometo beber hidromel a tu nombre –

– Recuerda conservar un poco para mi –

Ambos sonrieron y, tras voltearse el centinela hacia los portones de hierro, los espadachines extrayeron sus filos. Luego de enfundar, Daju logró retirarse del concilio.

Al cierre del pasadizo, el Elfo se dirigió hacia la caballeriza para montar su potro. El mismo poseía una delgada armadura ligera, similar a la del centinela.

Aunque estaba anocheciendo el corcel relinchó repentinamente y Daju se marchó hacia el Este. Iniciando la búsqueda de sus objetivos, de camino hacia el Mar Agreste.

En el interior del Salón de Treón, el Rey se soltó sobre su trono y suspiró.

– ¡Muy bien! Comiencen –

Ante la expectativa de Mich los guardias se retiraban y la reunión de consejeros se levantaba. El Elfo alertaba la retirada general y aunque algunos espías se marcharan a proseguir con sus labores, otros ojos aún le observaban con cierto recelo.

A penas oyó al Líder de las tropas suspirar que murmuró:

– Parece que aún no beberemos hidromel –

– Procederemos con el plan prioritario –

– Pensé que quería que le proteja –

– Reclínate… Si bien tengo guardias suficientes, me he ganado este sitio por mis incontables victorias –

– ¿Entonces? –

El Rey Arlont se levantó y caminó de un lado a otro, mientras el mercenario no le perdía de vista.

– Sabes… –

– ¿Hmm? –

– Por más que enviara a algún soldado a incitar un nivel superior de enemistad entre Brind e Inzerat existe un problema –

Tras aquél comentario la brisa resopló ante los portones abiertos, haciendo levitar con delicadeza la capa de seda que colgaba desde los hombros del elfo.

– Orlandir tiene las murallas resguardadas por una leyenda –

– ¿Leyenda? –

– No han llegado más que rumores por aquí –

– ¿Y de qué tratan? –

– Le conocen como Rento. Un indomable guerrero que ha arruinado cada intención que he planeado –

– ¿Y quiere que le asesine? –

El Rey niega ante las miradas sorprendidas de los espías.

Tan espeluznantes,q eu asemejaban haber quedado paralizados ante tal noticia.

Ellos conocían bien a Rento, como para diagramar los versos macabros que lo caracterizaban.

– ¿Entonces? –

– Necesito que enfrente a Brind sin probabilidad alguna de victoria, por parte de los defensores. Cuando finalmente el débil hijo de Romir, el principe Greko se encuentre en desdicha, solicitará mi asistencia –

Mich asintió y se retiró tras hacer una reverencia. El Rey acabó gritando para enriquecer la despedida.

– Y cuando ambos reinos estén endebles, los invadiremos. Y toda Ingub será mía –

Al superar las puertas de hierro, Mich observó la noche y aún oía las últimas palabras tras su espalda.

– Llévate una legión de espadachines y úsalos a tu conveniencia –

Los portones se cerraron de pronto y un golpe de brisa acarició su melena. Haciendo un sutil crujido, el Elfo desenvainó la espada que parecía resplandecer ante las estrellas.

– El Legendario Rento –

Murmuró confiado y luego de producir dos ágiles cortes al frente, se retiró envainando. Los guardias alzaron el ceño tras su modesta acción y pasados los segundos dos líneas abrieron paso en el césped, finas aberturas producidas por sus certeros ataques.

– La legión mas novata acompáñenme. Tendremos una aventura a pedido de su Rey –

¿Novatos y el adiestrado Mich hacia Inzerat? ¿A caso quería reducir las pérdidas de Treón al llevarse a los nuevos reclutas? ¿Sería él suficiente para el Legendario Rento, General de Inzerat?